El trilero y el silencio cómplice
«El PSOE está en manos de un tipo que actúa como un tirano corrupto, con unos súbditos que han renunciado a rebelarse por miedo a perder el puesto de trabajo»

Ilustración generada mediante IA.
Sánchez es un trilero. Nuestro trilero. En su día escondió las urnas para engañar a sus compañeros de partido, y ahora esconde la bolita a todos a fin de seguir en Moncloa. Por eso quienes vimos su toxicidad desde 2016 denunciamos y protestamos. La diferencia es que los socialistas callaron como puertas desde entonces, y no echaron al autor del pucherazo y a sus compinches. No fueron patriotas ni responsables. Su deber hubiera sido presentar a los españoles un PSOE digno y honrado. En su lugar, dejaron que un trilero ganara usando la demagogia con las bases del partido. Luego, bien asentado en el poder, hizo dos cosas: purgó a quienes sabían la verdad o los compró con un cargo.
Las quejas actuales de García-Page y Susana Díaz ante las exclusivas publicadas por Ketty Garat en THE OBJECTIVE no sirven ya para nada. Las imágenes demuestran la podredumbre del trilero y las tragaderas del resto durante ocho años. Es más: sin los vídeos que prueban la infamia, ninguno de estos hubiera dicho nada. Su hipocresía es lamentable. Recuerdo a Susana Díaz indignadísima no hace mucho por el libro de Juan Soto Ivars sobre la violencia de género. Y a García-Page, cabreadísimo con las concesiones a Cataluña que establecen en nuestro país ciudadanos de segunda y de primera clase. O a Josep Borrell, indignadísimo por la poca presencia femenina en el Foro La Toja, un evento de la derecha.
Jamás tuvieron la valentía, ni siquiera otros líderes del PSOE luego purgados, de testimoniar y dar pruebas de aquel chanchullo. Se sabía que había pasado, por supuesto, pero ninguno de los ejecutados por Sánchez ni de los colocados después tuvo la decencia de decir la verdad.
Prefirieron mentir y ocultar lo sucedido, como en el caso de los acosadores sexuales y consumidores de prostitución que dirigían la organización del PSOE. El silencio era la clave para no acudir a la oficina de empleo y seguir con el cargo o con la aspiración a ejercerlo. O peor: para evitar la inquina que se gasta Sánchez con quien osa toser a sus decisiones. No extraña tampoco que Leire Díaz fuera la fontanera del PSOE para maniobrar ilegalmente con la policía y los jueces, y nadie dijera nada. Tampoco sorprende que Carmen Pano y otros se presentaran con bolsas de billetes en Ferraz como si tal cosa. O que Koldo recogiera tiques del suelo para presentarlos como propios y no hubiera quien le dijera que aquello no se hacía. Ni sorprende el servilismo actual de Óscar López, que pasó de apoyar a Sánchez a espiarlo para la gestora. Tampoco el silencio de todos cuando Sánchez decía que hizo campaña en un Peugeot, cuando fue en un Mercedes que ocultaba para no alertar a la militancia.
«Tiene gracia: el partido que glorifica el activismo y la protesta callejera se lo hace encima ante su propio dictador»
La desvergüenza que existe en el PSOE sanchista se escapa a cualquier análisis sociológico. La organización está en manos de un tipo que actúa como un tirano corrupto, con unos súbditos que han renunciado a rebelarse por miedo a perder el puesto de trabajo. Tiene gracia: el partido que glorifica el activismo y la protesta callejera, que fomenta las denuncias contra los opresores, que tiene sueños húmedos con las revoluciones socialistas, que levanta el puñito cantando la Internacional, se lo hace encima ante su propio dictador.
Hay quien habla del patriotismo de partido como causante de este despropósito. Dicen que si fueran patriotas de verdad, si hubieran mirado por nuestro país y nuestra democracia, habrían echado a Sánchez, pero esto va más allá. En realidad, es el patriotismo de la cuenta bancaria. Prefieren no denunciar al maltratador y aguantar el oprobio porque temen perder el poder y, con él, la única fuente de ingresos a la que normalmente pueden aspirar. Por eso temen a la prensa libre, a la oposición despierta y a los jueces independientes. Sin embargo, han acumulado demasiados casos como para que vivan tranquilos.
Si los vídeos han salido a la luz desde dentro, como es natural, es que algunos ven llegado el momento en el que Sánchez no puede garantizar los cargos ni el Gobierno. Si a esta información se le suman los testimonios directos de aquellos que aún conservan la vergüenza, quizá puedan dar todavía la batalla. Pero no lo harán. Pensarán que ahora tienen las elecciones andaluzas, y luego las municipales y autonómicas del resto de España. No querrán perjudicar a sus compañeros de partido sacando la verdad a la luz y lo dejarán para más adelante, seguramente para cuando Sánchez haya perdido el poder tras las elecciones de 2027. Los cobardes de partido son así.