Y Cristo fue decapitado en el Líbano
«La amenaza que representan los musulmanes para los cristianos es muchísimo mayor que la que representan los judíos»

Figura de Cristo en el Líbano.
Estos días se han viralizado la imagen y algunos vídeos de un soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) en el sur del Líbano golpeando con un mazo o un hacha la cabeza de una talla de Cristo en una cruz derribada. El incidente ocurrió en Debel (o Debl), un pueblo cristiano maronita cerca de la frontera israelí, en el marco de las operaciones militares contra Hezbolá. Las imágenes se difundieron rápidamente, generando una ola de condenas en las redes sociales.
Muchos usuarios aprovecharon la oportunidad para denunciar lo que suponían un «anticristianismo» inherente al Estado de Israel, e incluso en los judíos en general. Se tuitearon versículos bíblicos o talmúdicos para demostrar esa hostilidad histórica, mientras activistas musulmanes afirmaban que los cristianos siempre han estado «mejor protegidos» bajo el Islam. Narrativa cínicamente happy flowers que ignora la drástica reducción de las comunidades cristianas en Oriente Medio y África del Norte en las últimas décadas, especialmente, por cierto, en el Líbano, donde los cristianos pasaron de ser mayoría a una minoría muy vulnerable.
Afortunadamente, la reacción israelí fue inmediata y firme. Las IDF, después de confirmar la autenticidad de las filmaciones, abrieron una investigación y anunciaron que ayudarían a la comunidad local a restaurar la estatua. El primer ministro Benjamin Netanyahu condenó el acto «en los términos más enérgicos», declarando que se había quedado «conmocionado y entristecido». Dijo que contradecía los valores judíos de tolerancia y ordenó una investigación penal con «medidas disciplinarias severas». El ministro de Exteriores, Gideon Saar, calificó el incidente de «grave y vergonzoso». Días después, dos soldados —el que dañó la figura y el que la grabó— fueron retirados del servicio de combate y condenados a 30 días de detención militar. Otros seis que estuvieron presentes y no intervinieron sufrieron también medidas disciplinarias. La propia IDF reemplazó la estatua en coordinación con los residentes de Debel, con tropas del Comando Norte participando en la recolocación. El jefe del Estado Mayor condenó el hecho como un «fallo moral» incompatible con los valores del ejército.
El episodio es lamentable y merecedor de condena. Pero, según relata un tuitero, no hubo ningún oprobio cuando el pasado diciembre en el barrio cristiano de Dora, en Beirut, unos islamistas destruyeron una estatua de Jesús porque les molestó que en la iglesia ¡se cantaran villancicos! La rapidez con que parte de las redes (y de ciertos sectores europeos) expresó su escándalo en el caso de Debel contrasta brutalmente con el silencio casi absoluto ante la persecución sistemática de cristianos en otros lugares donde las decapitaciones sí son reales. Según el Informe de la Lista Mundial de la Persecución 2026 de Open Doors, en el periodo auditado se registraron 4.849 cristianos asesinados por su fe en el mundo; 3.490 de ellos en Nigeria (más del 70 % del total). Grupos yihadistas como Boko Haram, ISWAP y militantes fulani islamistas atacan a las comunidades cristianas infligiendo degollaciones, quema de iglesias, secuestros masivos y desplazamientos forzados. Nigeria sigue siendo el epicentro global de esta violencia.
Seamos serios: la amenaza que representan los musulmanes para los cristianos es muchísimo mayor que la que representan los judíos. En el mundo musulmán, los cristianos han sido expulsados o reducidos a minorías oprimidas en países donde antaño fueron mayoritarios. El Líbano es un caso paradigmático: la presión demográfica, la guerra civil y el auge de los grupos islamistas aceleraron su éxodo. La dhimmitud histórica -estatus de «protegidos» de segunda clase con impuestos especiales y restricciones- es lo contrario a un paraíso de convivencia armónica. Y no olvidemos que, en Europa, incluida España, asistimos a un goteo de profanaciones de iglesias, vandalismo de imágenes y agresiones a sacerdotes por parte de los islamistas. Organismos como el Observatorio para la Libertad Religiosa han denunciado oleadas de ataques en meses recientes.
La restauración de la estatua y el castigo a los responsables demuestran que, incluso en guerra, hay líneas que no se cruzan sin consecuencias. Pero la verdadera ofensa a la inteligencia es la indignación selectiva. Un soldado aislado que daña una imagen merece condena y reprobación (y las recibió). Pero miles de cristianos decapitados o quemados vivos en Nigeria merecen, al menos, la misma atención mediática y moral que este Cristo golpeado y decapitado en efigie.