The Objective
Luis Prados de la Escosura

El Mundial de los cromos

«El campeonato estará marcado previsiblemente por las inconveniencias y majaderías de Trump. Pobre del funcionario que trate de explicarle el fuera de juego»

Opinión
El Mundial de los cromos

Ilustración generada con IA.

Como prueba de que no hay fenómeno más global que el fútbol y que la FIFA tiene un poder de convocatoria y, sobre todo, de coacción, muy superior al de la ONU, el Mundial de 2026 cuenta con la participación de 48 selecciones, la mayor de la historia, que disputarán 104 partidos a lo largo de 40 días y 40 noches. Lo que supone también el álbum de cromos más inacabable —más de 980 estampillas— y más caro —más de mil euros cuesta completarlo— de todos los tiempos.

En México, Estados Unidos y Canadá, las tres sedes del Mundial, se citan los favoritos de siempre —Brasil, Argentina, Alemania, España, Francia, Inglaterra…—, una representación de la anglosfera como Australia y Nueva Zelanda, potencias en rugby pero irrelevantes en fútbol; los países del Golfo y Arabia Saudí —donde se celebrará el campeonato en 2034, que para esos son los nuevos amos del espectáculo— y un grupo que pertenece a eso que llaman el Sur Global, es decir, un ramillete de cleptocracias, Estados fallidos y dictaduras sangrientas.

Todo esto permitirá que el aficionado europeo insomne no solo aprenda geografía, sino que también pueda disfrutar en la madrugada de partidazos como el Bosnia-Herzegovina–Catar; Curazao-Costa de Marfil, Irán-Nueva Zelanda; Cabo Verde-Arabia Saudí; Irak-Noruega; Austria-Jordania o Congo DR-Uzbekistán.

Aquí y volviendo a los cromos, una advertencia a niños y padres. En el Mundial de Inglaterra de 1996, tras la humillante derrota de Italia frente a Corea del Norte, el seleccionador italiano se justificó diciendo que los rivales habían cambiado a los 11 jugadores en el descanso. Aquello no estuvo bien y, por tanto, no vale, si el álbum se pone difícil y el mazo de cromos alcanza ya una cuarta, rellenar Ghana con los repes de Senegal, Jordania con los de Irak, o Bosnia con los de Uzbekistán.

La guinda del Mundial la pondrá previsiblemente Trump con sus majaderías e inconveniencias —pobre del funcionario que trate de explicarle el fuera de juego— y las igualmente aseguradas polémicas arbitrales, quintuplicadas por el odioso VAR. Confiemos en que dos amigos y dos auténticas referencias morales, como el presidente de EEUU y el de la FIFA, el suizo Infantino, se abstengan al menos de querer cambiar las reglas del fútbol en el futuro.  

«Confiemos en que esas dos auténticas referencias morales, Trump e Infantini, se abstengan de cambiar las reglas del fútbol»

El partido inaugural enfrentará a México y Sudáfrica. Existe preocupación por la seguridad en el país norteamericano, pero los mexicanos, todos sin excepción, incluidos los sicarios, son muy nacionalistas y devotos unánimes del Tri. Así que tranquilos. Las dos naciones tienen más en común de lo que parece: en ambas un partido —el PRI y el Congreso Nacional Africano— creó el nuevo Estado, su índice de corrupción, según Transparencia Internacional, es parejo —ocupan los lugares 83 y 126, respectivamente, de una lista de 180 países—, y sus aficionados aportaron dos novedades al color de los estadios: la memez gregaria de la ola y el insoportable zumbido de la vuvuzela.

Que gane el mejor.

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