Así es el caza de combate turco en el que ha puesto sus ojos La Moncloa
Ante la negativa política de adquirir el F-35 norteamericano, el avión turco se muestra como un firme candidato

Caza turco TAI KAAN.
Han pedido precio. Moncloa encadena una serie de diferencias con el Gobierno estadounidense y en el lote entra no adquirir sus productos militares; el deseado y necesario Lockheed Martin F-35 queda casi definitivamente fuera de los planes. La alternativa más accesible es un caza turco de quinta generación. El Gobierno español ya ha preguntado de manera oficial, así que el avión llamado a defender el espacio aéreo sobre nuestras cabezas bien podría ser el TAI KAAN.
En la doctrina militar de los cielos españoles siempre ha existido la tradición de echar mano de dos vías de suministro alternativas. Si unos se vieran obligados a quedar en tierra por alguna razón, siempre quedarían los otros. Hoy se refleja en el Eurofighter de la europea Airbus y los veteranos F-18 norteamericanos. Ambos conforman el grueso de la fuerza aérea nacional. Los primeros, unos magníficos aparatos de cuarta generación, tienen mucha vida por delante, pero las aeronaves americanas están pidiendo el relevo desde hace ya tiempo, y el candidato perfecto es el F-35.

Las desavenencias entre ambos lados del Atlántico, con un pacto muy rumoreado, enfrían la situación y resulta necesario encontrar alternativas, pero no hay muchas. Durante la celebración de la feria de defensa Saha 2026 en Estambul, altos directivos de la corporación estatal Turkish Aerospace han confirmado la existencia de negociaciones preliminares para la venta del TAI KAAN a España. La noticia, adelantada por Infodefensa, eleva un rumor que llevaba meses circulando por los mentideros militares a la categoría de expediente formal sobre la mesa del Ministerio que preside Margarita Robles.
Mayor soberanía operativa
El KAAN no es un avión cualquiera ni un programa improvisado. Es el caza furtivo que Turquía empezó a desarrollar tras ser expulsada del consorcio del F-35 en 2019 por la compra de los sistemas antiaéreos rusos S-400. En tiempo récord se ha puesto en el aire y realizó su primer vuelo en febrero de 2024 en la base militar de Mürted, cerca de Ankara. Bimotor, con estabilizadores en V y líneas que recuerdan al F-22 Raptor, el aparato pretende ser la respuesta turca a una dependencia tecnológica que Turquía no quiere asumir.
El primer paso del acuerdo hispanoturco ya está dado. Hace pocas semanas se selló la entrega de los primeros TAI Hürjet, rebautizados Saeta II en su versión española. Se trata de un entrenador avanzado biplaza que sustituirá a los vetustos F-5 y que se ensamblará con tecnología compartida en la planta de Airbus en Getafe. Las concesiones industriales son lo que distingue esta operación de cualquier compra anterior. Turquía no ofrece un avión cerrado: ofrece la posibilidad de españolizarlo, de integrar sistemas nacionales, ceder transferencias tecnológicas y permitir que Airbus, Indra, GMV o Sener metan mano en una plataforma de quinta generación, algo que nunca han tenido tan a mano.
El acuerdo ofrecería a España mayor soberanía operativa, a diferencia del F-35 estadounidense, que no permite integración de sistemas nacionales ni control absoluto sobre el aparato. Para la industria española, fuera de la quinta generación occidental, ese matiz es la diferencia entre seguir existiendo o convertirse en mero comprador.
Washington presiona
El argumento militar, sin embargo, no es tan rotundo como el industrial. El KAAN sigue siendo un programa inmaduro: hay un solo prototipo en vuelo, las primeras unidades plenamente funcionales no llegarán a Turquía hasta 2028 o 2029 y, sobre todo, vuela con un motor que no es turco. Los primeros aparatos montan el General Electric F110, el mismo que usan los F-16 estadounidenses, lo que abre un flanco político delicado. Washington presiona al proyecto turco y retiene las licencias de exportación de esos motores. La situación ha llevado a la industria local a desarrollar su propio propulsor, el TF3500, con la ayuda de Rolls-Royce.
La asociación con Ankara tampoco está exenta de servidumbres. Turquía es miembro de la OTAN, pero su política exterior se mueve con una autonomía que en ocasiones choca con Bruselas. Ejemplos como la invasión de Chipre en los setenta, las operaciones militares en Siria, el apoyo a Azerbaiyán frente a Armenia o la persecución de las minorías kurdas componen un historial difícil de digerir para un socio europeo. Firmar el KAAN equivale a comprometerse con la industria de defensa turca durante las próximas dos o tres décadas, en programas conjuntos que abarcarán desde drones hasta posibles portaaviones como el Anadolu, hermano gemelo del Juan Carlos I español, y que tan buenos resultados les está dando.

Y luego está la Armada. Su situación es todavía más crítica que la del Ejército del Aire, porque el retiro previsto de los AV-8B Harrier II Plus dejará al Juan Carlos I sin aviación embarcada de ala fija, salvo que se adquiera el F-35B, de despegue vertical. El KAAN, en su configuración actual, no despega de cubiertas cortas ni aterriza de manera vertical. Existe la posibilidad de una versión naval embarcable en un futuro portaaviones sin catapulta de lanzamiento, en cuyo diseño Turquía y España estudian colaborar, pero ese horizonte se mide en lustros, puede que décadas.
Cualquier oasis parece bueno
Las cifras del programa turco son, en cualquier caso, ambiciosas. El pedido para la Fuerza Aérea de Turquía se sitúa en un total de 148 aeronaves de quinta generación, con entrega de las primeras unidades en el año 2028, mientras que Indonesia ha firmado un pedido de 48 ejemplares del KAAN. A esa lista podría sumarse Egipto en los próximos meses. Si España firmara, sería el segundo cliente de la OTAN del aparato y abriría una puerta industrial que ningún país europeo, salvo Reino Unido a través del programa Tempest, tiene hoy disponible.
La pregunta de fondo no es si el KAAN es mejor o peor que el F-35. Es si España puede permitirse seguir sin caza de quinta generación durante los 15 o 20 años que faltan para que el FCAS entre en servicio, asumiendo que llegue a entrar en servicio. La respuesta operativa es no. La respuesta política, hasta ahora, ha sido callar y mirar para otro lado. La aparición del aparato turco rompe esa dinámica y obliga al Gobierno a decidir entre comprar dependencia americana o asumir dependencia turca.
Lo que no se discute, porque no admite discusión, es que el problema existe. Los Hornet llegan al final de su vida útil, los Harrier estiran como pueden su existencia, el Eurofighter envejece con un diseño excelente pero que deja poco espacio al futuro, mientras que el FCAS no termina de nacer. En ese desierto, cualquier oasis parece bueno. El KAAN puede no ser la mejor opción posible, pero tiene la ventaja de ser una opción real y dispuesta a abrir las tripas de su software a la industria española. Eso, y echar cuentas, muchas cuentas. Pero, si es caro tenerlos, puede serlo mucho más no tener nada.
