The Objective
Javier Rioyo

José Antonio: un raro español y del Atleti

«El ‘Diario secreto de José Antonio’, de José Antonio Martín Otín, es un gran libro para volver la mirada a un personaje despachado con demasiados tópicos»

El verso suelto
José Antonio: un raro español y del Atleti

Imagen creada con inteligencia artificial.

«Cara al sol, con la camisa nueva

que tú bordaste en rojo ayer,

me hallará la muerte si me lleva

y no te vuelvo a ver»

(Foxá, Alfaro, Ridruejo, Mourlane, Sánchez Mazas…)

Era el ausente más presente en nuestras vidas juveniles. José Antonio, en su retrato en camisa azul, bien peinado, más amable, más cercano y juvenil que su «compañero» omnipresente, el militar, dictador, serio y severo, Franco, que siempre se nos hizo lejano. Un militar poco empático, poco atractivo, poco elegante que mal podía competir con la seductora imagen del mártir de aquello que llamaron «cruzada». Un desastre de guerra que nos dividió, nos congeló, nos aisló de Occidente y retrasó años el desarrollo, las libertades y la democracia. Nunca sabremos qué hubiera pasado con José Antonio vivo. ¿Qué hubiera sido de nosotros si hubieran triunfado aquellos contradictorios mensajes de la Falange? Un insólito movimiento que articuló su discurso entre el fascismo y el anticapitalismo y aquella imposible propuesta de un peculiar sindicalismo con cercanías anarquistas, anarcofalangistas.

Católicos sin beatería, republicanos, antimonárquicos, patriotas burgueses, poéticos y pijos. Unas veces cerca de Mussolini, otras, por las conexiones intelectuales, del espíritu de Azaña. Un lío, un enigma, una utopía entre armas y letras difícil de desenmarañar. Yo fui adolescente joseantoniano, pequeño falangista de la OJE, con el disgusto de mi padre y la alegría de mi madre. De allí, por una rebelión antifranquista inducida por un jefe de centuria, salimos antifranquistas. Después de expulsados, nos fuimos por el camino de las acracias felices y las progresías de manual.

Siempre me siguió interesando la historia de la Falange, la de José Antonio Primo de Rivera, la de su corte literaria y de aquella doctrina que «murió» el 20 de noviembre de 1936 cuando el fundador fue fusilado. Después, dicen los que saben, el llamado «Movimiento» con Franco fue construido sobre la traición al «ausente». No soy el único interesado; recuerdo muy bien las conversaciones en casa de Aute para abordar un proyecto documental sobre la controvertida vida del líder falangista. Seguí leyendo, buceando en los documentados escritos que mi admirado José Antonio Martín Otín, Petón para amigos y oyentes, en su descatalogado y heterodoxo acercamiento biográfico, El hombre al que Kipling dijo sí. Ahora estoy fascinado por su manuscrito joseantoniano rescatado del olvido. Un documento que fue escrito a pluma por José Antonio en unas semanas del mes de marzo de 1936 en la prisión de Alicante. Petón lo acaba de publicar con el título Diario secreto de José Antonio. Un bombazo para cambiar muchos lugares comunes de nuestra historia.

Amigo de Azaña y de García Lorca. De Josep Pla, que una vez dejó dicho: «Era muy buena persona este hombre; yo tengo un gran respeto por él. Políticamente, no me parecía muy admirador de su padre; él quería hacer otra cosa». No era el único catalán que hablaba bien del fundador de la Falange; el mismo Jordi Pujol escribió: «Sé que la cita es un riesgo, pero uno de los que entendió mejor, y en circunstancias muy difíciles, a Cataluña, fue José Antonio Primo de Rivera». También con admiración desde su exilio escribe Rosa Chacel sobre José Antonio: «Veo en el hombre una verdad muy profunda, luego recubierta por errores externos a España y propios de la época, del momento… Dos cosas son increíbles: una, que todo eso haya podido pasarme inadvertido a mí, en España, y otra que España y el mundo hayan logrado ocultarlo tan bien. Porque no me extraña que llegaran a matarle: estaba hecho para eso, para que después de muerto se haya silencio sobre su caso».

En el libro de Martín Otín, Petón, se vuelve a sus conocidas relaciones de amistad y mutua simpatía con Federico García Lorca —ya nos lo había contado Pepín Bello, testigo de aquellos encuentros en la tertulia de La Ballena Azul— y a sus muy peculiares relaciones con Manuel Azaña, con muchas más afinidades de las que suponíamos. Una vez más, Azaña calcula mal, se equivoca al pensar que mantenerle preso era una forma de preservarlo de los peligros que para su vida representaron aquellos convulsos meses. No pudo, o no supo, Azaña evitar su fusilamiento sumarísimo en aquel día de noviembre. La guerra propició todo tipo de atropellos a la vida, a la libertad. Una guerra civil que ambos políticos, desde ideologías y posiciones tan diferentes, hubieran querido evitar.

