Barcelona recibe al Papa con el reto de enmendar la deslucida visita de Benedicto XVI
La llegada de León XIV actúa como revulsivo turístico pero vuelve a generar resistencia local 16 años después

El papa Benedicto XVI en el exterior de la Sagrada Familia durante su visita a Barcelona en 2010. | EP
Dieciséis años después de la visita de Benedicto XVI, Barcelona recibe este miércoles al papa León XIV. Tras el éxito cosechado en Madrid, donde el Pontífice congregó a cerca de un millón de fieles en la plaza de Cibeles, existe expectación acerca de la afluencia que atraerá su presencia en la Ciudad Condal. En 2010, las calles estaban preparadas para recibir a unas 400.000 o 500.000 personas, la estimación que barajaban en el Ayuntamiento y el Arzobispado, pero finalmente el público quedó reducido a entre 100.000 y 250.000 asistentes.
Quizá por ello esta vez no se ha facilitado una previsión oficial de afluencia total ni se ha concebido la visita a la capital catalana como un baño de masas en el exterior. El acto que se prevé más multitudinario es el del Estadio Olímpico, donde se espera que unas 40.000 personas presencien en directo la vigilia y los espectáculos musicales. Para contextualizar esta cifra: cantantes como Bad Bunny o Bad Gyal han superado los 50.000 espectadores en el mismo recinto, aunque en condiciones de seguridad muy distintas.
Para quienes quieran seguir desde fuera la bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia, se instalarán pantallas gigantes lejos de la basílica, en Arc de Triomf y en Glòries, que difícilmente moverán multitudes comparables a las de Cibeles. Mientras que Madrid cuenta con una extensa comunidad católica y el Pontífice ha atraído, entre otros, a miles de turistas nacionales y latinoamericanos, el turismo en Barcelona es de un perfil más internacional, con una proporción significativa de los visitantes de países mayoritariamente no católicos, y con más peso en la inmigración de comunidades musulmanas. Además, Cataluña destaca por ser una de las comunidades autónomas más laicas de España.
A pesar de todo, algunos empresarios catalanes ven con esperanza la llegada de León XIV, en la que ven no solo un impacto económico directo, sino la posibilidad de promocionar la Sagrada Familia y la ciudad al mundo. De este modo, podría suponer una especie de revulsivo para activar el turismo y la actividad económica en los próximos meses, como ya ocurrió tras los Juegos Olímpicos de 1992. Todo ello en el contexto que se prevé de récord histórico por la propia dinámica previa de crecimiento turístico y por la necesidad de buscar nuevos destinos seguros ante la inestabilidad de Oriente Próximo, que puede beneficiar a los destinos del Mediterráneo occidental.

Sin embargo, el hecho de que la visita del Pontífice pueda impulsar el turismo genera rechazo vecinal en algunos sectores hastiados con la masificación, especialmente cuando la ciudad acaba de celebrar el festival musical Primavera Sound, que cerró con 287.000 asistentes, y en pleno junio, que tradicionalmente es, junto a septiembre, el mes en que la metrópolis soporta más sobrecarga turística, puesto que coinciden los viajes vacacionales con los de negocios por la celebración de congresos profesionales internacionales.
Las críticas y polémicas no son un elemento nuevo asociado al aterrizaje del actual papa en Barcelona. También en la visita de Benedicto XVI en 2010 se desataron protestas de plataformas vecinales, antiturismo, laicas y LGTB. Otro aspecto que se ha repetido es el malestar por las restricciones de movilidad que sufrirán estos días los barceloneses. En esta ocasión, el Gobierno autonómico había manifestado inicialmente que las visitas oficiales de autoridades no deben alterar la normalidad de los transportes y la vida de la ciudad, pero finalmente ha terminado rectificando y recomendando el teletrabajo en la medida de lo posible.
Una de las diferencias con respecto a hace 16 años será la presencia del presidente del Gobierno. José Luis Rodríguez Zapatero optó por ausentarse de la misa para separar Estado y religión, mientras que esta vez la presencia de Pedro Sánchez, que se ha reunido ya en varias ocasiones con el líder espiritual, sí está confirmada. La bendición papal de la Torre de Jesús marcará la tercera ocasión en que un Pontífice oficia una ceremonia en la Sagrada Familia, después de que Juan Pablo II y Benedicto XVI ya visitaran en 1982 y 2010, respectivamente, el templo diseñado por Antoni Gaudí que lleva 144 años en construcción.
