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Elvira Lindo: “Uno tiene que defender y vivir de acuerdo con el feminismo en el que cree”

Foto: Seix Barral | Seix Barral

Elvira Lindo se quita el sombrero para hablar de sí misma y de 29 mujeres más que junto a ella son artífices de obras magníficas y, por supuesto, de vidas cuyas contradicciones son perfectas para visibilizar la propia humanidad de algo que pensamos obvio pero no lo es: el ser humano.

30 maneras de quitarse el sombrero (Seix Barral, 2018) es el nuevo libro en el que Elvira Lindo navega de la forma más personal por la vida y obra de mujeres como Vivian Gornick, María Guerrero, Lucia Berlín, Ana Frank, Margaret Atwood, Gloria Fuertes, Dorothy Parker o personajes como Pippi Långstrump o Tristana.

Una compilación para demostrar por qué tanto ella como otras han sido mujeres inconvenientes, que han encontrado una voz propia para decir lo que quieren y, a partir de allí, trascender sin ser censuradas por una figura masculina. Una forma de quitarse el sombrero ante ella misma, de vanagloriarse desde la experiencia, pues el último perfil del libro es un autorretrato desgarrador que culmina con un homenaje a su origen, a sus padres, quienes la hicieron como es: “cómica sin remedio, sensible y resiliente”, y que la sobreviven a ella: “porque desde su vida de muertos quedan para siempre vivos” en lo que escribe.

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«Hacer reír es una bendición aunque Elvira dice que no le gusta cosechar carcajadas» afirma Elena Poniatowska en el prólogo de ’30 maneras de quitarse el sombrero’. | Foto cortesía de Editorial Seix Barral.

¿Cómo hiciste selección de mujeres que recopila este libro?

Había muchas más, pero en un libro con estas características eliges lo que crees que está mejor escrito. A veces dejas fuera perfiles o mujeres que te resultan interesantes, pero el libro tiene que tener una unidad. Es algo azaroso, sí, pero lo importante es que cuando tengas el libro entre las manos, se note esa unidad y que responda a un mismo propósito; y eso se ha cumplido. Las cosas que han quedado fuera no importan porque de seguro tengo oportunidad de escribir sobre cosas que me interesan en un futuro.

 

¿Qué tipo de conexión tienes con los perfiles de las mujeres seleccionadas?

Hay una conexión personal, bien porque en su vida pasaron por momentos que a mí me interesaban y que me han servido y aportado luz a dudas que yo tenía, bien porque no solamente hablan de sus obras sino de sus vidas y a lo mejor en sus vidas veo contradicciones que me han asaltado a mí en algún momento, dificultades, miedos. Eso me interesaba tanto como sus obras.

 

¿Podría decirse que es un libro sobre las contradicciones humanas?

Yo creo que sí porque, desde luego, me parece que mal iríamos si, en este momento en el que estamos viviendo una ola feminista, presentáramos a las mujeres como santas, sin mácula, sin contradicciones, sin sombras. Sería como exigirnos a las mujeres, a nosotras mismas, ser ejemplos de buen comportamiento y no tengo ningún interés en eso.

 

“Cuando la ideología se convierte en religión, cualquiera que no imita las actitudes extremistas es visto como un apóstata, un hereje o un traidor”. Esta es una frase de Margaret Atwood que aparece en tu libro. ¿Hasta qué punto el feminismo actual no se ha convertido en esa frase?

Yo creo que la pregunta es ¿qué puedo hacer yo? Yo creo que uno tiene que defender y vivir de acuerdo con el feminismo en el que cree. No hay un feminismo, no hay un catecismo que podamos leer y obedecer. Yo no quiero obedecer a nada, quiero actuar según mi propio criterio. Lo hago en el momento que escojo el lenguaje, como decía Orwell; escoge tus propias palabras, no asumas la jerga de ninguna ideología ni de ningún movimiento, porque con tus propias palabras es que vas a poder definir aquello que quieres expresar. Yo no tomo prestado esa jerga más o menos universitaria que hay ahora para hablar de feminismo. Con mis propias palabras digo lo que pienso. ¿Soy menos feminista? En absoluto, y yo creo que eso es lo que tenemos que defender. Por el camino nos vamos a encontrar con contradicciones y debemos ser comprensivas con nuestros propios momentos contradictorios, y con los de los demás. Plantearnos esto como el hecho de ser jueces implacables quiere decir que en algún momento vamos a ser juzgados de una manera muy dura. Es preferible tener más comprensión hacia el ser humano que es por naturaleza imperfecto.

