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Cristina Morales: “Las mujeres somos la diana de los discursos normalizadores”

Foto: Alejandro Garcia | EFE

Cristina Morales planta cara al presente. Su novela Lectura fácil no solo ha ganado el Premio Herralde de Novela 2018 sino que relata de forma ágil y ácida cómo el poder nos oprime a través de etiquetas médicas, políticas administrativas y retóricas ideológicas inservibles en una  sociedad en la que solo se lucran unos pocos y se excluye a muchos.

Morales es la escritora más joven en ganar este premio de la editorial Anagrama. Sus 33 años se reflejan en su rostro y en su rapidez al hablar. Durante la entrevista va lanzando dardos desde el primer momento, respondiendo con compleja velocidad. Es un mar de información y argumentos punzantes que dejan entrever que Lectura fácil no es una novela ligera, al contrario, su objetivo es interpelar al poder a través de la historia de cuatro mujeres que viven en un piso tutelado en Barcelona que, supuestamente, sufren de discapacidad intelectual.

La escritura y la temática siempre política de Cristina Morales es de las más llamativas de la narrativa joven española. Su narrativa y la inclusión de nuevas formas de divulgación, como el fanzineratifican su ambición estilística como ya había mostrado en sus obras anteriores: Los combatientes, Malas palabras o Los terroristas.

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Imagen vía Editorial Anagrama

¿Lectura fácil es producto de tu estancia gracias a la beca Montserrat Roig?

Ninguna novela es producto de ninguna beca, la novela se escribe y veo la oportunidad de presentarme a una beca literaria por la que me dan dos duros que me sirven para seguir viviendo, pero por esos dos duros no se escribe una novela que tardé en escribirla años. Durante la escritura, la presenté como proyecto para la beca porque me daban, a parte de una pequeña aportación económica de tres mil euros, la posibilidad de estar en una residencia de creación. Me daban un despacho en Fabra i Coast, estaba concentrada y tenía internet lo que era una posibilidad de oro para investigar porque yo no tengo internet en casa. Me daban Internet y una impresora, era un lujo asiático.

 

¿Cómo encontraste el tema para desarrollar la novela?

Creo que las personas con discapacidad intelectual, lo que administrativamente se llama discapacidad intelectual, son personas sometidas a unas condiciones de opresión en su vida que está multiplicada por diez mil, pero que también lo padecemos nosotras, las llamadas normalizadas. Me parecía que eran un ejemplo paradigmático, donde se veía en cada gesto de la vida las condiciones de la opresión que para nosotras no son tan visibles y que las tenemos integradas como normales.

 

¿Cómo realizaste la construcción e investigación de los cuatro personajes?

Fue una decisión. Estaba escribiendo por el gozo de escribir y empecé con la voz de Nati, pero me daba cuenta en su radicalidad en su expresión, quizás, que yo como autora no podía sostener toda la historia que quería contar solo con este registro. Entonces tuve que plantearme si iba a ser capaz de sostener cuatro voces diferentes en su registro que me iban ayudar a completar una historia mucho más poliédrica y no hablar solo del presente, que es el caso de Nati. Por eso aparecen otras voces que me sirvieron para hablar del pasado o como se expresa el poder, para eso me servía Patri que interpela directamente al poder para que este le responda o cómo vuelve al pasado Àngels cuando escribe su novela y finalmente Marga, que es la que no sabe escribir, que escriben por ella, solo habla y le transcriben, y esta falta de escritura me servía para crear un personaje que no sabemos cómo se expresa más que por las pistas que dan los que están a su alrededor. Y cuatro personajes era la forma más interesante para hablar de estas formas de opresión.

 

¿Podríamos decir que es una novela anarquista que no se posiciona por ninguna ideología política?

Es una línea de discurso muy importante en la novela que entra en conflicto con otros discursos como el buenista, de la nueva política que se supone se acerca al pueblo. Citando a Belén Lopegui “ una novela tiene ética” y la ética de Lectura fácil se revela no solo por cómo se comportan los personajes y qué credo político tienen, sino cómo resuelve la novela el mundo o qué mensaje o cuál es el conflicto que plantea y cómo lo puede resolver. La ética de esta novela no me atrevería a decir que es anarquista pero sin duda tiene un papel protagónico.

 

Si pensamos en ideologías de la actualidad, la palabra facha, como mencionas en tu libro, es usada de manera banal. ¿Hasta que punto la retórica termina desplazando a la política?

