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Cultura

Wagner, un genio por encima de la polémica

El crítico musical Alex Ross publica un colosal ensayo sobre la influencia que despertó la obra del célebre compositor en la literatura, el arte, el cine y la política en un extenso recorrido que engloba siglo y medio de cultura

Wagner, un genio por encima de la polémica

Dice de su último libro que ha supuesto «la gran educación» de su vida. Autor de títulos de éxito como El ruido eterno o Escucha esto, diez años le llevó a Alex Ross, uno de los críticos musicales más reconocidos a nivel mundial, terminar su colosal Wagnerismo. Arte y política a la sombra de la música que ahora publica Seix Barral con traducción de Luis Gago. Un ambicioso ensayo en el que este profesional, que trabaja en The New Yorker desde 1996, traspasa lo meramente musical para diseccionar la influencia de Wagner en la literatura, el arte, el cine, la vida intelectual y la política en un recorrido que engloba siglo y medio de cultura en Europa y Estados Unidos. 

 «El efecto que tuvo Wagner en la música fue gigantesco, pero no superó al de Monteverdi, Bach o Beethoven —escribe ya en sus primeras páginas—. El efecto que produjo en las artes colindantes carecía, sin embargo, de precedentes y no se ha igualado desde entonces, ni si quiera en el ámbito popular. Lanzó su hechizo más poderoso sobre los artistas del silencio: novelistas, poetas y pintores que envidiaban las tormentas colectivas de sentimiento que él era capaz de desencadenar con sonidos». 

«De Wagner hemos oído que era racista y se la ha tachado de supremacista blanco. Y todo ello es cierto, pero también es algo más complejo»

Unas tormentas que traspasaron lo puramente artístico. Pero, aunque su reputación se vio siempre contaminada por su ideología, cuyas inclinaciones antisemitas reconoció, el talento de su obra pasó como una apisonadora por encima de estos prejuicios. Quizás por eso, reflexiona el propio Ross, a quien más le sorprendió encontrar entre sus admiradores fue al líder panafricanista, sociólogo, historiador y activista por los derechos humanos, W. E. B. Du Bois. «Eso no deja de resultarme curioso, porque de Wagner hemos oído que era racista y se la ha tachado de supremacista blanco. Y todo ello es cierto, pero también es algo más complejo», –cuenta el crítico por videoconferencia desde su estudio en Estados Unidos durante la presentación de Wagnerismo ante la prensa española. 

«Wagner tenía una influencia inmensa. Gente de los ámbitos más eclécticos tenían la sensación de que podían apropiarse de él, que podían tener una relación con su obra, sin limitarse a sus visiones personales. De esto trata mi ensayo. El poder que tiene el artista por una parte y el poder que tiene el público por el otro. Por una parte tenemos una figura formidable con unas ideas controvertidas y por otro a los espectadores, una audiencia masiva, vasta, que puede reinventar a Wagner a su gusto», describe.

Wagner, un genio por encima de la polémica
Alex Ross: «Que Hitler defina completamente nuestra percepción de Wagner no me parece justo» | Foto: Josh Goldstine | Cedida por la editorial.

Un Wagner partido por la mitad

Con todo, su reconocido antisemitismo, lleva a Ross a afirmar en su ensayo que ya no es posible idealizar a Wagner. «La fealdad de su racismo significa que el retrato de él que ha quedado para la prosperidad estará siempre partido por la mitad», manifiesta. Una fealdad que, sin embargo, se ve eclipsada por la grandeza de sus obras. Wagner, recuerda el autor, no fue solo un brillante compositor, asumió también el libreto y la escenografía de sus óperas, fue un ensayista y polemista prolífico e introdujo conceptos como Gesamtkunstwerk —«la obra de arte total»—, o Leitmotiv —«motivo conductor»—, que contagiaron al discurso estético durante varias generaciones, como director teatral reformuló el escenario moderno y desarrolló su propio pensamiento político. «Durante años la gente se preguntó si sus opiniones de odio deberían dejarle fuera del discurso civilizado —señala ahora el crítico—. Han pasado ya 150 años y la cuestión sigue siendo qué hacemos con las opiniones de Wagner». 

