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Los ucranianos tienen una linterna inteligente que encuentra drones rusos en plena oscuridad

El dispositivo fusiona imagen térmica y un designador láser con un alcance de hasta cinco kilómetros

Los ucranianos tienen una linterna inteligente que encuentra drones rusos en plena oscuridad

Un militar ucraniano haciendo uso de un detector de drones Space Ray.

A simple vista, parece uno de esos inventos de la marca ACME con los que el Coyote intentaba cazar al Correcaminos. Se usa como un fusil y parece una extraña caja de zapatos encastrada sobre una empuñadura. La verdadera magia empieza cuando cae la noche, a la que convierte en día, y es capaz de cazar drones rusos con la eficacia de una lechuza ratonera con hambre. Se llama SpaceRay y, cuando sus operadores lo encienden, los drones rusos caen como moscas.

El modo de uso es bastante sencillo. Una noche cualquiera en Ucrania, dos soldados con guantes, agachados sobre una furgoneta aparcada en el arcén de una carretera secundaria, lo manipulan en silencio. Apuntan al cielo, hacen contacto con un punto invisible a simple vista y aprietan un gatillo lateral. Unos segundos después, un dron Shahed remitido por cortesía de Moscú se desploma envuelto en llamas.

Esa estampa se está repitiendo cada jornada en los terrenos de Volodímir Zelenski, y el aparato que la hace posible se ha desarrollado con la finalidad de defender su territorio. La empresa ucraniana SpaceRay ha desarrollado este sistema portátil de seguimiento y designación de objetivos para las brigadas antiaéreas, y está lo están usando más de 50 unidades en el frente.

La aparente sencillez del dispositivo oculta una de las ingeniosas soluciones que han surgido de la economía bélica en pleno conflicto: han convertido un problema de identificación visual de blancos nocturnos en pan comido gracias a una suerte de linterna inteligente. El contexto operativo es lo que justifica la existencia del invento, en apariencia sencillo, pero en el que nadie había pensado hasta la fecha.

La situación es la siguiente: Rusia lanza contra territorio ucraniano cientos de drones Shahed-136, Geran-2 y Gerbera cada noche, ahora a velocidades crecientes y a altitudes que oscilan entre unos pocos metros y dos kilómetros de altura. Estos últimos son imposibles de alcanzar por las ametralladoras pesadas. Por otro lado, los que vuelan a la altura de los tejados esquivan el radar y obligan a las brigadas a localizarlos primero por el oído y luego con el haz de un proyector convencional.

Esa combinación de oído humano y proyector de luz blanca es la que SpaceRay ha querido liquidar. El SpaceRay SA, que es la denominación del invento, integra un sensor de imagen térmica, un designador láser y un monitor de 7 pulgadas en una sola unidad portátil. La cámara térmica es capaz de dar con el objetivo aunque el Shahed lleve su característica pintura negra mate antirreflectante; el láser lo señala en el cielo con un punto rojo visible para el tirador, y el monitor permite al operador y al encargado de derribarlo ver el mismo marco táctico al mismo tiempo.

La cifra que vertebra el discurso comercial de SpaceRay es contundente. El sistema reduce el coste por interceptación a unos 400-500 euros, una cantidad ridícula comparada con los 100.000 que puede costar un misil MANPADS, los cuatro millones de un Patriot o incluso los 25.000 euros que ronda fabricar un Shahed de los baratos y poco equipados. La asimetría económica que estaba sangrando a Ucrania empieza a invertirse: ahora derribar el dron sale más barato que lanzarlo. Para una guerra que se mide en costes por aniquilación, ese dato no es un detalle, sino una cuestión estructural.

El SpaceRay SA opera siguiendo un guion sorprendentemente sencillo: el sensor termográfico barre el sector aéreo asignado y detecta cualquier firma de calor superior a la del entorno por mero contraste. Cuando aparece un punto sospechoso, el operador lo encuadra en la pantalla y activa el designador láser, que proyecta un haz infrarrojo invisible al ojo desnudo, pero que genera un punto visible sobre el blanco. La marcación láser permite a los ametralladores y artilleros antiaéreos ver al enemigo a distancias de hasta 5 kilómetros, incluso en total oscuridad.

La pieza más astuta del sistema no es la detección, sino la coordinación. Al emplear dos sistemas a la vez, el grupo recibe la designación del blanco en forma de retícula de láseres, lo que simplifica la tarea de los tiradores sin equipo de visión nocturna. Si dos SpaceRay SA marcan el mismo dron, crean un cruce de haces en el cielo, una cruz luminosa flotante que el ametrallador solo tiene que tocar con la línea de tiro.

El sistema no se limita a guiar disparos. También proporciona una trayectoria clara para drones interceptores a distancias de hasta 12 kilómetros, guiándolos directamente al objetivo. Esta función lo convierte en algo más que un visor para tirador: es también un radar óptico para los enjambres ucranianos de drones cazadores, esos pequeños interceptores de 2.000 a 5.000 euros que en febrero derribaron más del 70% de los Shahed que se aproximaron a Kiev. El láser dibuja el camino y el dron lo recorre en un viaje suicida.

Las cifras técnicas redondean la oferta. El sistema opera entre 25 grados bajo cero y 45 grados sobre cero, lo que cubre desde el invierno de Járkov hasta el verano del mar Negro. La formación del operador requiere media hora de instrucción teórica y unas pocas horas de práctica. El detalle resulta decisivo al saberse que las brigadas antiaéreas se nutren de reservistas con poca experiencia con ópticas de grado militar. SpaceRay no fabrica un instrumento de élite, sino un electrodoméstico de guerra: barato, robusto y manejable en una tarde.

En el mercado occidental existen designadores láser comparables, pero ninguno juega en la misma liga económica. El NTIRL3 chino integra un láser designador, un canal de imagen térmica de alta resolución y un telémetro láser en una sola unidad portátil, pero está pensado para guiar artillería y misiles, no marcar drones para ametralladoras. Los sistemas de Teledyne FLIR o Raytheon están pensados para integrarse en vehículos blindados, drones o pods aerotransportados, no para dos soldados encima de un todoterreno civil.

SpaceRay vende a través de su web sus dispositivos a precios que oscilan entre los 310 euros del modelo más básico de un kilómetro y los 1.940 euros al cambio del más potente, con haz regulable de 4 a 5 kilómetros. El SA no figura todavía en el catálogo abierto, pero en una empresa cuyo producto más caro vale menos que un televisor de gama alta, la escala económica está clara. SpaceRay ha suministrado más de 1.000 proyectores a las Fuerzas Armadas ucranianas y trabaja ya con más de 50 unidades militares.

Nuevas reglas para la guerra del futuro

Las brigadas móviles antiaéreas ucranianas llevan desde 2023 demostrando que la defensa puntual distribuida, con medios bastante sencillos y accesibles, puede degradar de forma notable un ataque masivo. Su éxito en la defensa de zonas urbanas e infraestructuras críticas ha demostrado un modelo táctico que ejércitos con muchos más recursos que el ucraniano han copiado. El ejército estadounidense, el del Reino Unido, Alemania, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos ya aplican o estudian estas pautas.

Lo que este aparato ilustra es una vieja lección de la guerra moderna disfrazada de novedad técnica. Cuando un bando dispara armas baratas en grandes cantidades, el otro tiene que aprender a derribarlas con armas todavía más baratas. La industria ucraniana ha entendido eso antes que nadie y ahora vende lo que ha aprendido como por Amazon. Ellos llegaron antes; detrás irán —iremos— todos los demás.

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