Sí, la democracia es un sistema retórico, los partidos políticos venden a su representantes y su marketing es su retórica. La política institucional y representativa es retórica. Me gusta volver al concepto de retórica clásico, a los rétores son los que mataron a Sócrates, esos que hablaban de que el buen orador era el que mataba a su adversario y en el ágora, el mejor considerado era aquel capaz de convencer con su discurso al otro y no aquel que decía la verdad; el que tenía mayor herramientas discursivas. Sócrates pertenece al pensamiento divino, al pensamiento ágrafo y era vituperado por eso y no en vano la democracia occidental nace en Grecia. Hoy en día es bien considerado al político que es capaz de convencer, de hacerte cambiar de opinión. No porque ese cambio de opinión sea bueno para ti sino bueno para él. La retórica y la seducción son sinónimos. Por eso Nati cuando habla dice “soy anti retórica”, no busca segundas intenciones. Cuando te dice que eres un facha, es que eres un facha de verdad. Esa es parte de su discapacidad, que te lo dice y te lo argumenta hasta que te estalla la cabeza.

 

Entonces, ¿dónde está la política?

En la novela apunta a varias formas de política. Por ejemplo, Marga su único quehacer para hacerse más libre y emanciparse de su opresión es analizar qué pasa por su propio cuerpo, porque es su única forma de expresarse más siendo ágrafa. También está el asta de los anarquistas, que ellos hablan de un tipo de acción colectiva y horizontal donde emplean acciones de incidencia real y política. Y el asta de la política institucional cuando se habla del piso tutelado o las políticas públicas que se aplican sobre los cuerpos de estas mujeres que se suponen deben beneficiarlas e integrarlas. Por último, está el personaje de la jueza que despliega un discurso jurídico que procede de un momento político determinado, a pesar de la chapa que le mete al personaje de Patricia de la separación de poderes. Diría que formas de hacer política y abordar el quehacer común, la novela apunta a muchas pero dependerá del lector con cuál empatiza más.

 

La percepción del libro es pesimista con respecto a la dirección de la política y de nosotros como sujetos que la alimentan. ¿Hacia dónde vamos? ¿Se está haciendo política o todo termina siendo retórica?

Es política institucional, política institucionalizada dentro del sistema de partidos de la democracia representativa porque como vemos y expresa la novela hay otros modos del quehacer política. Yo que participo en espacios libertarios tenemos múltiples herramientas de hacer política sin necesidad de estar institucionalizadas y sin ser retóricas. Ni de querer venderle a nadie la moto.

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Cristina Morales | Foto: Alejandro García / EFE

El 15M fue un nuevo modo de hacer política pero se desinfló, ¿qué pasó con ese tipo de proyectos políticos que no eran institucionalizados?

Yo el 15M no lo viví, estaba en la India estudiando. Veía las noticias escalofriantes o de emoción. Si el 15M consiguió algo fue revelar que la policía pega, que es un cuerpo violento. Hasta el 15M yo creo que en democracia no se habían visto cargas policiales contra movimientos en su mayoría pacíficos, con esa crudeza. Al final esa es una revelación: la policía no es un cuerpo armado que sirve para darte indicaciones por la calle cuando te pierdes, es un cuerpo armado que ejerce la violencia. Esto no es un logro del 15M pero en ese momento se reveló. Como yo no lo viví no puedo hablar desde dentro.

 

¿Por qué crees que las formas de política no cambiaron desde ese momento?

Cuando yo volví de viaje como todos mis compañeros generacionales lo habían vivido desde dentro de modo muy diferente de mí, recuerdo cierto malestar ante la escucha de estos relatos; los percibía como románticos, nostálgicos pero que tenían muy poca autocrítica. Y posteriormente, después del 15M, las elecciones las ganó Rajoy, entonces no había favorecido positivamente a efectos macros, pero sin duda mucha gente empezó a politizarse definitivamente. La gente empezó a entender que la política va más allá de las instituciones públicas, del congreso de los diputados y de votar, que desde las acciones de vecinos se podía hacer política; sin embargo, los discursos que yo recibía de mis iguales no eran autocríticos. De hecho yo escribí una novela llamada Los Combatientes (Caballo de Troya, 2013) en la cual un grupo de estudiantes hacían una obra de teatro con discursos políticos que fueron leídos en su momento como discursos quincemeros. Y después de muchas entrevistas que me hicieron en su momento, me preguntaron qué me había parecido el 15M y respondía: “He estado en la India y no me he enterado”. Decían que los discursos que lanzaba la novela recogían vívidamente el momento del 15M pero no, finalmente se reveló que estos discursos yo los había copiado de un discurso fascista del año 35, que es el discurso a las juventudes de España de Ramiro Ledesma Ramos, propaganda fascistas. Y sin embargo, esos discursos de mi libro fueron tomados por todos los demócratas de izquierda como un discurso de la juventud que se revela. Y tardaron meses hasta que esto lo descubrió la prensa y fue para mi una revelación pensar cuán interiorizado está el discurso fascista en la cabeza de los españoles que pasa desapercibido. Finalmente el 15M si ha sido capitalizado por alguien, ha sido por Podemos, que de revolucionario y de transformador no tiene nada. Podemos es un partido perfectamente institucional, que cobra sueldos al igual que lo cobra Vox.

