The Objective
Arte

Un 'recorrido crujiente' por el Museo Thyssen-Bornemisza

THE OBJECTIVE conversa con Hugáceo Crujiente sobre su visita guiada por la colección permanente de la pinacoteca

Un ‘recorrido crujiente’ por el Museo Thyssen-Bornemisza

Hugáceo Crujiente. | Dorian/ Photographer Madrid

Hugáceo Crujiente presenta el «recorrido crujiente» en el Museo Thyssen-Bornemisza, el último fin de semana de cada mes. Una visita guiada especial por la colección permanente, que revisa desde nuevas narrativas, los estilos, la moda y los mitos de algunos de los artistas más renombrados. THE OBJECTIVE se reúne con la artista, el drag que da vida Hugo Díaz. El recorrido propone un concepto de guía de museo diferente y personal. «La elección de los cuadros que visitamos no fue fácil de determinar: cada uno aborda temas relevantes, mitos o historias universales que maestros como Giovanni Battista Tiepolo, Peter Paul Rubens o Simon Vouet supieron plasmar de manera muy simbólica», nos cuenta.

Pregunta.- A la visita le llama coloquialmente el «recorrido crujiente», dice que siempre despierta dudas entre los visitantes que se lo encuentran.

Respuesta.– No soy un guía oficial del museo, es un recorrido para conocer mi universo a través de mis obras favoritas de la colección permanente. Yo soy drag, así que le doy el toque performático a la experiencia y claro, llamo mucho la atención de los visitantes que nos vamos encontrando por el museo. En el recorrido, hablo de mis procesos creativos, de cómo construí a Hugáceo y me gusta ir añadiendo o quitando piezas a mi indumentaria, mientras vamos pasando de cuadros.

P.- Pone mucho énfasis en la mitología griega.

R.De niño los libros de mitología griega me abrieron la mente, en una época quería ser biólogo marino, luego me di cuenta que quería ser sirena, siempre la creatividad fue parte fundamental en mi vida. Entre los mitos griegos hay personajes maravillosos y tan contemporáneos, pese a la antigüedad. Para mí el dios Zeus representa lo peor del patriarcado. Es curioso cómo los mitos narran asesinatos, violaciones, raptos o desdichas, siempre desde un edulcoramiento, que nos hace normalizar estas tragedias. Me parecía importante empezar el recorrido con El rapto de Europa (1640) de Simon Vouet, viendo a Zeus convertido en toro, mientras seduce a las ninfas para raptar a Europa. Se la lleva a Creta, donde la hace reina, pero nunca nos enteramos qué pensaba o sentía ella. Es una historia que contrasta mucho con La muerte de Jacinto (hacia 1752) de Giambattista Tiepolo, que es la segunda parada y mi cuadro favorito del museo. Tiepolo narra la tragedia griega, desde el amor que sentían Tamaris y Apolo por Jacinto, para mí el Jacob Elordi de la época. Lo mata un disco desviado por el dios Céfiro, el pintor moderniza el mito y reemplaza el disco por una raqueta. La pintura está llena de simbolismos.

«El corsé buscaba acumular pecho, como en el caso de la joven de Rubens, luego tendría como principal objetivo reducir la cintura»

P.- Visitando Retrato de una joven dama con rosario (hacia 1609) de Rubens, se explaya ampliamente sobre moda barroca.

R.– Estudié ilustración en Segovia, luego diseño gráfico en Valencia, pese a que no terminé la carrera, fue una muy buena etapa, porque ahí fue donde conocí a mucha gente que estudiaba diseño de modas. Fue entonces que empecé a jugar con mi imagen y con la ilustración de moda. El cuadro es impresionante por cómo se aprecia el terciopelo negro, en general todas las texturas, pero sobre todo me gusta que el corsé sea protagónico. Es una prenda que tiene muy mal marketing. La corsetería se desarrolla en el siglo XVI, para dar estructura y generar una silueta nueva. En un momento buscaba acumular pecho, como en el caso de la joven de Rubens, luego tendría como principal objetivo reducir la cintura. Era una prenda que además demostraba estatus y poder. En los tiempos modernos se le ha asociado a la opresión, yo no lo veo de forma tan literal, se puede jugar mucho con esa prenda. Madonna fue la gran impulsadora en la contemporaneidad, gracias a Jean Paul Gautier. También vemos en el cuadro el famoso cuello de «lechuguilla», tan barroco, que con el tiempo resultaría siendo la «gorguera», siempre muy almidonado para darle rigidez. Es una prenda que siempre llevo, creo que te brinda inevitablemente un halo de superioridad.

P.- También visita el estilo rococó con el cuadro El columpio (hacia 1750) de Jean-Honoré Fragonard.

R.El rococó lo considero la travesti de los estilos pictóricos, el más es más de todo, pero «para gustos, colores» y a mí me gusta llevarlos todos. Lo que más me llama la atención del cuadro son los zapatos que aparecen. Los tacones los popularizó sobre todo Luis XIV y su corte. En la época, los masculinos eran más toscos y angulosos, mientras que los femeninos, delicados y curvilíneos, pero su tacón siempre era rojo. En algún momento pensé que Christian Louboutin patentó su suela roja en homenaje al rey francés; pero al parecer no tiene que ver, él cuenta que la inspiración vino de una laca de uñas roja que usaba su asistente.

