The Objective
José María Calvo-Sotelo

Anticapitalistas al rescate del planeta

«El informe de Piketty afirma que no basta con descarbonizar para recuperar la ‘habitabilidad’ del planeta, sino que es necesario reconsiderar el modelo productivo»

Opinión
Anticapitalistas al rescate del planeta

Ilustración de Alejandra Svriz.

«Será mucho más fácil desmantelar el sistema capitalista que dejar de quemar combustibles fósiles». Con tanta desesperación se expresaba el historiador francés de la energía Jean-Baptiste Fressoz en su libro Sin transición (Arpa Editores, 2024), del que hicimos una reseña aquí el año pasado. Otro francés mucho más conocido, el economista Thomas Piketty, afirma, sin embargo, que puede hacer ambas cosas a la vez en lo que queda de siglo, y así lo expone en su Proyecto de Justicia Global: un plan por la igualdad y la prosperidad dentro de los límites planetarios, publicado el pasado 4 de junio. Sorprende la escasa repercusión mediática que ha tenido desde su publicación, teniendo en cuenta que los autores, junto con 45 colaboradores y unos 200 investigadores, han empleado casi dos años en sacarlo adelante.

¿Por qué entonces lo traemos a esta columna de hoy? Pues porque sus propuestas sobre cambio climático rompen con la corriente principal marcada por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC) y la Agencia Internacional de la Energía (AIE), y porque ponen en tela de juicio el modelo de «crecimiento verde» que propugna la Unión Europea.

En efecto, el informe de Piketty afirma que no basta con descarbonizar las fuentes de energía para recuperar la «habitabilidad» del planeta, sino que es necesario reconsiderar todo el modelo productivo actual para reducir las emisiones más rápidamente y, de paso, alcanzar los objetivos de igualdad y prosperidad compartida que su proyecto ambiciona. ¿Qué deberes nos pone Piketty? Tres, esencialmente. El primero: reducir nuestra demanda de bienes y servicios intensivos en energía y materias primas. ¡Comer menos carne y volar menos en avión! El segundo: reducir las horas trabajadas al año hasta las mil horas, porque todos los aumentos de productividad los dedicaremos a reducir la jornada laboral, no a ganar más dinero. Y el tercero: poner un tope a la renta per cápita de los países desarrollados —¡crecimiento cero para el Occidente rico!—, transfiriendo enormes sumas de dinero a los países en desarrollo hasta que los menos ricos nos den alcance.

No sorprenderá a nadie que la aplicación de estos tres «hachazos» al crecimiento y a la actividad económica tenga como resultado una potente reducción de emisiones. Según el informe, sus tres propuestas contribuirían a reducir nada menos que el 44% del total de emisiones para alcanzar la neutralidad climática. Pero ¡así cualquiera!, dirían los expertos de la AIE, que no se permiten el lujo de poner patas arriba la estructura económica mundial para sacar adelante su hoja de ruta de reducción de emisiones. Los autores del informe, inasequibles al desaliento, proponen unir fuerzas y aplicar conjuntamente sus medidas y las más «tradicionales» de la AIE para alcanzar la neutralidad climática más rápidamente.

Hay que reconocer a Piketty y a sus coautores el ingente esfuerzo que han llevado a cabo para ofrecernos un fondo de armario casi insondable de cifras, gráficos, modelos y escenarios futuros que dan soporte a sus conclusiones. En el caso que nos ocupa, el informe propone dos escenarios de crecimiento alternativos a su propuesta central, escenarios que no contemplan las medidas radicales antes referidas. Pero qué decepción cuando nos damos cuenta de que estos dos escenarios alternativos no son más que un remedo de los dos escenarios «oficiales» —los denominados SSP3-7.0 y SSP5-8.5— que el IPCC ha descartado hace apenas dos meses. Los ha descartado por pintar un 2100 inverosímil en sus niveles de emisiones y calentamiento global. Cuando en nuestra última columna llamábamos la atención sobre la caída en desgracia de ambos escenarios, no pensábamos encontrarnos tan pronto con un sesudo estudio que hubiera apostado todo a esas cartas. El informe de Piketty, después de dos largos años de trabajo, se ha quedado sin soporte científico nada más ver la luz, dead upon arrival. Todo por haber caído en la tentación de elegir, de entre el elenco de futuros posibles del IPCC, los dos escenarios más extremos. Porque cuanto peor pintan las alternativas, más se realza el valor de la propuesta que uno hace.

«La visión de Piketty de una sociedad suficiente, austera, igualitaria y próspera desmantela el régimen de libertades que caracteriza a nuestras democracias liberales»

Pero, puestos a buscarle fallas a este informe, la anterior no sería en ningún caso la más importante. Porque la visión de Piketty de una sociedad suficiente, austera, igualitaria y próspera desmantela el régimen de libertades que caracteriza a nuestras democracias liberales e instaura un régimen colectivista y dirigista —véase su Global Justice Fund— que promueve los valores de la sostenibilidad climática y de la igualdad social por encima de las libertades individuales. Con lo que, aunque enmendaran sus números y abandonaran sus escenarios descartados, todavía les quedaría por delante una tarea aún más ardua, a saber: cómo convencer al mundo rico —y al no tan rico— de que, además de dejar de quemar combustibles fósiles, deberá finiquitar nuestro sistema de libertades.

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