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Málaga 2026, el proyecto que planta cara a la ciudad que quiso ser Capital Europea de la Cultura

Málaga 2026, un proyecto a la vez virtual y analógico, lleva ya desde su título una declaración de intenciones: se trata de una respuesta a Málaga 2016, aquel amago por ser la Capital Europea de la Cultura que tuvo como consecuencias, entre otras, la llegada de las sedes del Centre Pompidou y de la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo. En él, a través de textos académicos y expresiones públicas, se da un discurso de disidencia respecto al oficialista: se cuestiona la utilización de la figura de Picasso para la transformación del territorio y de sus imaginarios, así como el proceso de instrumentalización de la cultura como recurso turístico.

Málaga 2026, el proyecto que planta cara a la ciudad que quiso ser Capital Europea de la Cultura

Picasso -o más bien su imagen, su estatua impertérrita en la malagueña Plaza de la Merced que lo vio nacer- sentado junto a políticos socialistas; ahora Picasso con unos cuantos ediles más, no necesariamente del mismo partido. Picasso, en la carta de un restaurante, sosteniendo un plato de jamón (Sobra decir que esto es… ¡Muy típico de aquí!, reza el texto que encabeza el fotomontaje). Picasso en bolsos, camisetas y postales; una tienda de alimentación que se llama Picasso. También en una gran lona que tapa un antiguo cine y en la que se puede leer: Picasso. Málaga, su mejor lienzo. Como si el pintor hubiese querido bendecir a todos ellos -políticos, habitantes, comerciantes y turistas de una ciudad- mediante un toque de gracia, algo así como cuando, por puro gusto -o quién sabe-, pintó y rubricó el coche prestado con el que Manuel Mejido, un periodista mexicano, fue a entrevistarlo en 1958. Un Citroën DS. Muchos años después de aquella anécdota, y tras meses de negociaciones con la familia, se bautizaría al nuevo monovolumen como Citroën Xsara Picasso. La marca Picasso le viene bien a todo.

El poco tiempo que pasó Picasso en Málaga ha sido una bendición. La mercantilización de Picasso (esto es: la creación de la marca Picasso) se cruza con titulares que tienen mucho que decir sobre la gentrificación que Málaga, como tantas otras grandes ciudades, sufre de unos años a esta parte.

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El precio de la vivienda terminada ha subido un 15% en el último trimestre de 2018. | Imagen vía Málaga 2026.

Los hosteleros exigen que el Centro sea tratado como espacio comercial» (Málaga Hoy, 11 de febrero de 2016) o El auge turístico obliga a Málaga a pensar un modelo para evitar la saturación (Diario SUR, 28 de abril de 2015) son sentencias que emergen junto a otras más felices y halagüeñas que la proclaman como la ciudad más sonriente (según datos del año pasado del Instituto de Investigación de la Felicidad ¡al parecer, aunque cueste incluso encontrarla, la felicidad puede medirse!) o como una de las que poseen un mayor índice de calidad de vida (de acuerdo con el Eurobarómetro de la Comisión Europea en 2016), a pesar de que el precio de la vivienda terminada ha subido un 15% en el último trimestre de 2018, convirtiendo a Málaga en la segunda capital que manifiesta un mayor encarecimiento, solo por detrás de Valencia (y dejando, asimismo, a sus espaldas a gigantes como Madrid y Barcelona), según el índice Tinsa IMIE.

Tinsa también indica que en Málaga y Baleares se hace un mayor esfuerzo financiero para pagar la hipoteca, comparando el incremento del precio de la vivienda con los niveles salariales. El precio del alquiler, según Idealista, alcanza ya los 9,8 euros por metro cuadrado tras subir un 4,3% en la provincia a lo largo del 2018. La felicidad, normalmente, también exige estar empleado: la cifra de parados, en noviembre, aumentó un 2,22% hasta alcanzar los 152.066 desempleados en la provincia, encabezando junto a las Islas Baleares el aumento del paro en España. Se acabó el verano. Los últimos datos, de diciembre, sí son mejores: 151.249 malagueños inscritos en el Servicio Andaluz de Empleo. Llegó la Navidad y, con ella, los contratos temporales y el evidente problema de la estacionalidad.

