The Objective
Santi González

Balas, testigo de cargo

«‘La trama actuaba como una organización criminal’ fue el testimonio de los guardias. Porque era una organización criminal, hay que explicar»

Opinión
Balas, testigo de cargo

Ilustración generada mediante IA.

Para hacerse una idea de la catadura intelectual y moral de Leire Díez, la fontanera, podría bastar con el juicio que formuló sobre su paisano Patxi López: él y sus propuestas son «la mejor medicina contra la frustración, contra el ostracismo y la injusticia». Alcanzaron justa fama unas declaraciones suyas contra el teniente coronel Antonio Balas, jefe de la Unidad de Delitos Económicos de la UCO de la Guardia Civil. «A Balas lo quiero muerto», dijo la pájara, aunque era una expresión metafórica, más bien.

Claro que la metáfora iba bien tirada, según pudimos apreciar ayer durante la declaración del teniente coronel y su mano derecha, el comandante Montes, en la que la troika integrada por el jefe, José Luis Ábalos; su asesor, Koldo García Izaguirre, y el pagano, que era Víctor de Aldama, empezaron a verlo oscuro, muy especialmente el que fuera ministro de Fomento. «La trama actuaba como una organización criminal» fue el testimonio de los guardias. Porque era una organización criminal, hay que explicar.

La UCO ha claveteado a conciencia el ataúd de José Luis Ábalos Meco. El que mandaba ahí dentro es Aldama; siempre se ha sabido que el que paga manda, pero había motivo para que el mandante llamara al exministro «el jefe». La razón, tal como afirmó el teniente coronel Balas, era que era el ministro el que le daba coherencia a la trama y sentido al conjunto. Hace lo más grande y por eso cobra, y sin él los otros dos no podrían haber hecho casi nada. El comandante Montes explicó el cogollo del meollo: «Ábalos abre negocios y tiene la capacidad de llevar a De Aldama y a sus socios adonde no pueden llegar. Ábalos es un miembro cualificado de la organización y por eso cobra lo que cobra».

La trama «tuvo acceso total a altas instancias» gracias al cualificado ministro de Fomento primero, y luego de Transportes. ¿Y qué podría significar altas instancias, más altas que el propio titular del ministerio con mayor dotación económica del Gobierno? Naturalmente, el número uno. Es una idea en la que insiste Balas con motivo de aquella sorprendente visita de la entonces vicepresidenta de Venezuela y hoy presidenta encargada de la República Bolivariana, el 20 de enero de 2020. El viaje, organizado un mes antes, tenía que contar forzosamente con el visto bueno del número uno. Otra posibilidad sería un desafío insuperable para la razón: «Hay que tener en cuenta cómo se pergeña el viaje de Delcy. Se accede incluso al presidente para que dé el visto bueno, y lo consiguen».

Efectivamente, Ábalos había enviado un mensaje a Pedro Sánchez el 16 de enero de 2020: «La vicepresidenta de Venezuela viene en privado el lunes (20 de enero) y quiere verme discretamente como continuación del encuentro que tuve con el ministro de Comunicación Jorge Rodríguez, hermano de la vice». Y le añade una explicación no del todo verificable: «La gestión que acordamos con empresas españolas ha permitido que Duro Felguera cobre una deuda importante», por más que la UCO señala que no hay constancia de ningún cobro a Venezuela por parte de Duro Felguera. La coartada oficial del viaje pactada entre Delcy y Aldama fue que ella venía a Fitur y a una revisión médica. Contó Balas que «el programa del viaje lo elabora Aldama en diciembre de 2019 y nada más terminarlo envía a Koldo la carta que tiene que mandar Ábalos. Acceden al presidente para que dé el visto bueno. Ábalos le dice a Koldo que ‘por lo menos no me ha dicho que no’».

El comandante Montes hizo otra revelación de interés, y es que no perdieron el tiempo para organizar el latrocinio. La troika Aldama-Ábalos-Koldo se forjó en el mes de agosto de 2018, apenas dos meses después de que Pedro Sánchez nombrara a José Luis Ábalos Meco ministro de Fomento, lo que ocurrió una semana después de la moción de censura, en la que el hoy procesado ejerció de portavoz de la decencia y de adalid de la regeneración moral y política que traía a sus espaldas el yerno de Sabiniano.

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