La periodista que comió con Mazón en la dana rompe con la comisión: «Ya está todo explicado»
PP y Vox cierran filas con Vilaplana y acusan a la izquierda de utilizarla como «munición política»

La periodista Maribel Vilaplana comparece ante la Comisión de Investigación sobre la dana | Marta Fernández / Europa Press
La comparecencia de la periodista Maribel Vilaplana en la comisión de investigación del Congreso sobre la gestión de la dana del 29 de octubre de 2024 terminó convertida este martes en un choque político de alta tensión entre izquierda y derecha, entre acusaciones de «linchamiento», reproches por el silencio mantenido durante meses y una idea que atravesó toda la sesión: el misterio de qué ocurrió exactamente durante las más de cuatro horas que Carlos Mazón pasó en el restaurante El Ventorro mientras la tragedia avanzaba en Valencia.
La periodista, cuyo nombre quedó ligado desde hace más de año y medio a aquella comida mantenida con el entonces presidente de la Generalitat el día de la catástrofe, se negó prácticamente a responder a las preguntas de los diputados y se aferró constantemente a la declaración que ya realizó ante la jueza de Catarroja. «Ya está todo explicado», repitió una y otra vez durante una comparecencia marcada por la tensión política y emocional.
Desde el inicio de la sesión, Vilaplana dejó claro que no pensaba alimentar nuevos titulares ni ofrecer interpretaciones adicionales sobre aquella tarde. «No tengo nada más que aportar», afirmó ante las reiteradas preguntas de diputados de Compromís, Podemos, PSOE y Sumar, que intentaron reconstruir qué ambiente se respiraba en la mesa mientras la situación en numerosos municipios valencianos comenzaba a deteriorarse gravemente.
La periodista insistió varias veces en que no tenía responsabilidades políticas ni participó en ninguna toma de decisiones durante la emergencia. «Yo no tenía ningún cargo político, ni lo tengo ahora. No participé en un sistema de emergencias ni participo ahora. No tomé ninguna decisión», sostuvo.
Sin embargo, los grupos de izquierda intentaron convertir la comparecencia en una pieza clave para cuestionar la actuación de Mazón durante aquellas horas. La diputada de Compromís Águeda Micó sostuvo que el expresidente valenciano utilizó a Vilaplana «como escudo» para tapar «sus vergüenzas y su falta de actuación», mientras el diputado de Podemos Javier Sánchez insistió en que la periodista era «testigo del comportamiento del presidente» en «una jornada que acabó con 230 valencianos muertos».
El Congreso revive horas incómodas de Mazón
Durante varios momentos de la sesión, los diputados intentaron arrancar a Vilaplana alguna valoración sobre el estado anímico de Mazón, si percibió preocupación en él o si el entonces presidente era plenamente consciente de la gravedad de lo que estaba ocurriendo fuera del restaurante. La respuesta fue siempre la misma: remitirse a su declaración judicial. «No han cambiado los hechos», repitió. «Yo no puedo inventar un nuevo relato».
Uno de los momentos más tensos llegó cuando desde Sumar se deslizó que el Partido Popular podría haber presionado a la periodista para guardar silencio. El diputado de Compromís Alberto Ibáñez llegó a advertirle de que el PP «no dudaría ni un momento en despedazarla» si su relato perjudicara a Mazón. Vilaplana respondió con una frase que dejó una de las imágenes políticas de la jornada: «Ya sé cuándo mi nombre sale para contar algo y sé cuándo mi nombre sale para tapar algo».
La comisión derivó así hacia un debate paralelo sobre el trato mediático y político recibido por la periodista desde que trascendió aquella comida. Tanto PP como Vox aprovecharon la comparecencia para denunciar una «campaña de acoso» contra Vilaplana y acusaron a la izquierda de utilizarla como «pieza de propaganda parlamentaria».
El diputado de Vox Ignacio Gil Lázaro cargó duramente contra PSOE, Compromís y Sumar, a quienes acusó de haber impulsado durante meses «un ejercicio de linchamiento» contra la periodista. «A usted la han convertido en una diana política cargada de insinuaciones machistas», afirmó el parlamentario, que vinculó la comparecencia con «una persecución partidista» contra Mazón.
El PP siguió una línea similar. La diputada Macarena Montesinos defendió que Vilaplana «no debería estar aquí» porque «no ocupaba ningún cargo político ni formaba parte de ningún operativo de emergencias». Además, acusó a la izquierda de practicar un «machismo institucional» por convertir a una mujer «en munición partidista».
La «normalidad» de El Ventorro
Frente a ello, PSOE y Sumar defendieron que la comparecencia era necesaria precisamente porque Vilaplana estuvo junto a Mazón durante unas horas clave para entender la gestión política de la dana. La socialista Mercedes Caballero sostuvo que el testimonio judicial de la periodista dibuja «una atmósfera de absoluta normalidad» mientras la tragedia avanzaba en numerosos municipios valencianos. «Mientras fuera comenzaban ya a producirse situaciones dramáticas, el señor Mazón no daba ningún atisbo de preocupación», afirmó.
Uno de los elementos más repetidos durante la sesión fue precisamente la aparente desconexión entre el ambiente descrito en la sobremesa y la gravedad creciente de la emergencia. Los diputados recordaron que, según la declaración judicial de Vilaplana, Mazón recibió numerosas llamadas y mensajes a partir de las cinco de la tarde, aunque ella aseguró no escuchar las conversaciones ni percibir nerviosismo especial en el entonces presidente valenciano.
La periodista también ratificó indirectamente otros elementos ya conocidos de su declaración judicial: la llegada de un sobre al restaurante para que Mazón firmara documentación, las llamadas telefónicas reiteradas o conversaciones posteriores sobre fútbol cuando abandonaban el restaurante. Todo ello, mientras la oposición insistió en cuestionar por qué el máximo responsable de la Generalitat no se incorporó antes al centro de coordinación de emergencias.
Pese a la presión de los grupos parlamentarios, Vilaplana mantuvo hasta el final la misma estrategia de silencio parcial y remisión constante a sede judicial. «He colaborado en todo y más de lo que he podido», defendió en varias ocasiones.
La comparecencia terminó dejando una sensación política evidente: más de un año después de la dana, la comida de El Ventorro continúa siendo uno de los episodios más incómodos para el entorno de Mazón y uno de los símbolos utilizados por la oposición para cuestionar la gestión de aquella jornada.
Pero también evidenció otra realidad. Que Maribel Vilaplana, convertida involuntariamente en personaje central de una tragedia política y mediática, ya no está dispuesta a seguir alimentando el relato. «No tengo nada más que aportar», zanjó antes de abandonar la comisión.