«Que Hitler defina completamente nuestra percepción de Wagner no me parece justo»

En plena época de la cancelación, Wagner, de hecho, pone en evidencia todas nuestras contradicciones internas, ¿deberíamos admirarle y seguir disfrutando de su obra sabiendo cómo pensaba? «Él está aquí, forma parte del mundo de la ópera, de la historia de la música y no va a desaparecer —responde Ross—. La pregunta sería cómo lidiar con eso. Yo me opongo a la tendencia de equipararle con la Alemania nazi. Que Hitler defina completamente nuestra percepción de Wagner no me parece justo». 

Sin embargo, y sin rechazar la colaboración o influencia que pudo tener en la configuración de la Alemania nazi, el experto en música se niega a darle esa victoria al nazismo. «Algunas personas de la izquierda, las feministas, la sociedad americana, los propios judíos reconocieron que había algo muy potente en él y en su música», defiende el autor del ensayo, más en boga por encontrar un equilibrio entre estas posturas aparentemente opuestas.

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Imagen vía Seix Barral

Hitler y Theodor Herzl, al servicio de Wagner 

Que dos figuras tan antagónicas como Hitler y Theodor Herzl profesaran admiración por Wagner tampoco parece sorprender a Ross que cuenta en su ensayo que mientras el ideólogo del Estado sionista estaba escribiendo El estado judío en el París de 1895 asistía con frecuencia a las representaciones de Tannhäuser. «Solo las tardes en que no se representaba ninguna ópera —escribió Herzl más tarde— me entraban dudas de hasta qué punto mis ideas eran las correctas».

Este influjo repercutió de manera similar en Hitler que solía asistir a las obras de Wagner. «Según cuentan, que lo podemos o no creer, aunque lo decía él también, Rienzi fue la obra que le inspiró y le dio una visión política para su proyecto», sostiene el crítico. Pero, ¿hasta qué punto fue determinante esta influencia en su antisemitismo? «Es difícil reconstruir exactamente cómo Wagner pudo influir en la juventud de Hitler. Mi opinión personal es que él se enamoró de Wagner antes de politizarse. Su música y sus historias le abrumaron y después, durante la Primera Guerra Mundial, se radicalizó en la ultraderecha. Pero yo no creo que Wagner fuera la causa, porque antes de Wagner ya existía el antisemitismo. Pudo tener cierto impacto, pero hasta qué punto es imposible de saber».

«Antes de Wagner ya existía el antisemitismo. Pudo tener cierto impacto, pero hasta qué punto es imposible de saber»

Ross asegura que el compositor no era uno de esos antisemitas que no podían soportar la presencia de un judío a su lado y que rechazaban todo lo que tuviera que ver con ello. Más bien, «parecía necesitar en cierto modo rodearse de ellos». La explicación la encuentra el crítico en la lucha por el control cultural. «Él se veía en cierto modo marginado por la dominación judía de la cultura», afirma. Sin embargo, reconoce que es un debate mucho más complejo. «Hay que ser psicólogo para llegar a escarbar ahí y tratar de entender qué pasaba por esa cabeza. Pero yo creo que él no podía imaginar una Alemania sin judíos. Fantaseaba con ello, pero no lo imaginaba siendo una realidad. Necesitaba esas relaciones laborales y al final desarrolló incluso sentimientos por algunas de estas personas. Era una lucha interna constante que mantenía», defiende.

 

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Wanger y Listz al piano. | Retrato de Hermann Torggler.

Wagner y las mujeres

Otro de los aspectos de la personalidad de Wagner a la que el autor dedica bastantes páginas es a la relación que mantuvo el genio con las mujeres y la representación de los personajes femeninos en sus óperas. «Wagner tenía también pensamientos misóginos. Veía a las mujeres como sirvientas del hombre, sobre todo en el matrimonio, donde era un poco controlador», explica. Casado en dos ocasiones, la primera con Minna Planer, con quien duró 30 años, y la segunda con Mathilde,  a menudo sus obras son sometidas a este debate también. 