 

Dejando el 15M atrás y volviendo a los personajes del libro, ¿por qué considerar a unas mujeres independientes, libre pensadoras como discapacitadas? ¿Acaso no lo somos alguno de nosotros en algún aspecto de nuestra vida?

Me gusta remarcar que siempre que se dice discapacitada, estamos asumiendo una palabra construida por el poder para determinar a una persona. La utilizamos para entendernos pero es muy perverso que nosotras digamos “esta persona es discapacitada” asumiendo lo que para el poder es un discapacitado. El eufemismo ha ido cambiado, ahora es diverso. Cuando se decía subnormal o retrasado era una palabra médica y era eufemístico también. La palabra cambia porque refleja una realidad incómoda, pero el modo de percibirla no cambia. La realidad no cambia, pero hay que cambiar el eufemismo.

 

¿Cuál era tu desafío con respecto a ese eufemismo en la novela?

Me interesa como escritora tener cuatro personajes que vivan sometidas a la miseria de la organización pública, llámese discapacidad intelectual. Mi instrumento es una novela y mi escritura ha sido plasmar esa situación, a las personas con discapacidad intelectual o a las que nunca han tenido acceso a la educación porque no les han interesado a nadie o porque no les han enseñado, no han tenido un pedagogo para orientar sus capacidades. ¿Cómo puedo como autora trasladarlo a la escritura que es un producto que quiero que sea interesante para el lector? Mi mimbre son ágrafas, no se expresan retóricamente en una novela, en un ejercicio literario que es un ejercicio de retórica. Mi ejemplo es Faulkner con el Ruido y la Furia, con el personaje de Ben. Pero mi apuesta frente a Faulkner no es reproducir. Yo no quería hacer ese lugar de reproducción de la persona con discapacidad intelectual. No voy a reproducir el balbuceo de una persona discapacitada desde un lugar tan fragmentario e inconexo; como escritora voy a colocarme en el lugar de organización pública para crear una nueva discapacidad: la radicalidad que se hace visible en el personaje de Nati, una de las cuatro protagonistas, la más discapacitada de todas. Un personaje que no tolera ningún tipo de agresión contra su persona. Entonces creo un personaje que no balbucea sino que emplea un nivel de discurso de enciclopedia Britannica y haciéndolo así se vuelve insoportable. Usa palabras de la politización, de la emancipación, del discurso marxista revolucionario que nadie entiende a su alrededor. Y se le acercan diciéndole “pobrecita” pero se expresa como el síndrome la deja para hacerse entender.

 

Democratizas esa etiqueta en la novela para denunciar un estigma en el mundo real…

Claro, también porque lo que dice es muy molesto y muy incómodo. Con Nati, el pacto de la ficción era este: si algunos hacen volar dragones, yo generé una discapacidad que no es el balbuceo sino todo lo contrario. Finalmente es explicitar el mundo lo más sangrante posible: cómo lo que es señalado como enemigo, como diferente, es aquel que incluso tiene una lucidez superior que su señalador.

 

¿Por qué reflexionar sobre la sexualidad y el cuerpo de la mujer a través de la línea transversal de la discapacidad intelectual?

No porque el tema sea la discapacidad en la novela, sino porque el tema es la normalización del diferente viene al caso hablar de sexo y sexualidad, que son caballos de batalla de quienes nos quieren normalizar o integrar. Entonces el sexo y el cuerpo femenino es de las primeras cosas que las instituciones público privadas quieren normalizar a su gusto, desde el anuncio en la marquesina hasta las experiencias más vanguardistas como pueden ser lo poliamoroso, que al parecer ya no existe un canon del modo de vivir la sexualidad y muy específicamente en cómo lo hacen las mujeres. Las mujeres somos la diana de los discursos normalizadores. El personaje de Marga, por ejemplo, se considera medicamente hipersexualizada, entonces a ella hay que normalizarla porque la hipersexualidad es una tara. Ahí está la clave interpretativa de la novela: nosotras no salimos al balcón mostrando las tetas, Marga sí, pero posiblemente nos gustaría hacer twerk o restregarnos con un tío o una tía en una discoteca; queremos ser personas normales, que no se nos diga “calienta pollas” o “busca pollas”. Marga no tiene ese problema, su problema está en que le quieren quitar su hipersexualización.

