The Objective
Joaquín Leguina

¿Hacia dónde va Trump?

«El resultado de las elecciones parciales de noviembre en Estados Unidos será, casi sin escapatoria, un referéndum sobre su Administración»

Opinión
¿Hacia dónde va Trump?

Ilustración de Alejandra Svriz.

En Estados Unidos se renueva cada dos años la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y decenas de gobernaciones y legislaturas estatales, lo que convierte la política estadounidense en una campaña cuasi permanente.

«Por eso el país ya está sumido de lleno en la campaña para decidir si (Trump) podrá seguir gobernando con margen suficiente o si se topará con un bloqueo demócrata parcial —o total— en el Capitolio. La temporada de primarias, que atraviesa ahora su fase más intensa, es el primer gran filtro de ese proceso: ahí los partidos eligen candidatos, miden fuerzas internas y empiezan a dibujar qué tipo de elecciones pueden venir el próximo 3 de noviembre», ha escrito en El Confidencial el analista Lucas Proto.

Pese a sus errores, sus chapuzas y guerras, las primarias dentro del Partido Republicano han mostrado una gran lealtad a Trump, y los candidatos que se han opuesto públicamente al mandatario han sido señalados por él o simplemente no se les ha apoyado y han acabado defenestrados y sustituidos por aspirantes más alineados con él. Por ejemplo, el senador Bill Cassidy, uno de los pocos republicanos que votó para condenar a Trump tras el asalto al Capitolio en 2021, perdió su carrera en Luisiana. También cayó Thomas Massie, congresista por Kentucky y uno de los escasos conservadores dispuestos a desafiar abiertamente al presidente. En Texas, el presidente respaldó a Ken Paxton frente al senador John Cornyn, una figura clásica del aparato republicano que parecía intocable, pero que se atrevió a votar en contra de una de las legislaciones propuestas por Trump.

En el pasado, presidentes como Barack Obama o Joe Biden dieron margen a candidatos de distritos y Estados difíciles para marcar distancias con la Casa Blanca y sobrevivir políticamente. Para Trump, eso significaría poco menos que alta traición. El resultado es que noviembre será, casi sin escapatoria, un referéndum sobre su Administración.

Sin embargo, las encuestas muestran que la obligación de respaldar ferozmente al presidente para sobrevivir a las primarias puede ser el mayor problema republicano en noviembre. Las encuestas muestran de forma persistente que Trump es impopular fuera de su base, y unas elecciones no se ganan solo con el núcleo duro.

«El Partido Demócrata no pasa por sus mejores momentos, metido en una pelea interna por cómo se produjo la derrota de 2024»

A pesar de ese desgaste de Trump, tampoco el Partido Demócrata pasa por sus mejores momentos, metido como está en una pelea interna centrada en aclarar cómo se produjo la derrota de 2024. Una parte del partido cree que Harris perdió por aparecer demasiado inclinada a la izquierda en temas culturales y económicos. Otra sostiene exactamente lo contrario: que los demócratas desmovilizaron a su base intentando parecer moderados para no enfadar a los votantes que, en última instancia, ya iban a votar por Trump.

El pulso que se está librando Estado a Estado no tiene vencedores claros. En Maine, Graham Platner, un candidato a senador progresista y rodeado por la polémica se impuso a Janet Mills, la opción respaldada por la vieja guardia del partido. En Michigan parece estar ocurriendo lo contrario, con la moderada Haley Stevens ligeramente por delante en las encuestas de Abdul El-Sayed, el aspirante respaldado por el socialdemócrata Bernie Sanders.

Las elecciones estadounidenses de medio mandato también son una competición financiera. En varias carreras clave los candidatos demócratas han recaudado más que sus rivales republicanos. Hay interés, donantes pequeños y una base dispuesta a financiar campañas competitivas.

Si las próximas elecciones sirven para ver desaparecer a Trump de la política, bienvenidas sean.

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