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El abrazo 'cupvergente'

"Las burguesías sin virtudes burguesas suelen parir revolucionarios sin solidaridad. Esta es la tragedia de Cataluña"

Las burguesías sin virtudes burguesas suelen parir revolucionarios sin solidaridad. Esta es la tragedia de Cataluña y la lógica de la alianza entre lo que fue Convergència y lo que sigue siendo la CUP, la complicidad política entre los autoproclamados business friendly y los asamblearios de salón. Y ni en eso han sido originales en su pretendido proceso separatista, que no ha pasado de ser un compendio de las prácticas más rancias y kitsch del populismo, golpe a la democracia incluido.

Nos lo explica el geógrafo francés Christophe Guilluy en un libro que merece ser subrayado, No society. La fractura social de este siglo, la que define el presente y el futuro de los partidos políticos y de la democracia, se produce entre una nueva burguesía bunkerizada y una clase media precarizada. Hay un desajuste económico, pero la escisión es también cultural. Es el sufrimiento de la Francia rural que Michel Houellebecq describe en su última novela, Serotonina. Y es la impotencia a los pies de los desindustrializados Apalaches que J.D. Vance expone en Hillbilly.

Cuando en Cataluña el descontento social estalló en forma de asedio al Parlament, la burguesía sin virtudes burguesas de Artur Mas dobló la apuesta y se subió a lomos del tigre populista. Según Guilluy, el “ejemplo catalán ilustra la fiebre de una burguesía dispuesta a cualquier cosa para abandonar el bien común”. Ahora que, habiendo perdido la batalla internacional, regresan al “Espanya ens roba” y al fake de los 16.000 millones, queda claro que esta ha sido una reacción de las elites que básicamente buscaban la independencia fiscal, escindiéndose de las clases populares para encerrarse en su fortaleza.

Y, para ello, como en tantos otros países y regiones, encontraron la colaboración entusiasta de una izquierda no obrera, la nueva izquierda de las políticas identitarias, la más cool y más pija también, la que se solidariza con kurdos y palestinos y desprecia la angustia del vecino del rellano, la de la superioridad moral del que habla la neolengua de la “interseccionalidad”. Para ellos, las causas sociales son una excusa para pavonear su infinita bondad, pero la pobreza energética, por ejemplo, nunca les preocupó de verdad. Son, como les denomina Guilluy, “antifascistas de pandereta”, porque su supuesto antifascismo solo sirve para justificar las prácticas menos democráticas y, también, para silenciar lo que realmente preocupa a los más vulnerables.

No, no es un abrazo tan extraño. Son de la misma famiglia. Tienen intereses convergentes. Y, todos ellos, los burgueses sin virtudes burguesas y los revolucionarios sin solidaridad, actúan igual: publicitan buenas intenciones, pero te venden malas ideas. La coherencia poco les importa; por ello el “republicano” se fugó a la monárquica Bélgica y la “chavista”, a la capitalista Suiza. Es el abrazo cupvergente.

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