Sin embargo, pareciera que las líneas tristonas que hablan de paro y de vivienda (es decir, de dinero) corran alejadas de las que ilustran el contento de los malagueños por la llegada de los grandes museos -todos ellos, pequeños y grandes, suman un total de treinta y siete, la mayoría situados en el centro histórico- a la ciudad. Según un estudio realizado por el propio Ayuntamiento con datos de 2016, un 82,6% de malagueños que ha visitado algún museo de la ciudad en los últimos años afirma que Málaga es un destino cultural de Museos, pero también este mismo estudio demuestra que el 67% de los residentes no ha visitado ninguno en el último quinquenio, siendo el motivo más frecuente la falta de interés -en un 43,8% -.

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«Airbnb. Vive como un local. Devora a los locales». | Imagen vía Málaga 2026.

¿Qué quiere decir todo esto y cuánto tienen que ver los museos de la gentrificación en Málaga? Para Rogelio López Cuenca, tan referente en el arte contemporáneo como comprometido desde sus inicios con él y su tiempo, en Málaga ‘gentrificación’ es una definición que ya se queda corta: no es más que una parte de la hipertrofia del monocultivo turístico, por más que se pretenda emperejilar bajo la excusa de lo ‘cultural’.

 

Málaga 2026, la “disidencia respecto al discurso oficial de la ‘ciudad de los museos’”

Una propuesta ante la pregunta puede encontrarse en Málaga 2026, un proyecto a la vez virtual y analógico (tiene, aparte de página web, una versión en papel de periódico) que lleva ya desde su título una declaración de intenciones: se trata de una respuesta a Málaga 2016, aquel amago por ser la Capital Europea de la Cultura que tuvo como consecuencias, entre otras, la llegada de las sedes (temporales, aunque todo indica que van para largo) del Centre Pompidou y de la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo.

Muchos se preguntaron por entonces qué pintaba un Museo Ruso en Málaga, pero sobre todo el dilema llegó -a la calle y a las sesiones plenarias- cuando se conoció en 2016 que la cantidad que iba a salir de las arcas públicas para sufragar el proyecto (la agencia que gestiona el Ruso, el Pompidou y la Casa Natal de Picasso) era de 7.703.513,03 euros (cuantía que ha de renovarse cada año), cifra total que se alcanzó tras fallar las optimistas previsiones de taquilla, por lo que el Ayuntamiento tuvo que añadir entonces un millón de euros más de lo previsto.

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Imagen vía Málaga 2026.

También solo unos años antes (2013) y a través del proyecto MAUS, el Ayuntamiento auspició la creación de un Soho en el entorno del Ensanche de Heredia, zona que ha sufrido la subida del precio de sus alquileres desde entonces. Tuvo como resultado realidades de lo más paradójicas: la misma ciudad donde grandes artistas internacionales como ROA, D*Face u Obey dejaron su huella para la ocasión también persigue al arte urbano: son memorables casos como la multa a Dadi Dreucol (que también estuvo dentro del MAUS), la persecución al “pintor dorado” o la más reciente al artista internacional Invader, que está pendiente de declarar ante el juez por la supuesta colocación de sus famosos mosaicos, que lucieron en 29 puntos de la ciudad, pues muchos de ellos han sido ya retirados por orden de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento de Málaga. Los más controvertidos son los instalados en el Palacio Episcopal y el Palacio de Salinas, ambos declarados como Bien de Interés Cultural (BIC).

Málaga 2026, coordinado por López Cuenca y Elo Vega, surge a partir del seminario ‘Picasso en la institución monstruo’, organizado por Midstream y celebrado en La Casa Invisible (centro social y cultural autogestionado que, tras varios intentos de cierre por parte del Ayuntamiento de Málaga, se encuentra ahora mismo en fase de diálogo con el Consistorio en pro de su supervivencia) en colaboración con el Reina Sofía, el Latvian Center for Contemporary Art y el eipcp (European Institute for Progressive Cultural Policies) en marzo de 2017.

Lo que hemos pretendido es ofrecer una perspectiva lo más abierta y compleja posible, que nos permita cuestionar la supuesta excepcionalidad del milagro de la Málaga cultural: un fenómeno que responde al manual básico de la lógica del neoliberalismo global aplicado a la ciudad: todo es mercancía. Por eso se incluyen tanto reflexiones teóricas que podríamos considerar ya clásicas, como textos acerca de Barcelona, Bilbao o Valencia, por ejemplo, que han vivido ya experiencias similares, para intentar aprender de cómo se han gestionado o sorteado el brillo de esas cuentas de vidrio para escapar de su laberíntico espejismo. El objetivo es evitar que el nativo (nosotros mismos), que se encuentra totalmente inmerso en una situación dada que no tiene distancia para ver lo que está pasando y lo toma por algo natural, crea que pasa porque sí, porque los tiempos, simplemente, están cambiando.

