Ricardo Dudda

Cortar por lo sano

"La precisión y la claridad son las claves para que un texto sea correcto"

Opinión

Cortar por lo sano
Foto: Glenn Carstens-Peters
Ricardo Dudda

Ricardo Dudda

Periodista y miembro de la redacción de Letras Libres, columnista en El País y autor de "La verdad de la tribu". La corrección política y sus enemigos.

El mejor consejo de escritura es sencillo: recorta. Otro bueno es: si estás atascado en una frase, divídela en dos, o en tres, o en todas las que puedas. Hay un límite (por ejemplo, ponle verbo hasta a la frase más corta del mundo), pero en general abundan las frases largas. A veces cortar es gratificante, en otras ocasiones es doloroso. Recortarse a uno mismo casi siempre es sano, pero hay que saber renunciar.

Hay entusiastas del recorte. Stefan Zweig decía que “entre mis quehaceres literarios, el de suprimir es en realidad el más divertido”. Pero se da una paradoja: en el texto donde habla de los placeres de recortar hay demasiada paja. A menudo recortar es un trabajo artesanal. Una compañera editora hablaba de la edición del tipo “hormiguita”, que consiste en ir cortándole el pelo al texto poco a poco, palabra por palabra. Otras veces el corte es más radical: si el texto es tuyo, duele, si el texto es de otro, es gratificante. Zweig creía que el proceso de recorte es uno de sus quehaceres literarios más divertidos. Quizá porque no probó nunca a recortar a los demás.

En The craft of the screenwriter, un libro de entrevistas con guionistas, Paddy Chayefsky (guionista de Network, de Sidney Lumet, y la única persona que ha ganado 3 premios Óscar de guion original) expresa una pasión casi masoquista por el recorte. “Si surge la ocasión de cortar, corta. Es la primera regla de cortar. Si estás leyendo algo y te paras es porque algo va mal. Corta. Si algo te molesta es porque está mal. Corta.” Y sigue: “Es algo purificador, un proceso de refinamiento. Hacer el texto más preciso. La precisión es uno de los elementos básicos de la poesía. Mis propias reglas son muy simples. Primero, recorta toda la sabiduría; luego, recorta todos los adjetivos. He llegado a recortar mis cosas favoritas. No tengo compasión a la hora de recortar. Algunos de los fragmentos a los que tengo más cariño y aprecio han salido de un proceso de tris, tras, tris, tras. Porque había algo demasiado grueso. Cortando se alcanza la economía, la precisión y un guión mucho mejor.”

Son consejos que valen para cualquier tipo de escritura, desde un email a un WhatsApp (quizá el mejor consejo para WhatsApp no es textual sino audiovisual: los audios no deberían durar más de un minuto y medio). Hace años estaba obsesionado con las frases cortas. Ahora ya no tanto. Ahora estoy obsesionado con una de las palabras en las que insiste Chayefsky: precisión.

Más de este autor

Penitencia blanca

«Nada gusta más a un progresista blanco estadounidense que sentirse culpable. Al sentirse culpable, puede expiarse, normalmente en público»

Opinión

Echenique y Escrivá

«El verdadero logro es de José Luis Escrivá, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, que desde el principio fue consciente de la necesidad de que la medida aguantara, que no fuera exclusivamente una medida de propaganda y una carta de presentación del Gobierno»

Opinión

Más en El Subjetivo

Enrique García-Máiquez

Coleta de león

«Pablo Iglesias prefiere ser coleta de león que cabeza de oposición, a lo que hay que sumar que la cabeza del león socialista tiene tan pocas ideas propias que, a menudo, parece que manda o dirige o piensa la cola»

Opinión

Beatriz Manjón

No hay verano inútil

«La normalidad es el grado de rareza que podamos soportar: un verano colmado de noticias o playas donde el topless más escandaloso sea la boca al aire»

Opinión

Juan Claudio de Ramón

Volver de Roma

«Cuando le preguntaron por el plazo razonable que el viajero debe darse para visitar Roma, la respuesta del gran medievalista alemán Ferdinand Gregorovius fue encogerse de hombros: ‘Yo solo llevo aquí treinta años’».

Opinión

Josu de Miguel

Estado Español

«La proliferación del sintagma «Estado español» muestra la torpeza de una cierta clase política e intelectual que, pretendiendo combatir el franquismo cambiando el nombre de las cosas, ha terminado coreando su propia terminología»

Opinión