The Objective
Tecnología

Si la DEA te tiene rodeado, seguramente no te detenga un agente, sino este dron

Los robots policiales no dejan de avanzar y las agencias de seguridad parecen encantadas con sus posibilidades

Si la DEA te tiene rodeado, seguramente no te detenga un agente, sino este dron

El nuevo dron Skydio R10.

La profecía se ha cumplido y Tom Cruise fue su heraldo. En la película Minority report, un puñado de arañas robot penetraban en un edificio, identificaban a sus ocupantes y reportaban a los agentes apostados en la puerta. Esto ya no es un invento de Hollywood, sino una herramienta que acaba de comprar la DEA (Administración de Control de Drogas, por sus siglas en inglés): drones que asaltan edificios por delante de sus agentes.

La escena bien podría ser como sigue: unos malotes hacen de las suyas en una casa en las afueras de una ciudad cualquiera. De repente: una voz metálica, y no es la de un agente apostado en el pasillo, ni la del negociador al teléfono. Llega desde algún punto del techo, a casi dos metros de altura. La voz no la emite ninguna persona física, sino un dron que zumba en el pasillo a punto de entrar en la estancia donde cortan droga, dan una paliza a un secuestrado o cuentan el dinero de un atraco reciente.

La imagen es ficticia, muy peliculera, pero la tecnología que la protagoniza no lo es. Desde hace décadas, los cuerpos de élite saben que la fracción de segundo entre abrir una puerta y saber qué hay al otro lado puede costar una vida. Las tácticas de entrada en el interior de casas, habitaciones o estancias implican mover efectivos hacia lo desconocido con información escasa, incluso nula, y con el factor sorpresa como único aliado. El coste de esa incertidumbre se mide en bajas.

El manual puede estar llamado a cambiar para siempre: antes de que entre el primer operativo, entra una cámara que vuela. Los equipos tácticos del FBI, la DEA y algunas unidades especiales ya operan con pequeños drones de reconocimiento interior que despejan habitaciones, detectan presencias y transmiten vídeo en tiempo real a los operadores que esperan fuera.

La última jugada en este sentido ha sido la de la archiconocida DEA, que acaba de formalizar la adquisición de drones de la marca Skydio y su modelo R10, un cuadricóptero que pesa 770 gramos y mide 25 centímetros de lado. Puede viajar con espacio más que suficiente en el maletero de un coche patrulla y encaja en cualquier protocolo de asalto que se quiera reescribir.

El R10 carece de GPS; dentro de un edificio es tan útil como el limpiaparabrisas de un submarino. En su lugar, usa sensores ópticos y el sistema de visión nocturna NightSense, que es capaz de esquivar obstáculos en ausencia total de luz. Sus dos sensores frontales Samsung de 32 megapíxeles mapean el entorno en tiempo real y permiten vuelos autónomos por pasillos, escaleras y habitaciones sin necesidad de un piloto con meses de entrenamiento.

El androide volador lleva hélices rodeadas de una especie de parachoques que permiten al aparato rebotar contra paredes o muebles y seguir en vuelo. Sus aspas no se detendrán si impactan contra una pared. Si por alguna razón es derribado y queda boca abajo, se activa el llamado «Turtle Mode» (lit.: «modo tortuga») y se da la vuelta de forma autónoma en un chasquido de dedos.

La conectividad funciona sobre redes de telefonía móvil y alterna entre operadores para mantener el enlace incluso detrás de muros de hormigón. Pero el detalle más llamativo —y el que protagoniza la escena con la que abre este artículo— es el altavoz integrado de 82 decibelios con sistema de audio bidireccional. No solo habla, también escucha. El R10 se convierte en algo más que una cámara: es un interlocutor que llega antes que ningún agente, el negociador perfecto.

Que el Skydio haya sido seleccionado bajo los estándares de ciberseguridad del Departamento de Justicia tampoco es un detalle menor. Significa que el aparato ha superado los filtros federales que regulan qué sistemas no tripulados pueden operar en entornos sensibles. En un mercado donde proliferan drones de origen chino con costes muy inferiores, este sello equivale a una patente de corso para circular por toda la cadena de agencias del Gobierno federal. Cuando una te compra, la lluvia de contratos posterior suele inundar de trabajo a sus líneas de producción… y a los que emiten las facturas.

Pero el Skydio R10 compite contra otros sistemas, como el Flyability Elios 3, de fabricación suiza, que lleva años como referencia en espacios confinados y ha encontrado aplicaciones tácticas reales. El Teal Golden Eagle, también estadounidense, está homologado para uso militar y de seguridad interior. El BRINC Lemur 2, diseñado de forma específica para fuerzas de seguridad, es capaz de romper ventanas y comunicarse con personas atrapadas. El mercado crece y va a más a toda velocidad.

Y hay razones para pensar que acelerará aún más. En 2023, unidades del SWAT de Los Ángeles emplearon drones de interior durante un asedio de más de seis horas en un edificio de apartamentos; el sistema localizó al sospechoso antes de la entrada y evitó un tiroteo que habría comprometido la seguridad de los vecinos del piso de arriba.

Un espía en el pasillo

La batería del R10 aguanta 20 minutos de vuelo, tiempo más que suficiente para cartografiar una planta completa, identificar ocupantes y trazar una ruta de entrada antes de que un agente ponga la mano en el pomo de la puerta. Ese margen puede salvar vidas.

La tendencia apunta hacia una robotización progresiva de las fases más peligrosas del trabajo táctico. No se trata de reemplazar al agente, sino de asegurar el momento más vulnerable de cualquier operación: el instante anterior a la entrada. Los fabricantes de drones de interior trabajan en plataformas con mayor autonomía, mapeo tridimensional en tiempo real y capacidad de coordinación entre múltiples unidades simultáneas. El futuro no es un dron más pequeño: es una formación de drones que entra antes que cualquier humano, lo mismo que mostraba la cinta de Tom Cruise.

Los agentes de la DEA llevan décadas entrando en casas que no saben cómo son por dentro. A partir de ahora, uno de ellos no tendrá que hacerlo. El que entre primero pesará menos de un kilo, no llevará chaleco antibalas y, si lo tiran al suelo, se levantará solo. La cuestión pendiente —y que ningún dron puede responder— es cuánto tiempo tardará el otro lado en tener el suyo. Que le pregunten a Tom Cruise, que en la película se buscó la vida, pero en THE OBJECTIVE no te vamos a hacer un spoiler de la cinta. Si eres un malote, localízala y toma nota.

Publicidad