Así, la web aloja textos de críticos de arte como Elena Vozmediano o Mariano de Santa Ana; teóricos como Alberto Santamaría, Amador Fernández-Savater o Gerald Rauning; expertos en arte y comisarios como Ana García Alarcón y Jorge Luis Marzo; artistas como Dionisio Cañas o Chantal Maillard; pero también de organizaciones como Ecologistas en Acción. Las ideas giran en torno a la cultura, la ciudad y el turismo, pero también hay espacio para las Kellys, el feminismo o la ecología. Estos escritos se funden con fotografías que ponen el foco en la turistificación y con otras que capturan intervenciones artísticas en sus muros. También son curiosas las audioguías que cuestionan el marketing turístico picassiano por los lugares transitados por el joven genio malagueño. ¿Te imaginas a Picasso viviendo hoy en la casa en que nació?, pregunta irónicamente López Cuenca. Quizá lo único claro es que no viviría aquí ni muerto, rodeado de cruceristas y despedidas de soltero. La ciudad se ha convertido en una fábrica –una fabrica de ofertas de ocio y atracciones– y los consumidores y espectadores, obreros que la hacen funcionar. Los dueños no vienen más que en fechas señaladas: inauguran, se hacen la foto y au revoir.

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Imagen vía Málaga 2026.

¿Ciudad cultural o parque temático?

Este tipo de cultura de escaparate está orientada a los media y al turismo, y hasta ahí puede funcionar, pero a costa de unos daños colaterales muy graves. Sus principales beneficiarios, sobre todo la patronal de hostelería, son los que tendrían que sufragar estas políticas, que consumen unos recursos que deberían destinarse al tejido cultural local. La precarización del sector se agudiza mientras que las inversiones públicas se desvían hacia la propaganda política y la promoción turística, que es lo que son los pseudo-museos [Pompidou y Ruso]. De acuerdo con López Cuenca, los artistas se ven obligados a emigrar en busca de una legitimación que las instituciones locales no son capaces de otorgar, ya que el modelo reproduce el síndrome de inferiorización del colonizado cultural: importación de marcas (museos o exposiciones) de lujo o de moda mientras que el talento local se exporta como materia prima. Las galerías de arte tampoco son un terreno pujante en la capital de la Costa del Sol: recientemente cerraba Cartel, presente en la ciudad desde 1999, lamentando el poco apoyo institucional y la traba que supone el IVA de la compra de obra de arte al 21%.

José María Luna es el director de la Agencia Pública para la gestión de la Casa Natal de Picasso y de las delegaciones en Málaga del Pompidou y del Museo Ruso de San Petersburgo. No es poca cosa. A diferencia de López Cuenca, no comparte en absoluto la visión de un sector crítico que identifica la llegada de los grandes museos como uno de los factores clave del proceso de gentrificación, si es que así está sucediendo, añade.

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Imagen vía Málaga 2026.

En la inauguración de ‘Utopías modernas’ -una exposición que puede visitarse hasta marzo de 2020 en el Pompidou de Málaga- Luna dijo que la palabra utopía nos lleva a un no-lugar, a sueños con pocas posibilidades de cumplirse. Málaga era hace no mucho tiempo un no-lugar y ninguno podríamos haber soñado con esto. Marc Augé identificó el no-lugar como un espacio de continuo tránsito, con poca facilidad para que se den las conexiones sociales y culturales. En este sentido, ¿se está convirtiendo el centro de Málaga en un no-lugar? Luna cree que se está a tiempo, y en ello se está trabajando, para que esas conexiones sociales y culturales no sólo se mantengan sino que se intensifiquen y en ello ya tienen -pero confía en que vaya a más- un papel importante los museos. Aunque no sólo sobre los museos debe cargarse esta responsabilidad, la sociedad civil en sus múltiples manifestaciones debe actuar en consecuencia, agrega. Los museos no deben ser sólo lugares de contemplación, ya sea activa o pasiva. Los museos son y deben ser lugares de participación e intercambio. De formación e información, de encuentro y socialización, comenta.

Ahí está, verdaderamente, la utopía y la tarea de una sociedad, que pueda encontrar en los museos un sitio en el que cobijarse frente a tanta prisa. No obstante, para López Cuenca los museos y sus visitantes están padeciendo la lógica consumista de la constante oferta de novedades, aquella que te permite decir de un museo que ya lo he visto’: te haces un selfie –puede que sin necesidad de entrar siquiera–, con el Cubidou de fondo y ya no vas más. Los museos tienen que obedecer a otro tiempo, a otro ritmo que el de esa inducida bulimia visual. Pero la ciudad-espectáculo solo nos quieren como espectadores y no como protagonistas de nuestra propia cultura. La finalidad de estos post-museos no es la construcción de una ciudadanía educada y crítica sino de ejércitos de consumidores full time, explica.