«Entre ingenua y excéntrica nos parece ahora aquella propuesta de gobierno que sugiere el falangista desde la cárcel de Alicante»

Entre ingenua y excéntrica nos parece ahora aquella propuesta de gobierno que sugiere el falangista desde la cárcel de Alicante: Presidencia y Guerra, Diego Martínez Barrio. Justicia, Melquiades Álvarez. Marina, Miguel Maura. Gobernación, Portela Valladares. Instrucción Pública, Ortega y Gasset. Obras Públicas, Indalecio Prieto. Trabajo y Sanidad, Gregorio Marañón. Hay más nombres, ningún monárquico derechista; ningún ultra. Un insólito gabinete donde había masones, liberales, republicanos, socialistas moderados. Nos hace jugar con las posibilidades de una España distinta; feliz ucronía que nos recuerda aquella otra que escribió Max Aub imaginando una RAE donde convivían Alberti y Pemán, Lorca y Foxá o Bergamín y Sánchez Mazas. El sueño imposible de otra España posible.

Hay muchas más sorpresas y curiosas historias desconocidas de ese hombre joven que nos acompañó en fotografía y leyenda los años que vivimos sin democracia. Entre otras, la cercanía a Federico y al mundo de la Residencia de Estudiantes. Fue fundamental la ayuda que consiguió José Antonio para la supervivencia del muy querido empeño de Lorca para que La Barraca consiguiera salvarse. O esa relación carcelaria con un jovencísimo falangista llamado Eugenio Suárez. Memorable y querido periodista que hizo caso a José Antonio y aceptó su salida de la prisión, después que su líder le «liberó» de su obediencia debida al mando, de su juvenil manera de ponerse al servicio. El casi adolescente falangista, Eugenio Suárez, no estaba seguro si salir por la mediación de su padre o quedarse con su admirado líder, que debía seguir cumpliendo condena en la cárcel de la Moncloa. Así se lo dijo Suárez a su padre: primero es la disciplina. Cuando le transmitió sus dudas, su deseo de permanecer a su lado, José Antonio con tranquilidad y simpatía le dijo: «Haz lo que tu padre te diga, esa es la primera disciplina. Y sal de aquí. Este no es un sitio ni para ti ni para mí».

Gran tipo, gran persona y periodista de éxito fue nuestro querido Eugenio Suárez, creador de El Caso y de Sábado Gráfico. Al final de su vida, sin apenas trabajo, olvidado de casi todos, fue ayudado por Jesús Polanco. Tuvimos la suerte de contar con su compañía y su amistad, disfrutar de su memoria en la Cadena SER. Otros tiempos. Nunca olvidaré aquella frase de Eugenio con la que se quejaba de la desatención que sintió como periodista: «¡Y para eso hemos muerto un millón de españoles!». Siempre vivaz, estuvo en muchos frentes. Recuerda Petón que «lo de Tejero le pilló dentro, tenía tajo en Las Cortes esa tarde; unos cuantos periodistas escaparon por la puerta de atrás, a alguno le dejaron salir: él se fue al bar y cuando sonó la ráfaga en el techo del Parlamento, Eugenio le dijo al camarero ‘otro whisky, por favor’». Eugenio y figura. Eugenio o proclamación de la primavera, idealista y falangista como el protagonista de la novela de García Serrano.

Gran libro el de Martín Otín para volver la mirada a un personaje despachado con demasiados tópicos. Anoche lo recordamos unos amigos mientras sufríamos con el Atleti, el equipo de Petón, el de Gonzalo Cores, el nuestro, el de tantos. Y el de José Antonio Primo de Rivera. En este Diario Secreto, se dejan claros los colores y los amores. Varios y poco conocidos amores tuvo José Antonio con algunas de las más elegantes de su tiempo. Aquí se da detalle de algunos en sutiles páginas dedicadas a su vida íntima. No se lo pierdan.

Ese navegante solitario, que tantas veces fue José Antonio, también convivía con el joven social, mundano, aficionado al fútbol y al gimnasio. Para hacer uso de las instalaciones del Gimnasio de Chamartín, el del Real Madrid, había que ser socio. Por eso se hizo socio del club tan blanco, aunque ni eran sus colores, ni vio partidos en ese estadio. «José Antonio Primo de Rivera era socio del Madrid por el gimnasio y del Atlético de Madrid porque le daba la gana». Palabra de Petón. Y el que lo dude, que pida la copia de su carnet de socio del Athletic Club de Madrid, el Atleti, con el número 4.839. Un raro político contra los caciques y los bolcheviques. Un hombre culto en un oficio de tantos aprovechados sin ilustrar. Lo escribe Torrente Ballester: «Estábamos en España tan acostumbrados a la incultura enciclopédica de los que a oficios políticos se dedican, que no pudimos menos de sorprendernos ante la finura mental de José Antonio». Pues eso, que de verdad recuperemos la memoria histórica.

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