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Leonor da un salto en su formación y pilota un avión de combate: las fotos inéditas de su entrenamiento entre Badajoz y Albacete

La princesa se ha subido a un reactor F-5, con un instructor; un avión de combate que se usa en el curso de Caza y Ataque

Leonor da un salto en su formación y pilota un avión de combate: las fotos inéditas de su entrenamiento entre Badajoz y Albacete

Leonor, a bordo del reactor, en una imagen de las redes sociales de Casa Real.

La princesa Leonor ha vivido un nuevo hito en su formación dentro de la Academia General del Aire. Tal y como han compartido desde Casa Real, la hija mayor de los Reyes se trasladó hasta la Base Aérea de Talavera la Real, en Badajoz, junto a «un instructor del Ala 23, para conocer de primera mano la formación y preparación de los alumnos de quinto curso». Como informan desde Zarzuela, este avión de combate se usa para «la enseñanza del curso de Caza y Ataque». También, voló «un reactor F-5». Y no solamente eso.

El día anterior, la princesa visitó el Ala 14 del Ejército del Aire y del Espacio en la Base Aérea de Los Llanos, en Albacete, junto a sus compañeros de cuarto curso y «pudo comprobar el funcionamiento de los Eurofighter (C.16), que tienen como misión garantizar la seguridad del espacio aéreo español y en operaciones de la Alianza Atlántica». Se trata de un salto más de la princesa en su formación dentro del Ejército y, justamente después, de que, desde Casa Real, confirmaran que ha hecho su segundo vuelo en solitario.

Qué significa para la princesa Leonor pilotar un F-5

Volar un reactor F-5 es un hito de enorme importancia en la aviación militar. Significa ponerse a los mandos —o ir a bordo— de un avión de combate a reacción supersónico que representa la última y más exigente frontera en la formación de un piloto de caza. En el Ejército del Aire y del Espacio español, el F-5 —denominado militarmente AE.9— no es un avión cualquiera: es el sistema de armas que utiliza la Escuela Militar de Caza y Ataque (Ala 23), ubicada en la Base Aérea de Talavera la Real (Badajoz), como ha podido comprobar la propia Leonor.

Volar este reactor significa que el alumno ha superado las fases de enseñanza elemental y básica y está listo para aprender el combate aéreo real. Es el paso previo e indispensable antes de poder pilotar los cazas de primera línea, como el Eurofighter Typhoon o el F-18 Hornet. Volar un F-5 es una experiencia física extrema. Una experiencia muy distinta a la que se vive en los aviones de hélice o reactores de enseñanza básica —como el Pilatus PC-21—. Aunque Leonor viajó junto a un instructor, sí que es cierto que el F-5 es capaz de superar la velocidad del sonido (Mach 1.6, unos 1.700 km/h). En maniobras de combate, giros cerrados o picados, el cuerpo del piloto experimenta fuerzas de gravedad brutales —hasta 7 u 8 veces su propio peso, o 7G/8G—. Para volarlo es obligatorio vestir un traje anti-G que se infla en las piernas y el abdomen para evitar que la sangre baje bruscamente a las extremidades y el piloto pierda el conocimiento.

Aunque la flota española ha sido modernizada en su aviónica —con pantallas y sistemas de navegación—, el F-5 sigue siendo valorado por los instructores porque es un avión noble, pero exigente. No tiene los sistemas de vuelo asistido por ordenador hiperdesarrollados de los cazas modernos de quinta generación. Volar un F-5 requiere manos y pies; es decir, una compenetración física total del piloto con los mandos para sentir el comportamiento aerodinámico del avión en cada viraje y acrobacia. El F-5 es una auténtica leyenda de la Guerra Fría que en España se fabricó bajo licencia por CASA en Getafe. Recientemente, este modelo ha alcanzado la histórica cifra de 300.000 horas de vuelo en el Ejército del Aire, formando a más de 50 años de promociones de pilotos de combate.

Sin duda alguna, en la vida militar de Leonor, este hito ha sido toda una celebración. Aunque hace unos meses hizo historia al realizar su suelta —es decir, su primer vuelo en solitario—, aquel vuelo fue en un Pilatus PC-21, un avión de entrenamiento a hélice. Dar el salto al F-5, aunque sea en versión biplaza y con un instructor a los mandos compartidos, juega en una liga completamente diferente. Volar con un instructor en el F-5 le ha permitido a Leonor experimentar en primera persona la realidad física extrema de un piloto de caza.

Su formación se condensa en un año

Al ir acompañada por un profesional del Ala 23, la Princesa ha podido experimentar maniobras tácticas, ascensos casi verticales y giros cerrados que someten al cuerpo a una presión brutal —es decir, una gravedad extrema—. Un piloto novato no puede hacer esto solo en un reactor; necesita que un instructor maneje los límites de la aeronave mientras ella siente la exigencia física real a la que se enfrentan los futuros pilotos de los Eurofighter o F-18. Además, este logro se ha producido, ya que la princesa, aunque estaría en su primer curso de formación en la AGA, está haciendo un plan militar condensado. Al subirse al F-5 en la base de Talavera la Real, ha podido asomarse de primera mano al último y más exigente escalónde la formación de los oficiales del Aire. Es una forma de que la futura Jefa Suprema de las Fuerzas Armadas entienda el esfuerzo, la preparación psicológica y la pericia técnica que se le exige a la élite de sus futuros subordinados.

Por pura seguridad nacional y protocolo de la Casa Real, la heredera al trono jamás volaría sola en un caza supersónico de combate. El riesgo de un accidente en un avión que vuela a más de 1.600 km/h es muy elevado. Que lo haga con un instructor del Ala 23 —los pilotos más experimentados del Ejército— garantiza que ella viva la experiencia militar real, pero con un seguro en el asiento trasero o delantero, listo para tomar el control ante cualquier imprevisto.

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