THE OBJECTIVE
Koldo Salazar López

Imperio chino (parte tres): la nueva ruta de la seda

Las Rutas de la Seda están llenas de acuerdos de seguridad, secretos de estado y proyectos para que China logre el dominio de Eurasia a base de contratos. ¿Estados Unidos?, preocupado, China le está discutiendo el dominio mundial como nadie ha hecho antes

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Imperio chino (parte tres): la nueva ruta de la seda

China está llevando a cabo una obra de ingeniería geopolítica mundial que está afectando al equilibrio de poder internacional copando mercados, ofreciendo ingentes cantidades de dinero en materia comercial, relaciones estables y la consecución de una serie de objetivos que redundan en el equilibrio de sus intereses comerciales que llegan a lugares tan lejanos como el África negra o las costas occidentales de Europa.

En este caso, por ejemplo, la ruta de la seda es el elemento básico para poder establecer contacto y potenciar su poderío económico exportando sus productos de consumo. La ruta de la seda tiene dos grandes vías, la marítima (el collar de perlas que vamos a analizar la semana que viene) y la terrestre que analizaremos ahora.

Sin embargo a nivel terrestre Pekín tiene una particularidad que Estados Unidos no posee…y es que China tiene continuidad territorial con sus intereses en Europa y Oriente Medio, manera por la cual explota en su nueva versión la ruta de la seda.

Esta ruta es una de las rutas comerciales más antiguas de la humanidad y, curiosamente, para su correcto funcionamiento ha necesitado siempre la confluencia de, por lo menos, tres grandes ejes imperiales: el chino, el persa como estabilizador de la ruta centroasiática de comercio y el imperio occidental, véase Imperio Romano o Imperio Bizantino. Curiosamente, la importancia geopolítica de esta ruta es la impulsora de todos esos excéntricos imperios de las estepas y la aparición de sujetos como Genghis Khan o Tamerlán, poder que va desapareciendo cuando China se repliega sobre sí misma en la era Ming y, al mismo tiempo, se descubre la ruta de comercio africana por portugueses y las américas con España, llegando a China a través de Filipinas…pero eso es otra historia.

Lo más llamativo de todo esto es que China, ya a finales de los noventa, necesita que el Centro de Asia se estabilice: hablamos de regiones inestables e inmensas sumidas en crisis postsoviéticas: Afganistán pero también Tayikistán, en guerra civil durante los noventa; en Uzbekistán estará el Movimiento Islámico en Uzbekistán, la dictadura de Kirguistán (caída en 2010), la de Turkmenistán, el inestable norte de Pakistán e India…sin hablar del Cáucaso.

China en los noventa y, sobre todo en el 2000, se encuentra con su gran oportunidad: el 11S. Tíbet está atada en corto y el Dalai Lama con su gobierno en el exilio se dedican más a conferencias Budistas que a realizar auténticas labores de oposición política y no puede moverse. La obsesión de Pekín por los budistas y el Tíbet comienza a trasladarse a los musulmanes uigures representan un problema interno en la «conquista del oeste» China en Xinjiang (Turquestán Oriental), de ahí que la aparición de elementos de Al Qaeda e islamistas en Xinjiang diera a Pekín la oportunidad de establecer tratados de seguridad firmados por Pekín con todos los países del Asia Central. El objetivo era anular cualquier tentación de asistencia de estos países a sus hermanos túrquicos musulmanes al vincular las asociaciones disidentes con el islamismo y el tradicionalismo islamista secesionista y obligar a estos países a desmantelar y extraditar a China a los uigures refugiados y activistas.

Esto permite a Pekín estrechar lazos y lograr una estabilidad prioritaria y estratégica en la región de Asia Central con los acuerdos de seguridad y potenciar una relación que se traduce en un mayor dinamismo para los planes de China, que tiene como objetivo enlazar con Irán. Pekín considera que Irán es su gran acicate: Rusia es un aliado estable pero competidor con influencia postsoviética en ciertos sectores de la región y Turquía, que es además miembro de la OTAN, es un rival a tener en cuenta ya que su diplomacia cultural y política está siendo muy importante y está dando muchos frutos que amenazan a Moscú y Pekín. Irán es la mejor opción de China por su necesidad mutua: China da cobertura a Irán en la ONU, compra e invierte en el país e Irán queda incorporada como estación en la ruta y pivote que les une a Asia Central y Oriente Medio.

