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Así empecé

Jackie Calleja (Bmum): «No sabíamos lo que era un plan de negocios; nos movimos por intuición»

Este emprendedor repasa su trayectoria en el podcast ‘Así empecé’

Jackie Calleja (Bmum): «No sabíamos lo que era un plan de negocios; nos movimos por intuición»

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Jackie Calleja no llegó al emprendimiento por vocación empresarial. Llegó por intuición, por necesidad y por una experiencia personal que le hizo pensar que la medicina podía cuidar mejor a las personas. Ginecólogo de profesión, creció en Aluche, en una familia humilde y sin tradición médica. Su primer contacto con un hospital no fue desde una consulta, sino desde la cocina en la que trabajaba su madre. Allí, de niño, pasaba horas viendo entrar y salir a médicos con bata, pijama quirúrgico y mascarilla. Aquel recuerdo le dejó una idea fija: «Algún día me gustaría ser uno de estos doctores». Calleja protagoniza el nuevo capítulo de Así empecé, una serie de entrevistas que tienen como objetivo acercar historias de personas que tuvieron una idea, un sueño, de crear o mejorar algo, y que a base de ingenio, determinación y pasión consiguieron sacar adelante. En definitiva, son historias de emprendedores contadas por ellos mismos.

Su vocación por la ginecología se fue formando durante las prácticas y la residencia. En la Fundación Jiménez Díaz encontró referentes que le enseñaron técnica, pero también trato humano. Una estancia en Estados Unidos le abrió otra forma de entender la medicina y la relación con el paciente. Allí, según cuenta, vivió «la excelencia en el trato al paciente» y entendió que un médico también podía ser profesional, emprendedor y gestor de un proyecto propio.

El origen de Bmum

El germen de Bmum llegó en casa. Jackie y su mujer, Abi, matrona, tuvieron una experiencia complicada con su tercer hijo. El niño sufrió problemas de salud en sus primeros meses, con noches de poco descanso, visitas a especialistas y una sensación de agotamiento constante. Ese recorrido como padres y sanitarios les permitió detectar carencias muy concretas en la atención a las familias. Faltaba ayuda, calidez, coordinación y una atención que acompañara también en lo emocional.

Una de esas experiencias terminó de activar la idea. Abi acudió sola a una consulta con el bebé, el carrito, el paraguas y la lluvia, y nadie le ayudó siquiera a sujetar la puerta. De situaciones así nació la convicción de que se podía hacer una medicina más cercana con gestos sencillos. De ahí salió una reflexión casi doméstica, pero decisiva: «qué fácil sería hacerlo un poquito bien».

Bmum nació con esa intención: crear un centro médico especializado en mujer y niño, pero con un trato más cercano, más humano y menos frío. Al principio no había una gran estructura detrás. No había plan de negocio, ni inversores, ni experiencia en gestión. El proyecto se puso en marcha más desde la intuición que desde la planificación empresarial. Calleja lo explica sin adornos: «No sabíamos lo que era un plan de negocios. Nos movimos totalmente por la intuición, por la emoción». Tampoco conocían el lenguaje financiero ni las rutinas empresariales. «No sabíamos lo que era un EBITDA, no sabíamos lo que era un rendimiento bruto, no sabíamos nada de la empresa», ha reconocido.

El primer centro fue un espacio pequeño en Madrid. Lo montaron con recursos limitados, muebles sencillos y mucho trabajo personal. Ellos mismos limpiaban, organizaban, decoraban y resolvían lo que hiciera falta. Compraron incluso una camilla de segunda mano y llamaron a la madre de Jackie para preguntar cómo desinfectarla. La intención no era impresionar con lujo, sino crear un lugar cálido que no pareciera una clínica convencional. «No buscábamos impresionar con una gran decoración, pero sí crear un hogar», resume Calleja.

Los primeros años fueron difíciles. Había días en los que no sonaba el teléfono. Jackie compaginaba el proyecto con su trabajo como ginecólogo en otros centros, mientras Abi también sostenía la actividad del nuevo espacio. En casa tenían tres hijos pequeños y, durante mucho tiempo, las cuentas no salían. La falta de ingresos convirtió el arranque de Bmum en una prueba constante de resistencia. «Los tres primeros años fueron años muy difíciles de no llegar a fin de mes, prácticamente todos los meses», cuenta. Hubo recibos retrasados, tensión económica y una sensación permanente de estar caminando sobre una cuerda floja.

Crecer sin perder la esencia

El momento decisivo llegó cuando Jackie dejó de trabajar en el grupo hospitalario en el que estaba. Al principio lo vivió como un golpe, porque el proyecto todavía era frágil y la familia dependía de sus ingresos. «Pensé: ahora qué hago, cómo voy a mantener a mis hijos, cómo voy a cuidar a mi familia», recuerda. Aquella salida terminó obligándole a dedicarse por completo a Bmum y aceleró el crecimiento del centro. Con más presencia, más disponibilidad y más foco, el proyecto empezó a consolidarse.

La pandemia también marcó un antes y un después. En un momento de mucha incertidumbre sanitaria, muchas mujeres buscaron espacios más pequeños, con menos sensación de exposición y con una atención más personalizada. Bmum mantuvo su actividad esencial y reforzó su vínculo con las familias. Ese periodo aceleró el crecimiento y confirmó el valor de una atención sanitaria cercana y flexible. Después llegó el salto desde el primer local a una sede mucho mayor.

Hoy Bmum cuenta con un centro de gran tamaño y un equipo de más de cien profesionales. Ha ampliado servicios alrededor de la salud de la mujer y del niño: ginecología, obstetricia, pediatría, fisioterapia, nutrición, endocrinología, dermatología, cardiología y otras especialidades. El crecimiento se ha planteado como una ampliación coherente del proyecto inicial, no como una suma de servicios sin conexión. Según Calleja, no se trataba de abrir áreas por oportunidad económica, sino de incorporar aquello que tenía sentido dentro del ecosistema del centro.

Diez años después, Jackie Calleja mira el camino con orgullo. Bmum empezó sin estructura empresarial, sin grandes recursos y sin certezas. Nació de una experiencia familiar difícil y de una intuición: la medicina podía hacerse con más calidez. Su historia emprendedora es la de un médico y una matrona que detectaron una carencia y convirtieron el trato humano en el centro de su modelo.

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