Bambi, encañonado
«Porque quizá Zapatero en un tiempo hizo maldades sin querer. Solo por justito. Pero las cosas cambiaron»

Ilustración generada con IA.
Parecía que solo era tonto. Cuando fungía de secretario general del PSOE (desde el 2000) se le veía como un líder joven, sonriente, de aspecto afable, inexperto y algo ingenuo o «blandito». Comparado con la dureza política del aznarato, le empezaron a llamar «Bambi». De hecho, la versión más extendida y repetida en los medios atribuye el mote a Alfonso Guerra. En mayo del 2004, el propio Guerra, en un acto de presentación de sus memorias, no lo negó del todo: «Alguno llegó a llamar a José Luis Rodríguez Zapatero Bambi, y me lo atribuyeron a mí. […], tal vez no se equivocaron, pero desde luego no ha resultado un Bambi de peluche; más bien parece de acero».
Que no era de peluche, ya lo fuimos viendo. Pero el acero es demasiado noble para quien ha resultado ser más falso que un duro sevillano. Se hizo con el poder en España gracias a unas bombas que estallaron en unos trenes de Atocha. No es ningún mérito, aunque él parecía sentirlo así. Y su imagen inicial «de talante y diálogo» se estropeó pronto con su tendencia a abrir tumbas, a cultivar el guerracivilismo y a pactar con ETA. Ah, y dar alas a los independentistas catalanes de tal manera que acabarían desencadenando el ignominioso procés.
Pero parecían seguir siendo el resultado de sus pocas luces algunas consideraciones suyas retarded, como cuando defendía como «intensa, sincera y muy positiva» su relación con Puigdemont. O cuando en la comisión de investigación del Senado sobre el caso Koldo respaldó a EH Bildu y a sus seguidores afirmando que «nunca [había] tenido ocasión de hacerlo en sede parlamentaria, [quería] reivindicar a Bildu y a sus votantes, a todos los que trabajaron por la paz». Esta declaración innoble ignoró el dolor de las víctimas de ETA, cuya disolución en 2011 no resolvió los más de 379 asesinatos sin autor conocido. Tengamos en cuenta que Bildu, sucesor ideológico de la banda terrorista, se niega aún a condenar sus crímenes, obstaculizando a la justicia. Pero un tonto puede hacer mucho daño por frivolidad y lemas aprendidos. No olvidemos cómo liberó a Iñaki de Juana Chaos, quien, tras 3.000 días en prisión por 25 asesinatos, fue excarcelado en 2008 bajo su Gobierno, mientras víctimas como las de Hipercor seguían clamando justicia. Quizá era simplemente vanidad y narcisismo. Theodor Dalrymple, médico e intelectual, aseguró una vez: «Debemos recordar que existen pocos placeres que superen a la promoción del entusiasmo moral propio a expensas de los demás».
Sí, ya lo dijo Carlo María Cipolla en su libro Allegro ma non troppo (Crítica): no hay nada peor que un malo tonto porque causa daño a los demás sin obtener con ello ningún beneficio e incluso perjudicándose a sí mismo. Porque quizá Zapatero en un tiempo hizo maldades sin querer. Solo por justito. Pero las cosas cambiaron. En algún momento, Bambi le dio a su famoso talante una vuelta de tuerca, se vino arriba y pensó que le sería fácil, por ser quien era, sacar tajada de ese entorno suyo de chavistas venezolanos y dictaduras asiáticas necesitadas de petróleo. Luego, se vio amparado por el poder de Sánchez (¿qué sacará el presidente de todo eso?) en un gobierno que ya era la casa de Tócame Roque. El tonto se volvió malo, pero siguió siendo tonto.
Y así hemos acabado. En su pantalla, el pequeño cérvido, en un bosque que podría ser perfectamente el del Monte del Pardo, mira compungido hacia el cañón de la escopeta de un tipo con un chaleco donde pone UDEF (qué coño es…). Unas lagrimitas asoman temblorosas en esas pupilas suyas, tan azules. No comprende cómo han podido cazarle.