 

¿Quizás el feminismo debería aprender de Pippi Långstrump? ¿Puede transformarse la desdicha de las víctimas en aprendizaje?

Yo creo que el caso de Pipi, es el de una niña peculiar, inadecuada, diferente pero no creo que pueda convertirse en un ejemplo ideológico. Es un libro para divertirse y para ver que en la vida hay que hacer gamberradas y cosas divertidas porque sí, porque es necesario en la vida pasarlo bien.

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Imagen vía Seix Barral | Grupo Planeta

Comienzas el libro con el perfil de Pippi Långstrump y luego sigues con el de Ana Frank, y hablas de cómo se ha convertido en un souvenir turístico más que en un símbolo para la reflexión sobre la guerra. El turismo ha banalizado su figura. ¿Cómo podríamos recobrar la figura Ana Frank?

Yo creo que quizás no deberíamos ir tanto a los sitios sino leer. Todas esas fotos que se hacen los turistas frente de la casa de Ana Frank… para mí es un templo sagrado de la desgracia y de recordatorio de qué puede ser esa desgracia. La mejor manera de recuperar a Ana Frank es quedarte en tu casa y leer su libro. Para mí hay cosas que son sagradas, especialmente el sufrimiento de la gente, porque además ese sufrimiento es algo que tú no has experimentado y posiblemente no vayas a experimentar; entonces tienes que tener ese respeto inmenso y muchas veces no se tiene, si bien porque se banaliza al hacerse una foto turística en la puerta de la casa de Ana Frank o porque se hacen chistes sobre eso. Hay cierto tipo de cosas en la vida que prefiero mantenerlas en mi memoria con mucho cuidado.

 

El respeto suena mucho en estos días especialmente el que debe de haber entre mujeres. Pienso en el perfil de Concha Méndez, cómo fue discriminada por la historia al no incluir su figura dentro de la generación del 27 y como fue despreciada por María Zambrano al referirse a ella como “la mujer de…” ¿Qué tanto podemos decir que hay sororidad sin caer nuevamente en nuestras envidias?

Los seres humanos sentimos celos, envidias y eso es humano. En el caso de María Zambrano, no creo que sea por ninguna de esas razones sino por una cuestión cultural. Probablemente era compatible ser una mujer importante y mirar con condescendencia a otras mujeres, creo que eso era tan habitual en la época en los hombres que cómo no se iba a contagiar a las mujeres. Tal vez ella creía lo mismo, tal vez creía “tú eres excepcional y el resto de las mujeres no”. Te han educado así, hay veces que estoy en una reunión de varias mujeres y hay un hombre y de repente nos callamos para escucharlo. Y dices “¿por qué?” y es porque estamos acostumbradas a eso, yo creo que hay que darse cuenta. Si de algo sirve este momento es para ser consciente de cómo nos comportamos, no los demás, sino nosotros mismos.

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Elvira Lindo | Foto cortesía Editorial Seix Barral

Galdós publicó Tristana en 1892 y el personaje principal era un símbolo de emancipación de la mujer para el XIX; sin embargo, ¿no es un personaje más representativo de la libertad femenina de nuestra época?

Tristana es un personaje que yo me permito decir que no ha sido bien leído, siempre se ha tomado como una pobre chica víctima de los caprichos de un viejo, víctima del destino. Entonces, siendo esto cierto, esa no es una descripción del personaje de Tristana, porque ese viejo que la encarcela le ha llenado la cabeza con teorías del amor libre y es una contradicción, pero es así. Ese viejo no ha querido casarse, entonces tiene unas ideas del amor libre, aunque -desde luego- tiene sometida a una chica joven que tiene a su cargo. Pero esa niña ha ido aprendiendo desde pequeña y cuando es una mujer asume esas ideas sobre el amor libre. Las cosas que dice Tristana sobre el amor, sobre el estar atada a un hombre, sobre estar en contra del matrimonio, sobre salirse de las convenciones, todas esas cosas extraordinarias están ligadas al amor libre anarquista de la época. Tristana es una mujer que defiende el amor libre y que finalmente su vida no puede ser como ella quiere, porque se trunca por el camino; pero yo creo que Tristana es un pájaro que vuela libre.

