El nuevo sistema de primarias en Más Madrid reduciría la participación hasta en un 90%
El sector crítico pide una consulta abierta y avisa de que el modelo de Mónica García blinda a los actuales dirigentes

Mónica García en un acto de Más Madrid. | EP
La izquierda ha vuelto a la guerra interna. Se vivió durante los años de Podemos, con sectores enfrentados, hasta la escisión definitiva y la creación de Más Madrid. Y ahora incluso aquella iniciativa, lanzada por Íñigo Errejón y Manuela Carmena en 2019, parece haberse estropeado. Ironías de la historia, otra vez por un enfrentamiento entre la cúpula y un sector díscolo, liderado además por un político considerado como un pata negra de Errejón. La cuestión atañe a quién deberá liderar la lista para las autonómicas del próximo año, y si el sistema de primarias cumple con los estándares democráticos. Los críticos, aglutinados alrededor del diputado autonómico Emilio Delgado, sostienen que no. Y avisan de que el modelo de Mónica García amenaza con reducir drásticamente la participación hasta tan solo 1.000 votantes.
Los datos de participación en las primarias de Más Madrid dejaron de ser públicos en las pasadas votaciones de 2023. Por aquel entonces, con un sistema interno todavía moldeado alrededor del esquema de primarias abiertas, Mónica García se hizo con el grueso de las preferencias. El sistema preveía un reparto de «puntos» en función de las preferencias esgrimidas por los militantes y simpatizantes. García ganó con más de 1.000 puntos. Delgado, que ahora se enfrenta a la «jefa» (según el argot interno del partido), logró 118, quedando en la posición número 18.
No existen datos oficiales de participación de aquella contienda, y las fuentes de Más Madrid consultadas ofrecen estimaciones diferentes. Hay quien habla de 6.000 participantes y otros que apuntan a 10.000. Se trata en ambos casos de cifras realistas, puesto que cuando Más Madrid arrancó su periplo político, en el año 2019, las primarias contaron con más de 7.000 votos en el ámbito autonómico (5.000 en el municipal). En aquel caso, los ganadores fueron Carmena y Errejón, ambos candidatos a la alcaldía de la capital y a la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Hasta un 90% de vetos menos
Con el nuevo reglamento impuesto por García, según el grupo crítico capitaneado por Delgado, la participación podría caer hasta mínimos históricos, con una bajada de hasta un 90% de los votos. Este segmento considera que, después de las limitaciones impuestas tras el cambio de reglamento, aprobado el año pasado, la cifra de participación podría reducirse a tan solo 1.000 votantes. Estos son los números que maneja en este sector, y que comunica para intentar revertir lo que consideran un freno a la inclusión de nuevos afiliados y, sobre todo, una manera para blindar el proceso electivo.
El nuevo reglamento aprobado por la ejecutiva de Más Madrid (de la que Delgado no forma parte) establece, en efecto, que solo los militantes —y ya no los simpatizantes— podrán participar en las primarias para la lista autonómica. Pero, ¿quiénes son los militantes y en qué se distinguen de los simpatizantes? El documento al que ha tenido acceso este diario diferencia los militantes de los simpatizantes fundamentalmente porque los primeros deben acreditar haber participado en actos de la formación de manera continuada a lo largo del último año antes de la celebración de las primarias, con presencia en eventos o encuentros de partido en cada uno de los tres cuatrimestres anteriores a la celebración de las primarias. Menos aún si la formación busca abrirse y no cerrarse a la sociedad civil (y a los más jóvenes).
En definitiva, para Delgado las cuestiones reglamentarias son una trampa que intenta bloquear el proceso electoral. Es decir, una manera para blindar a los que ya mandan que impide a Más Madrid abrirse a la sociedad, captar jóvenes, añadir inscritos y, sobre todo, generar un proceso electoral interno que sirva de lanzadera para las elecciones autonómicas. La filosofía que subyace a las primarias tiene más que ver con generar atención mediática y movilización que con una simple vía para decantar los cargos de una lista o los nombramientos en la dirección. Su función es la de convertirse en el pistoletazo de salida de una campaña electoral. Pero el reglamento aprobado por la ejecutiva de Más Madrid difícilmente parece estar inspirado en esa lógica.
Militante y simpatizante
García y los suyos recuerdan que el reglamento fue apoyado por el 75% de la organización, aunque en el sector de Delgado apuntan a una votación más técnica que política, de cuyos efectos reales los votantes de Más Madrid se están enterando ahora. García insiste en que es «militante» toda aquella persona que, además de estar inscrita en el partido, «participa» en sus actividades. La cuestión es hasta qué punto. Para Delgado, no se puede limitar el censo de unas primarias ignorando factores personales, familiares o de trabajo que pueden impedir a un militante estar siempre presente en las actividades de partido.
Con una organización hostil, las posibilidades de Delgado de revertir las decisiones tomadas en diciembre sobre el mecanismo de primarias son escasas. Pero el ruido que su sector está generando en las redes sociales incomoda a la candidata in pectore. Y Delgado tiene una proyección mediática que, como desveló THE OBJECTIVE, molesta a García y a los demás integrantes de su ejecutiva.
Ahora se trata de aclarar cuándo se celebrarán las primarias, y si Delgado finalmente querrá participar en ellas. Algunos apuntan a una posible solución salomónica para resolver el embrollo. Esta pasaría por llegar a un pacto de candidatura unitaria en las primarias a cambio de una promoción para Delgado en el ámbito nacional. La posibilidad, también adelantada por THE OBJECTIVE, sigue vigente, aseguran estas fuentes, al tiempo que afirman que el propio Delgado habría dejado claro su interés por esta opción. García y la dirección de Más Madrid confían en evitar el choque de trenes. La situación es complicada; las espadas están en alto y la formación admite que huele a tormenta. El objetivo es evitar escenarios de guerra total como aquellos que condicionaron la vida de Podemos. Con la paradoja de que, esta vez, la lucha sería toda dentro de la familia errejonista, o de lo que queda de ella.
