Iñaki Bergera: «El edificio de Siza en el balneario de Panticosa siempre llamó mi atención»
El arquitecto, fotógrafo e investigador aúna fotografía y arquitectura en sus últimos proyectos

El arquitecto, fotógrafo e investigador Iñaki Bergera. | ©Liduvina Rojo
El arquitecto, fotógrafo e investigador Iñaki Bergera presenta dos publicaciones: Poéticas del abandono. Siza en Panticosa y Línea P. Los bunkers del Pirineo. Ambos proyectos aúnan fotografía y arquitectura, documentando los conflictos dialécticos en territorios exacerbados por el abandono. THE OBJECTIVE se reúne con Iñaki Bergera para conversar sobre sus últimos trabajos. Ambas publicaciones muestran la investigación del arquitecto y fotógrafo, centrada en documentar visualmente construcciones en estado de abandono. «Mi trabajo encuentra en este contexto otro buen ejemplo de estas arquitecturas en suspenso, piezas inacabadas que dejan paso al tiempo para que transforme su latencia en herida y su espera en deterioro», explica.
PREGUNTA.- ¿Qué lo lleva a fotografiar el proyecto de la arquitectura abandonada de Álvaro Siza en el balneario de Panticosa?
RESPUESTA.- Se enmarca dentro de mi trayectoria fotográfica, que tiene que ver con la arquitectura desde el ámbito artístico y de investigación. A rebufo del «efecto Guggenheim», inaugurado en Bilbao en 1997, la bonanza económica del boom inmobiliario español otorgó, por parte de inversores, una confianza ciega en la arquitectura de autor. En el año 2000, la inmobiliaria Nozar adquirió el establecimiento para convertirlo en un centro turístico internacional y llamó a dos premios Pritzker para rehabilitar el balneario: a Rafael Moneo para ampliar y restaurar el Casino y el Gran Hotel, y a Álvaro Siza para proyectar el Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CAR). En 2008, Nozar entró en quiebra por falta de crédito y todas las obras quedaron paralizadas. El edificio de Siza siempre llamó mi atención: es muy potente, radical y autónomo, y quedó abandonado a dos meses de ser terminado. El complejo del balneario de Panticosa lo empecé a fotografiar en 2011 y seguí su estado de abandono hasta 2021.
P.- Dice que no es fácil encontrar un enclave que plasme con tanta intensidad la relación tensionada entre arquitectura y territorio…
R.- Sí, sobre todo porque el balneario de Panticosa es una cubeta granítica a 1.600 metros de altura, rodeada de picos de más de 3.000 metros, que además hacen una suerte de embudo. Toda la roca que hay alrededor es granito y eso hace que, desde un punto de vista paisajístico, sea muy potente. Es Alto Pirineo: el intento de colocar arquitectura en ese lugar plantea automáticamente un pulso entre la arquitectura y el territorio. El proyecto documenta, mediante una narrativa escéptica y respetuosa, las contradicciones y tensiones entre las lícitas pretensiones formales y un territorio exacerbado. La historia del balneario muestra esa pulsión: en varias ocasiones, aludes de nieve arrasaron edificios.
P.- ¿Qué aporta a la narrativa visual el estado de abandono de la arquitectura? Siza señala en la publicación que era el proyecto en España que más le entusiasmaba y que hoy es un edificio recuperable…
R.- Una de las singularidades del edificio de Siza es que está construido por dos muros de hormigón, uno exterior y otro interior. Desde fuera, hasta el día de hoy, pareciera que la obra estuviera acabada. En cambio, en el interior, ese diálogo de choque entre arquitectura y entorno se hace evidente por la presencia de humedades o de musgo. Se hace patente cómo la naturaleza retorna para recuperar el terreno perdido. Su acción inexorable sobre esos espacios abandonados aporta el argumentario para una narrativa visual distinta del espacio arquitectónico, todo ello imbuido de cierta poética trascendente propia de los procesos de ruina.
