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Arte

'Dos mujeres desnudas', la historia de un cuadro contada en viñetas

El dibujante Renald Lucier, que firma como Luz, cuenta el periplo de la obra de Otto Mueller, en una genial novela gráfica

‘Dos mujeres desnudas’, la historia de un cuadro contada en viñetas

Algunas de las viñetas de la novela gráfica ‘Dos mujeres desnudas’, de Renald Lucier. | Reservoir Books

En el poema más trascendental de su primera etapa, Torso arcaico de Apolo, Rilke introduce la idea de que cuando contemplamos una obra de arte, ella nos contempla a nosotros. En la novela gráfica Dos mujeres desnudas (Reservoir Books), el dibujante francés Renald Lucier, que firma como Luz, aplica literalmente esta idea. Lo que visualizan sus viñetas es lo que queda frente al cuadro, como si este mirase a sus espectadores. Desde el artista que lo está pintando hasta el coleccionista que lo inspecciona para comprarlo, pasando por los visitantes de un museo que lo contemplan.

La idea puede parecer rara, pero funciona de maravilla. Entre otras cosas, porque lo que Luz nos explica a través de este cuadro es la historia de varias décadas del convulso siglo XX, con los nazis, sus expropiaciones y oscuras maniobras como siniestros invitados estelares. El lienzo que da título al libro lo pintó Otto Mueller en 1919. Lo que se cuenta —a partir de una minuciosa documentación por parte del historietista— es el periplo de esta obra desde que se pintó hasta su actual ubicación en el Museo Ludwig de Colonia. El resultado es el mejor cómic publicado hasta el momento en 2026. Llega avalado por múltiples premios, incluido el del prestigioso Festival de Angôuleme.

Otto Mueller, el pintor de Dos mujeres desnudas, nació en Silesia y le gustaba reivindicar un origen gitano por parte materna. Formó parte del grupo expresionista de Dresde Die Brücke (el puente), cuyas figuras más destacadas fueron Ernst Ludwig Kirchner y Karl Schmidt-Rottluff. Pese a esta pertenencia, Mueller nunca se consideró a sí mismo un expresionista y tenía además la peculiaridad de pintar no al óleo, sino al temple (es decir, con pigmentos mezclados con agua y yema de huevo —u otras grasas— como aglutinante). Esta técnica, poco habitual en el arte moderno, requiere rapidez, porque la pintura se seca muy rápido. Da como resultado un acabado mate, muy característico en Mueller. El artista no solía fechar sus obras, por lo que muchas de ellas presentan problemas de datación. Aunque sí sabemos con certeza que Dos mujeres desnudas la pintó en 1919 y que posó como modelo su esposa entre 1906 y 1921 Maria Meyerhofer, a la que llamaban Maschka.

La temática de desnudos en la naturaleza es la más reiterada en Mueller, con diversas variaciones de sexos y número de personas posando, aunque destacan varios cuadros con dos mujeres. Si se pasan por la colección permanente del Museo Thyssen, tienen allí el más prodigioso: Dos desnudos femeninos en un paisaje.

El cuadro protagonista del cómic, Dos mujeres desnudas, fue adquirido por el destacado coleccionista de pintura alemana Ismar Littman. Era un abogado judío y, cuando en 1933 se empezaron a promulgar las leyes antijudías, perdió el trabajo, se arruinó e intentó suicidarse. Falleció en 1934, a consecuencia de las heridas que se provocó en el intento de suicidio. Entre tanto, también Otto Mueller, tuberculoso, había muerto de neumonía en 1930.

Confiscada por la Gestapo

En 1935, la viuda del coleccionista, decidió subastar las obras que poseía para saldar deudas. Dos días antes de celebrarse la subasta, la Gestapo confiscó 64 pinturas, incluida Dos mujeres desnudas. La colección, representativa, según las autoridades, de «una visión cultural bolchevique típica de un personaje pornográfico», fue almacenada en la Galería Nacional de Berlín. A su director se le encargó que seleccionara 11 y quemara el resto. Y así lo hizo.

Una de las salvadas de la pira fue Dos mujeres desnudas, que formará parte de la exposición itinerante de arte degenerado que organiza el Reich y recorre las principales capitales alemanas. En la organización de esta abyecta muestra, que incluye 730 obras y pretende ridiculizar el arte de vanguardia, participan con fervor directores de museos, marchantes y algunos pintores adictos al régimen, como Adolf Ziegler y Wolfgang Willrich.

Una vez clausurada la exposición, el destino de las obras de arte degenerado debería haber sido la hoguera. Pero como los nazis eran malvados pero no idiotas, convocaron a varios marchantes de confianza para que seleccionaran las piezas más vendibles. Con ellas organizaron en 1939 una subasta en el Grand Hotel Internacional de Lucerna, Suiza, para recaudar dinero para la guerra. Entre las 125 obras subastadas había piezas de Van Gogh, Matisse, Chagall, Modigliani, Marie Laurecin, Kokoschka, Nolde, August Macke, Franz Marc…

Atentado a ‘Charlie Hebdo

De las 125, solo se lograron colocar 35; ninguna de las de Mueller encontró comprador. Para salvar de la quema las obras que no se vendieron, el historiador del arte Hildebrand Gurlitt, al que los nazis habían destituido como director de un museo por su defensa del arte de las vanguardias, propuso adquirirlas mediante una permuta. Esas piezas a cambio de un paisaje del romántico Johann Joachim Faber, un pintor que le gustaba al Führer. Gurlitt se ganaba ahora la vida como marchante y en 1942 le vendió Dos mujeres desnudas al abogado y coleccionista de Colonia Josef Haubrich. Su esposa protagonizó el segundo suicidio vinculado con el cuadro, cuando fue citada por la Gestapo para indagar en sus posibles ancestros judíos.

La colección de Haubrich pasó los últimos meses de la guerra depositada en un castillo. Cuando, finalizada la contienda, el propietario pudo recuperarla, la donó a su ciudad. Dos mujeres desnudas fue exhibida en varias exposiciones internacionales y forma parte de la colección permanente del Museo Ludwig de Colonia. En 1999 la vio allí, en su primer viaje a Alemania tras su huida, Ruth Haller, hija del propietario original, el suicidado Ismar Littman. Cuentan que ella y su esposo permanecieron durante 40 minutos ante la pintura, embargados por la emoción. Ese mismo año el museo la devolvió a sus legítimos propietarios, pero poco después les propuso recomprársela.

El periplo de Dos mujeres desnudas traza una historia de dogmatismo, intolerancia y acciones criminales. Algo que el autor del cómic, Luz, conoce de primera mano, como superviviente del atentado a Charlie Hebdo. Él salvó la vida porque llegó tarde a la reunión convocada esa mañana.

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