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Centro Pompidou de Málaga. | Foto vía Facebook.

Si hablamos de cifras, la agencia que dirige Luna acaba de hacer públicos sus datos, que arrojan un descenso del 25,9% de visitantes al Museo Ruso a lo largo de 2018 (86.506) en comparación con los del año anterior (116.897) pese a las buenas críticas que han tenido sus muestras dedicadas a Kazimir Malévich y al arte del realismo socialista (‘Radiante porvenir’). Por su parte, el Pompidou también nota un descenso, pero apenas residual: si en 2017 recibió a 168.143 personas, el año pasado contabilizó 165.522 visitas (un 1,55% menos). Diario SUR contabilizó en enero de 2017 los visitantes malagueños a algunos de los grandes museos durante 2016: la Colección del Museo Ruso sumaba un nada despreciable 46,4% de visitantes locales (de abril a diciembre), mientras que el Centre Pompidou (en esa misma franja de tiempo) se quedaba en un 27,7%.

El hecho de que sean turistas la mayoría de los visitantes -también los del Museo Picasso de Málaga, por ejemplo- no le parece alarmante a Luna, al ser Málaga “una ciudad turística” y al ser estos, asimismo, datos “muy parecidos a los que otras ciudades y otros museos manejan”. Aun así, insiste: “utilizar este dato para cuestionar las bondades de la oferta museística de la ciudad es algo recurrente pero eso no le confiere a ese cuestionamiento fundamentos de solidez. La oferta cultural y la oferta museística suele tener un recorrido lento pero de indudables beneficios si la apuesta se mantiene en el tiempo. Hay mucho empeño, que no entiendo ni comparto, en socavar un proceso que, si tomamos la apertura del CAC o la del Museo Picasso, no tiene aún dieciséis años, pero que si miramos a las aperturas de la Colección del Museo Ruso y del Centre Pompidou no llega ni a los cuatro años. Las prisas nunca son buenas y en cultura mucho menos. Así que, por favor, un poco de sosiego y paciencia”.

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Imagen: Surviving Picasso vía Málaga 2026.

Dos visiones de una misma ciudad

Luna insiste en que están trabajando y lanza una pregunta: “¿La situación era mucho mejor antes de la apertura de los Museos?”. Desde luego, cuesta encontrar a alguien que no alabe la transformación del centro de Málaga y distintos estudios así lo confirman, como el ya citado Eurobarómetro de 2016, en el que además los encuestados destacaron sus infraestructuras culturales. Pero, ¿se está creando verdaderamente una industria cultural? ¿y los malagueños, están visitando los museos que han causado que su ciudad cope titulares? Puede que esté en ellos también parte de la responsabilidad. “Los museos y centros de exposiciones no son la solución para todo, pero desde luego tampoco son el problema. La sociedad civil y la cultura tienen sus propios mecanismos y no se puede renegar del intervencionismo de la administración pública y a la vez pedir que esta sea la que se ocupe de solucionarnos todos los problemas. No se puede reivindicar el papel de la sociedad civil y a la vez negarle su capacidad de actuar y de ser protagonista”, argumenta Luna.

Sin embargo, según López Cuenca, el problema radica en que la sociedad estaría hoy impotente. “Nos han acostumbrado a una instrumentalización abusiva de los términos: cuando leemos que ‘Málaga ha apostado’ por esto o aquello, realmente se trata de las élites políticas y económicas que hablan y deciden en su nombre, es decir, a costa del silenciamiento de la mayoría de los vecinos. La ciudad de Málaga no se reduce a este escaparate que se exporta y replica en los medios y que es donde se concentran las inversiones y las atracciones ‘culturales’ y turístico-hosteleras”. Habrá que mirar también a Lagunillas, barrio que, dicen, es el verdadero Soho de Málaga, y a “las experiencias de resistencia, de denuncia y de alternativas”, como puede ser la ya citada Casa Invisible. Según López Cuenca, “la urgencia es articular una red que produzca “masa crítica”. Ya sabemos que el capital se retira cuando agota el caladero. Y aquí ya se está dejando ver el fondo, el carácter insostenible del modelo ‘pelotazo’”.

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