La construcción española envejece: uno de cada cinco trabajadores se jubilará en 10 años
Al envejecimiento de la masa laboral del sector hay que sumar el poco atractivo para los trabajadores más jóvenes

Albañil.
El sector de la construcción vive uno de sus mejores momentos en términos de empleo, pero también afronta uno de sus mayores desafíos estructurales: el envejecimiento de su plantilla. Según el informe Radiografía del empleo en el sector de la construcción 2025, elaborado por el Observatorio Industrial de la Construcción y analizado por THE OBJECTIVE, el 22% de los trabajadores del sector tiene ya 55 años o más, lo que implica que alrededor de uno de cada cinco se jubilará en la próxima década.
La cifra llega en un contexto de fuerte crecimiento de la actividad y de necesidad urgente de vivienda nueva. El sector cerró 2025 con 1,53 millones de ocupados, el dato más alto desde 2010, tras crecer un 4,5% interanual, por encima de la industria y de los servicios. Sin embargo, este avance no puede cubrir la demanda de mano de obra. El problema ya no es solo encontrar trabajadores, sino reemplazar a los que están a punto de abandonar el mercado laboral. La edad media del trabajador de la construcción alcanza ya los 45,1 años, casi 3 más que hace una década. Mientras tanto, los menores de 30 años apenas representan el 10,8% del total de ocupados del sector.
Esta situación confirma las alertas que empresas, patronales y firmas de recursos humanos llevan meses lanzando. Tal y como ha publicado este diario, perfiles como albañiles, peones, electricistas, fontaneros o encofradores son cada vez más difíciles de encontrar, especialmente en comunidades con fuerte presión inmobiliaria como Madrid o Cataluña. Los datos del informe reflejan además que algunas de las ocupaciones más importantes del sector son precisamente las más envejecidas. Los conductores de camiones presentan una edad media de 50,6 años, mientras que supervisores de obra, escayolistas u operadores de maquinaria móvil rondan ya los 48 años.
No atraen a jóvenes
En paralelo, el sector intenta atraer nuevo talento sin demasiado éxito. Aunque el empleo juvenil crece, el relevo sigue siendo insuficiente. De hecho, el peso de los menores de 30 años apenas ha aumentado 1,3 puntos en la última década, frente al fuerte incremento de trabajadores mayores de 55 años. Ante esta falta de mano de obra, las empresas están recurriendo cada vez más a trabajadores extranjeros.
Actualmente, el 25,3% de los ocupados en construcción tiene nacionalidad extranjera, un porcentaje muy superior al del conjunto de la economía española. Marruecos, Rumanía y Colombia son ya los principales países de origen de estos trabajadores. El déficit de profesionales empieza además a trasladarse a los salarios. Un informe reciente de InfoJobs y Esade sitúa ya los sueldos de fontaneros, electricistas y albañiles por encima de la media nacional debido a la escasez de candidatos y al aumento de la demanda.
La patronal de la construcción lleva tiempo reclamando medidas urgentes para evitar que esta falta de relevo termine convirtiéndose en un cuello de botella para el mercado inmobiliario y las infraestructuras. Entre las soluciones planteadas figuran impulsar la Formación Profesional, agilizar la homologación de títulos extranjeros y mejorar la imagen de los oficios tradicionales entre los jóvenes.
El reto es especialmente delicado en un momento en el que España necesita acelerar la construcción de vivienda. El sector se enfrenta así a una paradoja: nunca había generado tanto empleo desde la crisis, pero tampoco había tenido una plantilla tan envejecida ni tantas dificultades para encontrar trabajadores. A esta tensión laboral se suma además un contexto especialmente sensible para la economía española: la emergencia habitacional.
Freno para solucionar la crisis
La falta de vivienda disponible y el fuerte incremento de los precios han situado a la construcción en el centro del debate político y económico. Sin embargo, el sector advierte de que el déficit de mano de obra puede convertirse en uno de los principales frenos para aumentar el ritmo de edificación que necesita el país. La escasez de albañiles, encofradores, electricistas o fontaneros ya está ralentizando proyectos residenciales precisamente en un momento de máxima presión sobre el mercado inmobiliario.
El problema preocupa especialmente porque, según las previsiones del Banco de España, la demanda de vivienda seguirá creciendo en los próximos años, mientras una parte importante de la plantilla actual se acerca a la jubilación. Según el propio informe, más de 139.000 trabajadores del sector se retirarán en apenas cinco años. Las empresas alertan de que, sin un relevo generacional suficiente y sin una mayor capacidad para atraer talento joven y cualificado, será muy difícil incrementar la producción de vivienda al ritmo que exige el mercado. El riesgo, advierten fuentes del sector, es que la falta de trabajadores termine agravando aún más el desequilibrio entre oferta y demanda residencial en España.
