Víctimas de las monjas HAM piden ayuda al cardenal de Madrid ante sus «graves secuelas»
Le exigen a Cobo que pida perdón «por la negligencia y la permisividad de la Iglesia» con esta asociación religiosa

'Marimí', en el centro, con varias monjas de la asociación religiosa de las HAM. | THE OBJECTIVE
Un grupo de víctimas y afectados de las Hijas del Amor Misericordioso (HAM) ha enviado una carta al cardenal de Madrid, monseñor José Cobo, en la que le piden la disolución de la asociación religiosa, así como «asistencia psicológica, espiritual y económica» del arzobispado ante las «graves secuelas» que sufren tras «casi dos años inmersos en este proceso» de denuncia y cuando «la situación de dolor no cesa».
En la misiva, a la que ha tenido acceso THE OBJECTIVE, los afectados «en todas sus vertientes -femenina, masculina y fieles laicos vinculados-» se dirigen a Cobo «con una impotencia que no podemos contener» y al ver que la Iglesia «no está respondiendo con la contundencia que las víctimas esperábamos». En este sentido, los firmantes constatan «la evidencia de que las medidas actuales son insuficientes» con la intervención decretada en julio del año pasado, por lo que exigen que el comisariado especial puesto al frente de las HAM «se haga más presente para garantizar la seguridad de las personas que siguen dentro de la estructura», o que esta asociación sea suprimida. «No aceptaremos que se ignore la realidad del daño psicológico, espiritual, moral y económico de las personas que es conocida perfectamente», subrayan.
Las víctimas ven «imprescindible» intervenir en la dirección de las HAM «con presencia continuada» en todas las casas y conventos de la asociación religiosa. «Que la comisaria (Pilar Arroyo) resida internamente en la comunidad y ejerza de autoridad permitiría que quienes están sometidos a una situación de abuso puedan acudir a alguien en el momento de crisis. Un control externo no es suficiente para atender la necesidad de las víctimas frente a las dinámicas de manipulación y la presión a la que están sometidas», hacen hincapié. Además, exigen que se aparte a varias personas de las Once, el núcleo duro de veteranas que rodean a María Milagrosa Pérez Caballero, más conocida como Marimí o Mamí, quien ejercía de superiora general hasta la intervención de la Iglesia hace nueve meses. En concreto, se cita a «Clara, Camino, Anastasia, Fátima y cualquier otra hermana que haya ejercido o ejerza control coercitivo y abuso sobre las hermanas».
Además, en la misiva se desvela la constancia de «desplazamientos no autorizados» a los conventos de Escalona (Toledo) y Carmona (Sevilla), «infringiendo las resoluciones de julio de 2025» que ordenó la archidiócesis de Madrid. «Creemos importante que se debe cortar cualquier comunicación, directa o indirecta, con María Milagrosa Pérez Caballero y la rama masculina. Asimismo, solicitamos que las hermanas sean atendidas por un equipo de psicólogos y psiquiatras ajenos a la comunidad para evaluar su estado real y ofrecerles espacios seguros ante abusos o desórdenes afectivos, así como un equipo de sacerdotes externos especializados en las dinámicas abusivas para garantizar que la asistencia espiritual pueda ser de su ayuda», reclaman los firmantes.

A juicio de estos últimos, la Iglesia debe «reconocer y reparar este gran sufrimiento generado a las víctimas y familias afectadas» por esta causa. «Deseamos de corazón que nos escuchen y actúen con más contundencia en este proceso. Nosotros no podemos seguir nuestras vidas con indiferencia, sabiendo que aún existen personas sumidas en el sufrimiento y carentes de auxilio. Nos gustaría que nadie más estuviera en el lugar de ninguna de las víctimas que estamos escribiendo esta carta, nadie se merece este dolor y sufrimiento producido con el respaldo de la Iglesia».
Tras ello, piden al cardenal Cobo que actúe «con la contundencia requerida, priorizando la salud mental y la vida de las personas» ligadas a esta asociación religiosa. «Siendo conocedores de la gravedad de algunos casos, no se puede permitir actuar con indiferencia y prolongar la agonía de las personas. Ellas, aún expresando hacia fuera su fidelidad al supuesto carisma, han demostrado una dificultad extrema para pedir ayuda y conseguir salir de la comunidad. Además, muchas de ellas, como sabéis, lo hacen con graves secuelas y necesidad de terapia», subrayan al arzobispo de Madrid.
Las víctimas de las monjas HAM solicitan, asimismo, que la Iglesia se pronuncie «con firmeza acerca del engaño de este ‘carisma’» en torno a Marimí y rechace «con dureza y claridad que Dios quiere el maltrato y el abuso de las personas» como denuncian algunas personas que han salido de esta comunidad. «Está en vuestras manos y es vuestro deber dar una respuesta a quienes somos víctimas. Y además de haceros responsables, pedir perdón por la negligencia y la permisividad de la Iglesia con este grupo que se ha cobrado muchos años de sufrimiento injustificado en la vida de las personas», le indican a Cobo.
«Reivindicamos que en las distintas diócesis y realidades históricas de esta asociación, nos referimos a los hermanos de Getafe, se tomen medidas según el informe que fue elaborado por la Rota. De nuevo les trasladamos nuestra entera disponibilidad para continuar colaborando en todo lo que sea necesario dentro de esta causa. Para garantizar la privacidad de los afectados, designamos un único responsable de comunicación. Pedimos que nuestros datos personales se traten con finalidad exclusiva de gestionar este expediente, con acceso restringido al personal estrictamente necesario, y sin cesión a terceros», concluyen los firmantes.
A finales de marzo se produjo un rayo de esperanza para las familias que denuncian la situación que viven sus hijas dentro de las HAM con la decisión de tres hermanas de abandonar la asociación religiosa de forma voluntaria. Las víctimas de este colectivo religioso ya remitieron en febrero una carta a Cobo para advertirle de la situación intramuros en el convento de Los Molinos (Madrid) y que se apartara a Clara de la dirección del convento, «así como a cualquier otra hermana que pueda estar ejerciendo persuasión o control coercitivo sobre las novicias u otras hermanas en situación de recuperación, pues su presencia les dificulta enormemente su alejamiento, desconexión y desprogramación del ideario y adoctrinamiento HAM».
