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Giros en campaña

"En estas elecciones de repetición, la mayoría de las formaciones apuestan por la idea de España, el desbloqueo y el giro al centro, que es donde se ganan los votos. Una estrategia requiere tiempo y revisión constante"

Foto: David Fernandez | EFE

Estamos acostumbrados a leer y a comentar los distintos movimientos tácticos de los partidos antes, incluso, de que los hayan hecho. La precampaña no ha hecho más que empezar y ya hablamos del giro de Rivera levantando su veto a Pedro Sánchez; el giro de Sánchez endureciendo su discurso con Cataluña y el giro moderado de Pablo Casado. ¿Alguien los entiende?

Dirigentes de Ciudadanos comentan estos días en privado que “cuando hay noticias buenas, Rivera se las guarda para sí mismo”. Solo el círculo más cercano de Rivera conocía la puesta en escena ‘macroniana’, el lema afrancesado de campaña y el giro de Ciudadanos. Los naranjas levantan el veto al PSOE y se abren a pactar con Sánchez, si éste es el más votado.

Un movimiento táctico que comenzó el pasado 16 de septiembre cuando ofreció a Sánchez una “solución de Estado” in extremis para desbloquear la investidura. Si esta decisión se hubiera compartido entre los cuadros del partido hace un mes, Rivera se podría haber ahorrado el éxodo de dirigentes cabreados con ser la muleta del PP. No lo hizo.

La cúpula de Cs no explicó entonces que el momento político exigía redefinir la estrategia a largo plazo, ante la previsible repetición electoral, y solo pidió a los suyos “paciencia”. El secretismo alimentó el malestar y la salida de los críticos llenó la ejecutiva de fieles. No hay mal que por bien no venga al ‘aparato’. El punto débil de Cs es que cada vez tiene menos votante ‘cautivo’, ese que intentan mantener fiel y al que se dirigen siempre. Los naranjas tienen que ir a por todas y eso implica hablar de Cataluña; ofrecerse para desbloquear la investidura y para todo lo que haga falta. Sin duda, lo más difícil para Rivera en esta campaña será lidiar con la pérdida de credibilidad y, en ello están, según las fuentes consultadas.

Otra formación que ha dado un giro discreto en precampaña es el PSOE. El pistoletazo de salida lo dio el propio Pedro Sánchez cuando dijo delante de sus barones en el Comité Federal: “Amamos la Constitución”. Más de uno se quedó perplejo y advirtió que el discurso con Cataluña se endurecerá en campaña. A Iván Redondo le salen las cuentas y los independentistas no entran en ellas.

Los primeros sondeos ponen en valor la figura de Sánchez. Moncloa valora una horquilla de entre 130 y 140 escaños para el PSOE el 10N. Sin embargo, Ferraz rebaja las expectativas ante un escenario más volátil que el 28A. En el cuartel general del PSOE, sus trackings internos les sitúan entre 120 y 130 escaños. El objetivo marcado es superar los 123 conseguidos las pasadas elecciones, señalan. Dirigentes territoriales admiten en privado que “está difícil, pero no imposible” y la gran preocupación se centra en el Senado y la desaceleración económica.

Los socialistas ven complicado revalidar la mayoría absoluta en la Cámara Alta, que da la llave a la aplicación del 155, entre otras medidas que se podrían adoptar la próxima legislatura. La consigna de Redondo y los estrategas de Ferraz es sencilla: “continuidad, estabilidad y no cometer errores”, así lo explican. Con la sentencia del procés a punto de salir, saben que Cataluña marcará la agenda y no lo piensan esconder como en la pasada campaña. Los socialistas tendrán que entenderse de nuevo con Podemos y los regionalistas. Esperan que el ‘factor Errejón’ empuje en el “buen hacer” -la investidura- y por ello, el discurso duro con los separatistas.

El PP también gira hacia el ‘Marianismo’ una vez que el tono, en ocasiones agresivo, fracasó la pasada campaña. Casado ha pasado de llamar “felón” y “traidor” a Sánchez, a decirle a sus diputados a puerta cerrada que “cuando se tiene la razón no hace falta gritar, ni faltar el respeto al adversario”. El popular salvó los muebles in extremis y busca consolidarse como líder fuerte del PP. Así comienzan la precampaña dando a Sánchez donde más duele: la desaceleración económica.

Casado, al igual que Rajoy, enarbola la bandera de la estabilidad y en Génova permanecen atentos a los datos de los diferentes informes y del Banco de España -que ya alerta sobre las previsiones de crecimiento-. En Moncloa temen que estos informes, pendientes de publicarse la semana de campaña, arruinen el resultado del PSOE en las urnas el próximo 10N.

En estas elecciones de repetición, la mayoría de las formaciones apuestan por la idea de España, el desbloqueo y el giro al centro, que es donde se ganan los votos. Una estrategia requiere tiempo y revisión constante. Es muy difícil que todo salga bien a la primera y los cambios para adaptarse a las circunstancias no son malos, si no se difuminan los intereses generales.

Lo más difícil sucede al día siguiente de las elecciones. El desencanto llega cuando el partido que has votado no sabe cohesionar el conjunto de medidas. A esta política de disgregación se suma el cabreo ciudadano que escapa a toda previsibilidad teórica como a la experiencia. No pueden vendernos el mismo (cuento) relato. El partido que en el último minuto logre incorporar la denuncia de la masa ciudadana y marque su agenda al resto de formaciones, gana. Prepárense para más giros.

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