P.- El libro sitúa en el siglo XVII el origen de los baños, aunque su apogeo llega en el siglo XX. ¿Para qué se empiezan a utilizar?
R.- La Diputación de Huesca presentó en 2023 la muestra Los baños de Panticosa. Elogio del agua, donde se explicaba cómo sus aguas mineromedicinales eran beneficiosas para la salud y lo convirtieron en un destino vacacional. Se inscribe en la tradición de los balnearios pirenaicos decimonónicos franceses o alpinos, donde la gente iba a «tomar las aguas» para curar enfermedades. En su apogeo había infraestructura para la alta burguesía, pero también para personas con menos recursos. Panticosa era un pequeño pueblo con vida social muy rica: iglesia, alojamientos, tiendas y casino. Acceder al balneario ya era una aventura, por las rutas sinuosas de montaña. En este contexto, Siza rompió con la tradición de cubiertas a dos aguas e introdujo cubiertas planas vegetales, con sistemas para derretir la nieve. El proyecto CAR iba a ser un hotel de 20 habitaciones y él mismo diseñó todo el interiorismo.
P.- ¿Qué ha ocurrido en el lugar desde que se detuvo el proyecto?
R.- Desde la paralización, trabajadores del balneario han puesto en marcha las instalaciones terminadas y han hecho una labor importante de mantenimiento. En verano acuden muchos montañeros y turistas. Los peores años fueron los primeros: el visitante veía un paisaje casi de campo de batalla, con acopios de obra y edificios inacabados. Con el tiempo, Panticosa Resort ha ido reactivando la actividad y destinando recursos a la rehabilitación. Hoy el CAR presenta un deterioro interior notable, pero la estructura está en buen estado. El propio Siza confía en que el proyecto pueda recuperarse y adaptarse.
P.- La otra publicación es Línea P. Los bunkers del Pirineo, todo un hallazgo en términos de defensa…
R.- Fue una operación que decidió Franco en los años cuarenta, en la posguerra. Se trató de una fortificación desde el País Vasco hasta Cataluña, con más de 5.000 búnkeres para repeler una posible invasión. El proyecto, denominado «Obras de Organización Defensiva», se desarrolló entre 1944 y 1952. Quedó obsoleto casi desde su nacimiento y fue abandonado progresivamente hasta caer en el olvido.
P.- ¿Por quién y cómo fueron diseñados?
R.- Es un patrimonio monumental en términos cuantitativos. Sigue la tradición de la ingeniería militar: ingenieros militares diseñaron cada búnker como un «asentamiento» específico según el armamento que albergara. Están construidos en hormigón, con un diseño estandarizado y una disposición estratégica en red para cubrir el territorio.
P.- ¿Cómo se explica el valor patrimonial de la Línea P. hoy?
R.- Nunca entraron en uso y forman parte de lo que se denomina «patrimonio incómodo». Es una investigación visual e interpretativa sobre una operación incomprensible, pero que permite reflexionar sobre la memoria histórica. Si se analiza sin prejuicios, revela valores constructivos, espaciales y territoriales que conviene documentar y preservar.
P.- ¿Cómo llega el proyecto a usted?
R.- Hace dos años decidí abordarlo. Acoté el estudio al Valle de Tena y documenté 185 asentamientos del Sector 23 entre 2024 y 2025, con más de 1.500 fotografías. Ha sido un trabajo casi científico, pero también una exploración visual del búnker como máquina de mirar.
P.- En sus fotografías se aprecia un rigor sistemático.
R.- Fotografié los búnkeres siguiendo una coreografía fija: la tronera, el entorno, la entrada cenital y la salida desde el interior. Buscaba una interpretación arquitectónica y espacial, poniendo en valor su dimensión constructiva y experiencial. La Diputación de Huesca presenta una muestra hasta el 10 de mayo con cerca de 400 imágenes. El libro, editado por La Fábrica, recoge una selección de unas 70 fotografías junto a textos de varios especialistas.
