Los dos PP
«Madrid, Andalucía y Extremadura muestran que no existe un solo PP, sino varios, cada uno hijo de un ecosistema político. Y esa pluralidad es la condición de su éxito»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Quizá la virtud de Feijóo sea haber dejado que el PP tenga un perfil propio en cada región. Así, la maquinaria popular se adapta al terreno electoral porque lo importante es ganar. La decisión es buena: cada victoria autonómica aprieta más a Sánchez y presenta a un PSOE en retroceso. La táctica es inteligente, aunque desconcierta a los que piensan que un partido es una secta ideológica fuertemente jerarquizada, cuya única tarea es obedecer sin rechistar los dictados de la cúspide directora. Por eso el PP es la fuerza mayoritaria en la derecha y alternativa de gobierno, y Vox no supera el 18% aspirando como mucho a ser el apoyo de los populares.
El perfil de Moreno Bonilla es muy peculiar, quizá similar al de Guardiola en Extremadura. Los dos proceden de regiones que fueron feudos socialistas durante décadas. En ese tiempo se forjó un ethos -una forma de pensar que condiciona unas costumbres- que ha obligado al PP a acercarse a posturas «progresistas». Ambos han tenido que aceptar postulados templados de la izquierda que han pasado a ser moneda corriente entre la ciudadanía de sus regiones. Me refiero a cuestiones en dos ámbitos: la igualdad y la inmigración. Los populares andaluces y extremeños no dan la batalla en estos ámbitos -lo que haría las delicias del PSOE- sino que los obvian y se centran en otras cosas. Esto desarma al Partido Socialista, y permite al PP absorber al elector socialdemócrata que repudia a Sánchez, o bien llevarlo a la abstención. De hecho, el Partido Socialista perdió 108.000 votos en Extremadura en diciembre de 2025.
Ahora, con las elecciones andaluzas en su recta final, Moreno Bonilla orilla las cuestiones que quiere llevar el PSOE a la campaña, como la «prioridad nacional», y se centra en el crecimiento económico de su región y los servicios públicos. Pero su baza es la moderación retórica. El motivo es que no quiere sobresaltar a quien votaba al PSOE por costumbre y miedo. Su caladero está a su izquierda justamente por el ethos que el socialismo andaluz construyó durante décadas y que costaría otras tantas cambiar. No hay tiempo para eso porque la victoria tiene que ser en la próxima convocatoria electoral, sin demora alguna ni error posible.
La centralidad de Juanma Moreno es su baza para repetir mayoría absoluta. Por eso, cada palabra y gesto están sumamente cuidados y no dar oportunidad a una hiperventilada María Jesús Montero que no para de crispar. El PP andaluz considera vital desactivar los resortes socialistas. Recordemos que el PSOE sacó medio millón de votos más en Andalucía en las generales de 2023 que en las autonómicas de 2022. Esos 500.000 votos los movilizó la polarización sanchista. Esa diferencia es la esperanza de la exvicepresidenta, que contará con Sánchez como estrella en su campaña y Miguel Ríos de telonero.
«En Madrid tres décadas de gobiernos del PP han construido su propio ‘ethos’, basado en la mentalidad liberal y conservadora»
En Madrid pasa lo mismo que en Andalucía y Extremadura, pero en sentido contrario: tres décadas de gobiernos del Partido Popular han construido su propio ethos, basado en la mentalidad liberal y conservadora, cosmopolita y española a la vez. De ahí el éxito arrollador de Ayuso, que ha interpretado perfectamente ese espíritu. La diferencia con el PP del resto del país es que Madrid es la capital del Estado, con personas procedentes de cada rincón español, y su discurso no se puede limitar a las cuestiones regionales. El estilo lo marcó Esperanza Aguirre y lo sigue con mucha eficacia Ayuso: dureza con el Gobierno socialista y con las oposiciones de extrema izquierda, sin medias tintas, y directa a la yugular. Estas formas, y los resultados de su gestión, han conseguido que el electorado de la derecha empatice con ella. Las encuestas dicen que doblará en escaños al PSOE y que cuadruplicará los que pueda obtener Más Madrid.
Al final, lo que muestran Madrid, Andalucía y Extremadura es que no existe un solo PP, sino varios, cada uno hijo de su propio ecosistema político. Y esa pluralidad, lejos de ser un problema, es la condición de su éxito: cada región interpreta el terreno que pisa y actúa en consecuencia. Unos ganan por moderación y otros por confrontación, pero todos comparten la misma premisa: desactivar al PSOE allí donde aún conserva resortes emocionales o clientelares. Esta flexibilidad, tan denostada por quienes sueñan con partidos monolíticos, es precisamente lo que desconcierta al PSOE y a Vox, y da una posibilidad de victoria a Feijóo en las próximas elecciones generales.