 

Los perfiles ahondan en el tema de la libertad femenina y por qué buscamos esa voz propia. Empezando con tu Manolito Gafotas hasta 30 maneras de quitarse el sombrero hay un largo viaje. ¿Te sientes a gusto de haber encontrado una voz que te identifica?

Desde que me fui a los 20 años de casa quería tener un cuarto propio y ni siquiera pensaba en Virginia Woolf, no sabía lo que iba hacer en ese cuarto. Yo trabajaba y escribía para la radio, pero no sabía qué iba hacer en ese cuarto; tenía una idea vaga de escribir, pero no lo sabía. Esos deseos de independencia los relacionaba a un espacio. Han pasado unos años, he tenido muchos cuartos propios y los he compartido, y ha habido niños a mi alrededor y lo he tenido que compartir todo.

Ahora me doy cuenta de que más que el espacio físico era el espacio interior, más que una habitación propia era una voz propia. Esa voz, por un lado, la tienes que encontrar, algo que no es fácil, y por otro, tienes que poder usarla, tener la voluntad de usarla. Ahora mismo creo que tengo esa voz propia. Hay veces que escribo en mi cuarto, hay veces que escribo en la habitación de un hotel y hay veces que he escrito en las condiciones más complicadas porque he estado de viaje, porque ha habido obras en mi casa o ha habido niños pequeños, pero ya eso es lo menos importante. Lo más importante es que tú hayas encontrado tu estilo, tu manera de hablar y que hayas encontrado personas que quieran escucharte; eso es encontrar tu lugar en el mundo, no es tu cuarto sino el lugar en el mundo. Esa especie de madurez para alguien que escribe es algo fantástico. La juventud tiene muchísimos valores, pero hay que aprender muchas cosas para escribir bien, y si estás atento al mundo, lo mejor es que pasen un poco los años para encontrar de verdad una voz que merezca la pena.

Este es un oficio de madurez y quitando a las niñas o niños prodigio, que ha habido en el mundo de la literatura, que en este libro hay muchas que son asombrosas, en general es un oficio de madurez. Y esa madurez te produce mucha alegría. Lo triste es que estás más cerca de hacerte viejo, pero es en ese momento de esplendor cuando puedes hacer las mejores cosas, hablar con una voz más personal y encontrar a más gente que esté dispuesta a escucharte.

 

En estos tiempos en que el éxito se valora en cuán rápido lo obtienes, ¿cuánto de soledad y de experiencia se necesita para llegar a esa voz propia?

De cierta manera las redes están engañando a la gente que quiere escribir. Colgando sus cosas, ya sienten que están construyendo algo y no es así. Este es un oficio que se cocina muy lento. Ahora ves a un montón de escritores que están anunciando continuamente que están escribiendo, qué van a escribir, qué van a publicar, qué quieren hacer. Pienso que es mejor contar menos de lo que haces y hacerlo. (Risas) Esto es incompatible con la inmediatez de las redes sociales.

 

Claro, hay mucho ruido alrededor.

Sí, y tienes que crear entusiasmo, que estás ahí en la cresta de la ola. Yo creo que tenemos que volver a encontrar silencio y privacidad. También en estas presentaciones del libro en Barcelona, en Madrid y luego en Bilbao, me voy encontrando amigos, con los seres humanos de verdad, y encuentro en esa presencia humana un aprendizaje mayor que si paso todos los días mirando lo que se dice en un comentario virtual. La vuelta a la realidad siempre es algo magnífico.

 

***

 

30 maneras de quitarse el sombrero es una autobiografía a través de las voces de mujeres y personajes femeninos que le son afines y comunes a Elvira Lindo. Un tributo desde el yo para reivindicar la presencia femenina, “unas mujeres con sueños propios, no heredados” como afirma la propia Elvira Lindo, y todo lo que todavía queda por hacer y crear.

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