El alza de la vivienda reduce la oferta de camareros en la Feria de Sevilla
El mercado de la vivienda introduce un nuevo condicionante en la gestión de personal durante la Feria de Abril

Trabajadores en el Real de la feria. | María José López (Europa Press)
La cuenta atrás para la Feria de Abril vuelve a poner sobre la mesa un problema que el sector arrastra desde hace años. Encontrar camareros, cocineros o personal de apoyo para las casetas es cada vez más difícil. Esta primavera, además, ese déficit incorpora un factor que gana peso edición tras edición, el acceso a la vivienda.
El sector hostelero llega a la Feria con una sensación compartida de recuperación incompleta. La demanda de empleo vinculada a estos días se ha disparado en los últimos años —con incrementos superiores al 50% respecto a otras épocas—, pero esa necesidad no se traduce en contrataciones efectivas. Fuentes del sector coinciden en que no hay suficientes trabajadores disponibles para cubrir todos los puestos.
Se perpetúa la falta de mano de obra
Hasta ahora, la explicación más repetida apuntaba a un cambio en el mercado laboral. Parte de los profesionales que encontraban en la Feria un ingreso atractivo han abandonado la hostelería en favor de sectores como la logística, con condiciones más estables. Pero ese argumento empieza a quedarse corto.
A medida que se acerca la tradicional noche del «pescaíto», el foco se desplaza hacia otro elemento que condiciona cada vez más la actividad: el coste de vivir en la ciudad, especialmente en las zonas próximas al recinto ferial.
La vivienda, nuevo factor clave
En barrios como Los Remedios, Triana o el entorno del centro, los precios del alquiler han escalado hasta niveles que dificultan cualquier estancia temporal. Según datos recientes del mercado inmobiliario consultados por THE OBJECTIVE, el precio medio supera ya los 1.100 euros mensuales, en una ciudad donde los salarios medios apenas rebasan esa cifra.
A esta presión se suma el auge de los pisos turísticos, que ha reducido la oferta de alquiler residencial, especialmente en las zonas con mayor demanda durante la Feria. Sevilla, de hecho, se mantiene entre las ciudades con mayor número de alojamientos turísticos irregulares detectados en España, un fenómeno que contribuye a tensionar aún más el mercado.
El efecto es directo. La Feria requiere una elevada concentración de mano de obra durante una semana, pero los trabajadores que podrían cubrir esa demanda encuentran cada vez más dificultades para alojarse en condiciones asumibles. Muchos de ellos, que en años anteriores se instalaban temporalmente cerca del Real, ahora optan por desplazarse desde otros puntos o, directamente, rechazan el trabajo.
Buena parte de esta mano de obra no reside en Sevilla de forma habitual, sino que se desplaza desde otras provincias o municipios para trabajar durante la semana de Feria, lo que hace imprescindible contar con un alojamiento temporal viable.
Según ha sabido este medio, empresas de catering y responsables de casetas reconocen que este factor está empezando a condicionar la contratación. No es solo una cuestión de atraer profesionales, sino de garantizar que puedan permanecer en la ciudad durante esos días sin que el alojamiento se convierta en un problema añadido.
Menos personal, menos ingresos
Las consecuencias se perciben antes incluso del inicio de la Feria. Algunas casetas afrontan estos días con plantillas incompletas o con equipos menos experimentados, lo que repercute en la calidad del servicio. La menor disponibilidad de personal también limita la capacidad operativa en momentos de máxima afluencia.
Las asociaciones del sector llevan semanas advirtiendo de este escenario. Empresarios de hostelería y titulares de casetas anticipan una nueva caída de ingresos, en un contexto marcado por el aumento de costes y la dificultad para cubrir puestos clave.
La inflación presiona al sector
La inflación también llega al albero. La subida de los precios de alimentos y bebidas, en línea con el encarecimiento generalizado del coste de la vida, obliga a los hosteleros a ajustar márgenes o trasladar parte de ese incremento al consumidor. Según estimaciones de las asociaciones del sector, los precios en las casetas subirán entre un 8% y un 10% este año.
La combinación de mayores costes y menor capacidad de servicio dibuja un contexto en el que el crecimiento de la actividad no está asegurado. Y esto preocupa. El encarecimiento no solo afecta a la rentabilidad de las casetas, sino también al comportamiento del público, en una edición que se prevé más contenida en el gasto.
Un problema que va más allá de la Feria
Lo que ocurre en el recinto ferial durante estos días responde a una tendencia que se repite en otras ciudades con fuerte presión turística. En destinos como Baleares, Málaga o Madrid, el sector hostelero lleva tiempo alertando de dificultades similares: la vivienda se encarece, el alquiler turístico gana peso y los trabajadores encuentran cada vez más obstáculos para residir cerca de sus puestos de trabajo.
Sevilla no es ajena a esta dinámica. El precio de la vivienda ha alcanzado máximos históricos en los últimos meses, con subidas cercanas al 9% anual, lo que presenta un escenario de creciente tensión en el acceso al alquiler.
Las iniciativas de formación impulsadas por empresas de recursos humanos o asociaciones del sector contribuyen a ampliar la base de candidatos, pero no resuelven el problema de fondo. Tampoco lo hacen las mejoras salariales, que, aunque han comenzado a producirse, siguen sin compensar el coste de la vivienda en determinadas zonas.
Más Feria para 2027
El debate cobra especial relevancia si se mira al futuro inmediato. El Ayuntamiento de la ciudad hispalense mantiene sus planes de ampliación del recinto ferial, con la previsión de incorporar nuevas casetas a partir de 2027. El crecimiento de la Feria implicará, necesariamente, un aumento de la demanda de trabajadores.
La inquietud entre farolillos está en si el mercado laboral será capaz de responder en un entorno que se torna hostil. La Feria de Abril continúa siendo un motor económico de la capital andaluza, pero empieza a sufrir por el propio estado del mercado.