«El bufón era asalariado de la corte y el arlequín tenía su propia compañía, ahora uno sería el asalariado y el otro el autónomo»

P.- Culmina el recorrido con Jardin d’amour (hacia 1925) y Teatro de máscaras (1908) de James Ensor.

R.Bebo mucho de la estética del arlequín, del bufón y de los teatros de feria, estos cuadros eran fundamentales para la visita. Aunque son de distintas épocas, son personajes muy potentes, el bufón era asalariado de la corte y el arlequín tenía su propia compañía, ahora uno sería el asalariado y el otro el autónomo. En el Thyssen también está el cuadro Pierrot contento (hacia 1712) de Watteau, era el payaso blanco que tanto se populariza entre los artistas de la época. Watteau creó una nueva técnica para que su pintura perdure, pero ocurrió el efecto contrario, con tantas capaz de barniz, los cuadros se oscurecían. Esa pintura es muy especial porque en la penumbra podemos divisar a un personaje oculto. Ensor por su parte, usa las máscaras para enfatizar a los personajes, además utiliza el marco del cuadro para contextualizar lo que quiere contar. En Jardin d’amour (hacia 1925) y Teatro de máscaras (1908), el marco hace las veces de teatro y los espectadores terminamos siendo el patio de butacas.

P.- Participó en el reality Drag Race España, ¿fui ahí donde emerge el personaje y la estética de Hugáceo Crujiente?

R.– Ha sido un proceso paulatino, pienso mi estética como un «mito barroco preciosista» que se va ampliando. Normalmente tardo dos horas en maquillarme y utilizo cuatro pares de medias, los accesorios los voy variando, estos aretes en forma de ojos son muy Schiaparelli, pero en realidad son de AliExpress. La ropa casi siempre la diseño yo y la mandó a confeccionar. Me inspiro mucho en The Club Kids, un movimiento que nace en Nueva York tras la muerte de Andy Warhol. Fue un colectivo queer que hacía fiestas temáticas, en cada evento creaban su propia fantasía, era un manifiesto de tipo: «Si no encajamos en este mundo, pues nos inventamos el nuestro». Se iba de fiesta, se tenía que ir grotesco y la indumentaria la tenías que hacer tú mismo. RuPaul, el famoso conductor de Drag Race, era asiduo a estas reuniones, se desarrolló un lenguaje propio, donde no se buscaba lo bello, era pura expresión. John Galliano en la temporada primaveral de 2003 también se inspiró en el movimiento, llevándolo a las pasarelas.

«La palabra travesti la siento muy española y es algo de lo que estoy orgulloso, el ‘drag’ es anglosajón»

P.- La terminología muchas veces confunde, ¿cuál es la diferencia entre travesti y drag?

R.– Para mí ninguna, la palabra travesti siempre se ha usado de manera despectiva, así que prefiero apropiármela, además la siento muy española y es algo de lo que estoy orgulloso, el drag es anglosajón. Pero también es cierto que la travesti se asocia a lo femenino, mientras que la drag a algo más libre, pero yo no lo diferencio. Hugáceo no tiene género, a veces me refiero a mí en femenino, otras en masculino. Mi nombre viene de un mote que tenía en el instituto. En Bob Esponja el restaurante se llama El Crustáceo Crujiente. Me gusta cuando los niños me preguntan que qué soy, el otro día una niña me gritó: ¡sé que no eres una chica! Mi personaje ha ido evolucionando poco a poco, siempre he querido jugar con colores y sus degradados, es como una trasformación hacia una ilustración. El lunar que hace las veces de tercer ojo siempre lo he tenido, de niño se metían mucho conmigo por él, así que ahora lo enfatizo y reivindico. Además, los lunares son muy rococós.

P.- Los museos que albergan obras de la Antigua Grecia, del Renacimiento, del Manierismo, el Prerrafaelismo, entre otros estilos pictóricos, tienen entre sus obras muchos personajes andróginos como protagonistas. Aun así, es difícil que estas instituciones le den espacio a iniciativas como la del «recorrido crujiente».

R.El arte está lleno de androginia, por eso digo que hay que romper la perspectiva masculina del arte, proponer otro tipo de recorridos, hay que narrar nuevas cosas y revisar lo que se ha contado desde otras perspectivas. Yo en clave de humor cuestiono muchos prejuicios, mientras voy narrando las historias.

P.- Hoy en día Hugo Díaz tiene los mismos intereses y proyectos que Hugáceo Crujiente?

R.- Últimamente siento que Hugáceo le drena mucha energía a Hugo, pese a que compartimos mismos intereses. Me gustaría retomar mis ilustraciones, también estoy conectando mucho con la ópera, en mi drag show el lipsing que hago es de óperas en lugar de música contemporánea, me encanta el universo. También estoy colaborando con el Teatro Real, para comunicar las ventajas de ser Amigo Joven del Teatro, voy muy seguido a la ópera. El año pasado tuve un papel en El potosí submarino, una zarzuela ambientada en la España de los noventa. Lo que más me interesa ahora es centrarme en los recorridos del Thyssen y explorar nuevos espacios de performance.

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