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De la ceguera geopolítica de la UE en los Balcanes

La partida geopolítica está en juego, sí, también en los Balcanes, aunque el terreno principal no es ese

Foto: Cvijic, Jovan | Wikimedia Commons

“The Balkans produce more history than they can consume”.

Qué difícil es resistirse a comenzar un artículo sin una de las innumerables citas (apócrifas o no) del gran líder británico, Winston Churchill. En este caso, y en vista de las secuelas de las todavía recientes guerras de los años noventa en la región, podría parecer que la cita es del todo adecuada, si bien es cierto que Churchill estaba pensando en otros momentos históricos al referirse a los Balcanes (más que nada porque falleció en 1965, época en la todavía existía una Yugoslavia que, por cierto, abanderaba el movimiento de países no alineados).

La realidad es más prosaica. Lo romántico genera portadas, artículos y mucho interés, sin duda, pero no siempre se corresponde con la realidad. Últimamente hemos sido testigos de un revival en este sentido. Los Balcanes vuelven a estar de moda (un poco, tampoco hemos de exagerar). Se multiplican textos que hablan de la región como si fuera un lugar exótico y a punto de ebullición, donde además se habría producido la vuelta de la geopolítica al más alto nivel, magnificándose una especie de nueva guerra fría donde las potencias mundiales jugarían una partida al más alto nivel: China o Rusia, por supuesto, pero también Turquía o Arabia Saudí y, desde luego, los Estados Unidos y la Unión Europea.

La partida geopolítica está en juego, sí, también en los Balcanes, aunque el terreno principal no es ese

Cuidado aquí. Que no se deba magnificar lo que está sucediendo en la región balcánica no significa que tampoco se deba minimizar. La partida geopolítica está en juego, sí, también en los Balcanes, aunque el terreno principal no es ese. Últimamente se han multiplicado las tensiones desde el punto de vista comercial. En lo militar también ha habido algunos focos preocupantes. Y el terreno digital, que lo sobrevuela todo, cada vez está más tenso. Los casos más preocupantes son, desde un punto de vista occidental, el de China y el de Rusia, ambos, asimismo, con fuertes intereses en la región.

China hace años que puso en marcha un instrumento geopolítico de primer orden: la Nueva Ruta de la Seda. Además, creó un foro de cooperación (el tradicionalmente denominado 16+1 y desde la incorporación griega llamado 17+1) en el que hay un espacio para los países balcánicos, aquellos que son parte de la UE y aquellos que no (Albania, Bosnia, Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia incluidos). Su idea es utilizar el foro para ampliar la cooperación en distintos ámbitos, incluyendo en materia de inversiones o educación, pero también la de tener más aliados en Europa, dentro y fuera de la Unión Europea. No obstante, nada de esto es gratis, como ya está viendo en particular Montenegro, donde está en riesgo la viabilidad de su economía, debido a las dificultades a la hora de devolver determinados préstamos a China para llevar a cabo la autopista que conectaría la ciudad costera de Bar con Belgrado.

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El presidente de China y su homólogo serbio en una reunión en Belgrado. | Foto: Marko Drobnjakovic | AP

Rusia también trabaja con luces largas. Los Balcanes son el patio trasero de la Unión Europea y si de algo entienden los rusos es de “áreas de influencia”. Putin lleva años librando su propia batalla con la UE en distintos formatos. El primer proxy fue Georgia. El segundo, Ucrania (incluyendo Crimea). Además, numerosas injerencias en países de dentro de la Unión a partir de campañas de desinformación y fake news con el objetivo de alterar los resultados electorales y de minar la confianza de los ciudadanos comunitarios en las democracias continentales. No hay que olvidar, en todo caso, la cercanía rusa con algunos países balcánicos por motivos religioso-culturales. El ejemplo más evidente es el de Serbia, con cuyo actual Presidente, Aleksandar Vučić, mantiene una muy buena relación. Fruto de ello es el escaso alineamiento serbio en materia exterior con la UE cuando de Rusia se trata (las sanciones son el caso más paradigmático).

La UE estaba más cómoda en una situación en la que su querencia por el soft power era rentable.

¿Está la Unión Europea preparada para jugar esta partida? No lo parece. La UE estaba más cómoda en una situación en la que su querencia por el soft power era rentable. El mundo en el que vivimos, mucho más neowestfaliano y donde prima la geopolítica, es ajeno a todo esto. La Unión ha de hacer bastante más para adaptarse a este nuevo contexto, y una de las vías es a través de su política de ampliación. Lo primero sería dejar de enviar mixed messages a los países balcánicos. Tras la entrada de Croacia en 2013 (previamente Eslovenia había entrado en 2004) el proceso de ampliación se paralizó de facto. El Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, avisó en uno de sus primeros mensajes que no habría ampliación en su mandato.

Desde entonces, el proceso ha seguido formalmente abierto, aunque sin avances notables hasta que en 2017 el propio Juncker intentaba revertir esa línea de actuación en el State of the European Union, abriendo la puerta a una fecha muy concreta: 2025. Esto luego fue desarrollado en la Estrategia de la Unión Europea de 2018 y un primer semestre de año muy frenético de actividad diplomática que debía, idealmente, acabar con el visto bueno de los Estados a abrir negociaciones de adhesión con Albania y Macedonia del Norte. No fue así (ni siquiera con los macedonios a pesar del acuerdo al que habían llegado estos con Grecia para solucionar la longeva disputa por su nombre) y lo único que quedó fue una vaga promesa de revisión este mismo verano.

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El presidente de Kosovo firma un acuerdo con la Unión Europea en mayo de 2018. | Foto: Virginia Mayo | AP

Desafortunadamente las perspectivas no son nada halagüeñas. La ceguera comunitaria sigue muy presente, como demuestra el comunicado final del reciente encuentro en Berlín entre Alemania, Francia, los seis balcánicos no miembros de la UE, Croacia y Eslovenia. En él, la palabra clave es “estabilidad”, y en lugar de hablar de ingreso en la UE lo hacen de “European path” y “European perspective”. La geopolítica ha venido para quedarse y bien haría la UE en utilizar el instrumento más transformador de que dispone. Por propio interés y por justicia: hasta que la UE no se atreva a usar sus mecanismos de manera contundente, no será tomada en serio. Hasta que los Balcanes no se incorporen al proyecto comunitario, el proceso de integración no se podrá catalogar como completo.

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