 

Donde está su libertad expresiva…

Exacto, diría que está en todas nosotras. Y si hablamos de normalización del cuerpo femenino y feminismo, hay que hablar de la figura de la puta. La puta tiene que estar en el centro de todo debate feminista porque todas las mujeres hemos sido llamadas putas de un modo u otro. Entonces es algo propio del poder solo considerar puta o prostituta aquella que comparte ciertas características estéticas o de comportamiento o que se colocan en ciertos lugares estratégicos de la ciudad precisamente para que el resto nos consideremos “buenas mujeres”.

 

¿Podríamos decir que entonces no hay acciones positivas desde el discurso del poder porque todas tienden a aplanarnos como individuos?

La voz de Nati afirma que cualquier acción de una institución público privada nunca será para ayudar sino para equipararte en las condiciones de dominación. Aunque Àngels parece que es un poco más optimista en el sentido que apuntas porque es capaz de decirle a la jueza: “Si usted es jueza debe saberse todas las leyes como la ley de accesibilidad universal del Parlamento de Catalunya”; o la Patri que también maneja un discurso más reformista dentro del sistema. Me gustaría pensar que todas estas maneras de afrontar el discurso del diferente en la novela se plasma no porque yo tenga la intención de mostrar muchas posibilidades sino porque efectivamente en el seno de lo que la administración denomina discapacidad hay muchas formas de abordar el tema de la normalización. Hay muchas personas que consideran que ser normalizadas, tener más asientos en el autobús, ser capaces de trabaja en igual de condiciones es bueno y hay otras que desde un lugar más radical no quieren ser normalizadas porque estar normalizada es entrar y formar parte del heteropatriarcado, ser un buen empleado y ser moneda de cambio del capital.

 

El título Lectura fácil me recuerda a la literalidad de los discursos actuales. ¿Hay que eliminar las lecturas fáciles de la políticas actuales?

Lo que está ocurriendo es todo lo contrario. La novela se llama Lectura fácil pero el método se llama Lectura Fácil con la F en mayúscula, es un guiño literario sin duda. El método de Lectura Fácil inventado en los años 70 se está imponiendo en el modo de expresión de ayuntamientos, gobiernos, empresas. Pero yo no diría que el método busque la literalidad, más bien quieren que desaparezcan las metáforas, aplanar la lengua. La Lectura Fácil tiene una limitación en los temas y está dirigida sobre todo a personas con dificultades lectoras; también está dirigida a migrantes, población reclusa, personas finalmente que no están normalizadas en la sociedad en que se inscriben y los materiales que se generan nunca son generadores de conflicto en la sociedades que se insertan. Es un tipo de literatura dulcificadora, entonces no es literal. Si la tarea del escritor es poner en negro sobre blanco los problemas del mundo -o por lo menos para mí- no puedo acudir a las reglas de la lectura fácil, no puedo prescindir de las metáforas, los símiles incluso de las oraciones subordinadas. Las pautas para escribir literatura en Lectura Fácil son castradoras, eliminan la potencia subversiva de la literatura. No significa que no se puedan escribir historias con principio, nudo y desenlace pero eso también lo puede hacer una noticia de la Pronto; pero no podemos decir que sea una noticia que nos permita politizarnos, a mi me gusta escribir lo que me gusta leer y me gustan leer cosas politizadoras que me pongan gafas nuevas con las que ver el mundo. La Lectura Fácil es una moda que llegó a España hace poco para hacer los textos más fáciles, los textos legales, periodísticos, la publicidad de las empresas, pero no con un objetivo emancipador que ayude a ver el mundo, aquello que la ideología quiere que no veas.

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Lectura fácil vive del presente y presenta a Cristina Morales como una autora que se mete dentro del establishment editorial con un discurso contra el poder, una proeza en tiempos donde los extremos no se escuchan ni dialogan. Su narrativa tan personal agudiza la visión sobre el poder y la opresión, especialmente femenina, ofreciendo, a través de su escritura, unas gafas que facilitan ver nuevos registros y con ello otra mirada al mundo contemporáneo.

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