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Los tres jóvenes detrás de la cuenta de Instagram que buscan empleo a personas sin hogar

Desde ‘Un mismo equipo’, Gonzalo, Miguel y Pablo conectan a empresarios con personas en situaciones límite

Los tres jóvenes detrás de la cuenta de Instagram que buscan empleo a personas sin hogar
Carola Melguizo The Objective

Hay personas y acciones que te hacen seguir creyendo en el ser humano. Desde el primer suspiro que damos somos solidarios. Ayudar a los demás es parte de nuestra naturaleza y tiene una base neurobiológica. Sin embargo, dependiendo de nuestras vivencias y experiencias la vamos desarrollando más o menos.

En estos tiempos en los que la pandemia ha evaporado miles de empleos (el Covid destruyó 360.105 en 2020, según el Ministerio de Trabajo) y en los que todavía estamos valorando si salimos mejor o peor persona de ella, llega un grupo de amigos y, sin esperar nada a cambio, dedican cada segundo de su tiempo libre a conseguir empleo a gente a la que la vida le ha dado la espalda sin razón aparente. Ellos saben que el mundo no es un lugar justo y quieren cambiarlo.

Hablo de Pablo García (31), que trabaja en una fundación, Gonzalo Perales (31), que es postproductor, y Miguel Jiménez (29), ejecutivo de cuentas en una agencia de publicidad, tres colegas que se unieron en junio para crear la plataformaUn mismo equipo’, un proyecto de ONG que tiene como misión dar visibilidad a los que en algún momento de su vida la sociedad les ha convertido en invisibles. De esta forma, estos jóvenes, con las ganas de cambiar el mundo que deberían tener los chicos de su generación, intentan dar las herramientas necesarias para que personas sin empleo puedan volver al radar laboral. ¿Cómo?, te preguntarás. Muy sencillo.

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De izquierda a derecha: Gonzalo, Miguel y Pablo. | Imagen: Carola Melguizo | The Objective

A través de la cuenta de Instagram de ‘Un mismo equipo’ (@unmismoequipo), que suma ya con casi 35.000 seguidores, publican los perfiles con una fotografía, acompañada de una descripción de su experiencia laboral para conectarlos con empresarios. La solidaridad de la gente hace el resto. De esta forma, desde junio, han conseguido trabajo a 13 personas, eso sí, aclara Gonzalo, «no ayudamos a buscar primeros empleos, no somos un portal de trabajo, ayudamos a personas a las que la vida les ha dado la espalda, están en riesgo de exclusión social y quieran trabajar».

Personas que se han quedado sin trabajo por culpa de la pandemia, son, según Gonzalo, el 90% de las solicitudes. Ahora gestionan más de 100. Peticiones que estudian «caso por caso», dando prioridad «a las situaciones más críticas». «Nosotros recibimos muchas peticiones por parte de posibles personas que necesitan ayuda o vecinos o amigos de los mismos que precisan esa ayuda. Y tratamos de dar prioridad a los casos que más nos tocan el corazón», cuenta el joven, que hace cuatro años superó una leucemia y su relato se viralizó. La gente comenzó a seguirle en las plataformas y usó su poder de convocatoria para dar voz a las personas sin hogar que conocía.

 

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Un trabajo para Roberto tras un año y medio sin trabajo por pandemia

Roberto Cuesta (50 años) ha sido una de esas personas que robaron el corazón a Gonzalo, Pablo y Miguel. Con una casa-taller de marroquinería y guarnicionería desde hace 11 años en el barrio de Carabanchel, se vio sin trabajo «de la noche a la mañana como consecuencia de la pandemia». «Tuve que escoger entre pagar el alquiler y comer. En tres meses me desahuciaron», cuenta el madrileño, que perdió a su mujer hace seis años a raíz de un cáncer, y que critica todos los obstáculos que la burocracia supuso en plena pandemia cuando hizo por detener su desalojo. «Intenté evitarlo. Me dieron cinco días para presentar unos papeles, pero no me dejaron entrar al juzgado. Estuve diez días llamando y no me cogieron el teléfono», recuerda hoy ya como si de una mala película se tratase. Y de esta forma, Gonzalo y su hija, de 17 años, se vieron en la calle después de 37 años trabajando el cuero en sus diferentes formas y usos. «Si me dicen que esto me iba a pasar a mí, no me lo creo», reflexiona, y confiesa: «He perdido 12 kilos de los nervios de no saber si podía llevarme un trozo de pan a la boca».

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Roberto Cuesta. | Imagen cedida

Lo siguiente que sucedió tras perder su casa y su empleo fue que unos amigos contaron su historia en Instagram, ‘Un mismo equipo’ vio el anuncio y la solidaridad de Lolo hizo el resto. ¿Y quién es Lolo, te preguntarás? La respuesta la encontramos en Pámanes, un pequeño pueblo de Cantabria, en una empresa familiar de tapicería especializada en asientos de motos, ‘Lolo Pámanes & Family’, de la cual Lolo es propietario: «Un día vi que en Instagram me habían etiquetado en la publicación de ‘Un mismo equipo’ en la que contaban la historia de Roberto. Nosotros necesitábamos a un empleado más, así que no me lo pensé y lo llamé», cuenta Lolo entusiasmado al otro lado del teléfono. «Desde el 1 de septiembre que comenzó a trabajar hasta hoy estamos muy contentos por ambas partes», relata el empresario, cuyo negocio tiene presencia en 12 países, y que asegura hará contrato fijo a Roberto en dos meses.

Y así es como Roberto, que hoy agradece «enormemente» todas las ayudas recibidas ya que pudo llegar en autobús a Pámanes gracias a las donaciones de ‘Un mismo equipo’, quien también le costeó un mes de alojamiento, comenzó una nueva vida gracias al entusiasmo, compromiso y entrega de unos jóvenes que no se conforman con sobrevivir y adaptarse al mundo, sino que pretenden hacer de este un lugar mejor.

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Roberto junto a Lolo y su familia, todos trabajadores de Lolo Pámanes & Family. | Imagen cedida

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