Los iraníes obtienen seguridad en su frontera norte al caer en la esfera de influencia de China, su aliado, y se pueden centrar en sus enemigos del oeste: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Israel. China, al mismo tiempo ve en Irán un intermediario regional que es musulmán y tiene un gran ascendente cultural con estos países en casos de crisis o malentendidos (el iranismo cultural de los pueblos túrquicos de Asia Central). A nivel de infraestructuras es una gran ayuda para China el explotar del puerto iraní de Chabahar para dar salida a los productos de Asia Central.

Estas relaciones de interdependencia entre esos países e Irán refuerzan también el poder chino. Al mismo tiempo la ruta en el centro de Asia se bifurca en dos grandes ramas.

Irán-Turquía: en esta ruta existe una línea ferroviaria que conecta Pekín con Teherán. Estas líneas ferroviarias vienen apuntaladas por rutas de carretera a modo de nuevas caravanas que pasa por zonas seguras en ambos países. El objetivo es usar tanto a Irán como a Turquía como eje para comerciar con el grueso del Oriente Medio y, por inercia comercial, con el Magreb. Sin embargo el intercambio que se da en esta región no se agota ya que desde Turquía una gran cantidad de mercancía se mueve por los Balcanes;

El siguiente eje de esta ruta pasa por puerto de El Pireo de Atenas (bajo control de China desde que fue comprado por el gigante COSCO en 2016). Estas mercancías se distribuyen por toda Europa. Sin embargo ya en 2020 China hizo aparición en los Balcanes construyendo una línea ferroviaria que une Belgrado y Budapest (construida por CRBC, una compañía china y que Hungría ha clasificado como secreto de estado). Sin embargo este proyecto de infraestructuras (compra y construcción) ya se trató en la cumbre 16+1 para dar forma a su proyecto BRI (Belt and Road Initiative) en la cual China pactaría sus inversiones en infraestructura con los 16 países de la UE, Grecia se uniría más tarde;

Ruta Pekín-Madrid: en 2014 se inauguró la ruta ferroviaria más larga del mundo, que uniría la ciudad de Yiwu (cerca de la ultracomercial ciudad de Shanghái) con Madrid, reforzando la ruta de la seda en su zona norte y que se une al corredor de Siberia cuyo objetivo es moverse por importantes ciudades rusas de estas regiones como Perm, Tomsk u Omsk.

Desde esta zona se mueven por Rusia, especialmente enlazando con Moscú y llegan a las regiones eslavas de Ucrania y Bielorrusia ya que esta es la zona que más fácilmente suministra a los países nórdicos y el resto de Europa. 

Todo un trabajo de infraestructura que suministra a toda una serie de países uniéndolos en la actividad comercial en un gran supercontinente: Eurasia, bajo control comercial y geopolítico de China que pretende convertirse en el gran emisor de mercancías y gran dinamizador comercial del mundo para, en el sistema de comercio y economía global, plantear una situación de futura superpotencia mundial y competir con Estados Unidos financieramente aprovechando su situación geográfica y las oportunidades que le ofrece encontrarse en una extremo de “la isla mundial” (como diría Mackinder y acaparar tantas riquezas naturales y mano de obra).

El objetivo de su influencia a nivel comercial con el sostenimiento de estas rutas y sus puertos, infraestructuras que forman un todo y mueven miles y miles de millones de euros permite a China posicionar sus productos en cualquier mercado aprovechando la continuidad territorial.

Toda una obra que está siendo un desafía para los Estados Unidos; sin embargo el auge de China, su posición en el Consejo de Seguridad de la ONU y su contundencia a la hora de defender sus intereses va a marcar el tránsito geopolítico real del mundo. El siglo XXI va a ser el “Siglo Pacífico” y no porque la paz reine en el mundo sino porque el tablero del dominio marítimo, ergo el destino de la talasocracia mundial, se va a dar en las costas del Pacífico…costas compartidas por unos Estados Unidos a la defensiva y una China afianzada en tierra y con ganas de conquistar el mar, como veremos la semana que viene. 

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