«A pesar de que la misoginia es evidente, estas figuras, como Isolda, inspiraron a muchas mujeres del siglo XIX porque eran personajes muy potentes, con un poder físico que incluso las cantantes también expresaban sobre un escenario. Representaban una especie de mujer libre y este retrato más heroico de la mujer fue un símbolo en la lucha por sus derechos después». Aunque no siempre es considerado así, matiza. 

«Otras muchas feministas sostienen que Wagner no hizo absolutamente nada por ellas. Pero algunas, como Willa Cather le dedicaron mucho tiempo a esta cuestión. Y aunque no era una feminista convencional, centró sus novelas en estos personajes femeninos y tomó a sus heroínas como modelos. Hablo también de Virginia Woolf que, aunque un poco más ambivalente, consideraba que Wagner jugó un papel importante en el desarrollo de su estilo modernista, un estilo diferente al escrito por el hombre de principios del siglo XX», reflexiona.

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Retrato de Hermann Torggler. | Imagen vía Wikimedia.

Un talento camaleónico

Desde Nietzsche a Thomas Mann o su influjo en santuarios y células anarquistas a las reacciones de James Joyce, Marcel Proust, T. S. Elliot o Virginia Woolf a su obra, Wagnerismo nos sumerge también entre las icónicas bandas sonoras del cine en un recorrido acústico desde El nacimiento de una nación hasta La guerra de las galaxias o Apocalypse Now por todos los géneros audiovisuales. Desde el cine mudo a las comedias, wésterns, películas de acción o ciencia ficción no hay ningún estilo en el que la música del compositor y su influencia no consiga amoldarse.  «Si tuviera que escoger a un compositor determinante en el mundo del cine sin duda sería él», señala Ross. 

En el aspecto más textual del músico, el crítico reconoce que no siempre es fácil desenmarañar la prosa de Wagner. «Era muy ambiguo, con un estilo poco claro y que no era brillante. Tenía un alemán muy aturullado y es difícil desentrañar qué nos quiere decir exactamente a veces», analiza. Sin embargo, y aunque difícil, considera necesario abordar estos pasajes. «Aparte de un compositor y dramaturgo, era un pensador realmente potente. Veía un mundo futuro más igualitario, con un orden, donde la jerarquía aristocrática desapareciera». Su influencia, de hecho, fue notable en otros artistas con ideas progresistas sobre el oficio y sobre cómo el arte iba a transformar el mundo. «Ya a Wagner se le veía como una especie de profeta de un nuevo movimiento de teatro proletario y se le tomó como modelo», añade. 

«Aparte de un compositor y dramaturgo, era un pensador realmente potente. Veía un mundo futuro más igualitario, con un orden, donde la jerarquía aristocrática desapareciera»

Conceptos como el de obra del arte total, donde las diferentes formas de expresión se entrecruzaban, sedujo a los artistas de nuevas generaciones. «Esto es complicado porque Wagner no dedicó mucho tiempo a hablar de la Gesamtkunstwerk, solo utilizó esa palabra cinco veces en sus textos alrededor de 1850. Luego se apartó de este concepto, pero como sus obras eran tan populares, su término caló y en el siglo XX se empezó a utilizar de nuevo».

Tremendamente influyente y talentoso, Wagner, concluye el experto, es una de esas figuras en la historia del arte que «cambió el rumbo de la vida y de lo que experimentamos». «Es imposible saber qué hubiera sido del mundo sin él, pero el hecho de que estuviera presente en tantos niveles de la cultura en todo el mundo nos dice ineludiblemente que fue una de las figuras esenciales del siglo XIX en el mundo de las artes y quizás una figura mayor que cualquier otra en cuanto a influencia e impacto. Era un camaleón, su talento no afectaba a una sola cosa, se metamorfoseaba en distintas circunstancias y su poder es que aún hoy lo sigue haciendo».

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