The Objective
Pilar Cernuda

Decisiones que no se entienden

«El patriotismo de Sánchez ha quedado retratado al intentar que Juanma Moreno no tenga más salida que pactar con Vox, opción que, dice, considera indeseable»

Opinión
Decisiones que no se entienden

Ilustración de Alejandra Svriz.

Se cabrean los sanchistas cada vez que alguien confiesa sus sospechas de que la llamada ley de nietos pretende utilizarla Sánchez para sumar votos a su causa. Los que deberían estar cabreados son los millones de españoles con razones más que suficientes para estar hartos del engaño sistemático de Sánchez, sus ministros y portavoces.

Mienten cuando aseguran que no sabían nada de la corrupción de referentes importantes de su partido, mienten cuando dicen que no conocían la existencia de Leire y acaban admitiendo que sabían de su existencia y, probablemente, también de sus andanzas. Descalificaron profesionalmente a los periodistas que llevan años aportando informaciones que eran absolutamente ciertas, y cada vez que un altísimo cargo aparecía en esas informaciones como presunto corrupto, no tardaban ni un minuto Sánchez y los sanchistas en proclamar su inocencia y denunciar las insidias contra las personas del círculo presidencial. 

María Jesús Montero debe tener las manos abrasadas tras gritar a los cuatro vientos que las ponía en el fuego por compañeros del partido. A esas manos chamuscadas se suma la devaluación de su palabra, porque a ver qué explicaciones da al hecho de que los tres presidentes de la SEPI nombrados por ella se encuentren imputados por un juez. No ha habido explicación más ridícula que la que ha hecho algún sanchista irredento que, en su obsesión por seguir al pie de la letra la instrucción de defender la inocencia de Zapatero, ha llegado a comentar que el expresidente ha sido imputado porque eso le permite comparecer ante el juez acompañado de su abogado. Lo que hay que oír: va a resultar que el juez imputador buscaba hacer un favor al expresidente de Gobierno pillado con joyones sin declarar en su caja fuerte; y era actor principal de una serie de andanzas internacionales que él llama asesoramiento y consultoría y que no acaban de encajar en lo que se llama asesoramiento y consultoría y se cobra con las facturas correspondientes.

Está el personal cabreado. De un lado y de otro. Y la cosa va a más.

Muchos pensamos que el juez Peinado empieza a mostrar signos de animadversión hacia Begoña Gómez, hasta el punto de que algunas de sus decisiones parecen tan desproporcionadas que hacen aparecer a Gómez como víctima, cuando la mujer del presidente tiene la obligación de aclarar asuntos muy oscuros. No ayuda el comportamiento de Begoña Gómez para sentir simpatía hacia ella, con esa solicitud de devolución del pasaporte durante cuatro días para asistir en Ankara a una cumbre de la OTAN y trasladarse después a Londres para la graduación de una de sus hijas.

Lo de la OTAN no tiene un pase: ha acudido a las cumbres en escasísimas ocasiones, cuando le apetecía. Se comprende mejor lo de la graduación de su hija, y si no justificara todo el viaje con la invitación que ha recibido, que es habitual, de rigor, y la explicación al juez de que estaría muy controlada por el equipo de seguridad de su marido, se podría comprender que Peinado le permitiera asistir a la graduación. Pero el asunto suena a maniobra para hacer aparecer al juez Peinado como un pertinaz perseguidor de sanchistas.

«No se comprende que ese PSOE tan preocupado por el futuro del país, no preste un par de votos a Juanma Moreno»

Vaya inicio de tiempos vacacionales para quienes puedan disfrutar de días de asueto. La clase política sufre una convulsión continua, que se traslada al porcentaje de españoles —cada vez menos— que se interesan y disgustan por una situación que preocupa y abochorna. De ahí que empiece a advertirse desinterés por asuntos que casi es mejor no conocer, porque avergüenzan.

Hay un aspecto de la política, más allá de la corrupción que afecta actualmente a muy destacados personajes del sanchismo, que no cuadra con la política coherente, sensata, que se supone a los partidos mayoritarios; los que cuentan con experiencia de gobierno y se mueven en la primera división, no en el aventurerismo que desgraciadamente conocemos bien. Es la posición del PSOE en Andalucía.

Si tan peligroso es Vox para España —partido, repito, por el que no siento la menor simpatía— y si, como dice el PSOE de Sánchez, hay que hacer lo imposible para bloquear su participación en cualquiera de las instituciones, no se comprende que ese PSOE tan preocupado por el futuro del país no preste un par de votos a Juanma Moreno, o un par de abstenciones para salvar a los andaluces de que un miembro de Vox forme parte de la Junta e imponga a Moreno alguna iniciativa indeseable.

Si María Jesús Montero o cualquier otro sanchista tuviera alguna posibilidad de gobernar si se celebraran nuevas elecciones en dos meses, aún podría entenderse, pero no es el caso. Ni en sus mejores sueños puede Sánchez barajar la idea de hacerse con el Gobierno andaluz. El patriotismo de Sánchez ha quedado perfectamente retratado al intentar que Juanma Moreno no tenga más salida que pactar con Vox, opción que Sánchez, dice, considera indeseable.

Aunque para infinidad de españoles, incluida esta periodista, mejor un gobierno de PP con Vox que un Gobierno sanchista aliado con un bloque de partidos de ultraizquierda que detestan a España y quienes se sienten muy españoles.

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