THE OBJECTIVE
Jorge Vilches

Saga y fuga de Sánchez

«Dejará el país hecho trizas, sin confianza, con los independentistas envalentonados, con una deuda pública inmensa y un desgaste moral profundo»

Opinión
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Saga y fuga de Sánchez

Ilustración de Alejandra Svriz.

Sánchez tiene dos cosas ciertas. La primera es que cumple a la perfección con la tradición del PSOE de fusionar los tres poderes del Estado en un solo partido, el suyo, cuando llegan al poder. La segunda es la corrupción sistémica que, siguiendo a los clásicos, abarca no solo la económica sino también la política, esa que deteriora las instituciones y envenena la vida social. 

Ha cumplido con la saga. Sánchez ha sido fiel al legado del peor felipismo, ese que inició la fusión totalitaria en 1985 y luego desarrolló una serie delincuencial que todavía hoy sorprende. También ha continuado con éxito el memorialismo guerracivilista y la alianza rupturista con los nacionalistas que impulsó Zapatero. Es un buen hijo de la casa. Por eso la militancia del PSOE adora a Sánchez frente a otros socialistas que piden moderación. 

Pero el partido es una mala madre. Que lo diga Ábalos. Ayer vivía como en la canción de Roberto Carlos, con un millón de amigos, y hoy es un capo solitario con mucha información. Esto es preciso entenderlo. No hay colegas en los partidos, solo compañeros de coreografía. Hoy en público matan por Sánchez, y repiten las consignas absurdas en los medios cuando se les pregunta por la corrupción. Mañana, ya veremos.

El ambiente generado por Pedro Sánchez con sus purgas y arrogancia, con los errores y la tensión interna, no augura una salida tranquila cuando pierda las elecciones. ¿Y qué decir si la corrupción llega hasta arriba, al marido de Begoña Gómez? Si Mariano Rajoy fue señalado con el caso Gürtel, y fue su fin sin mediar sentencia condenatoria, Sánchez no va a correr mejor suerte. La responsabilidad in vigilando debería servir para todos. 

Francina Armengol será la siguiente. Su modo de caer, porque caerá, determinará el modo de la futura salida de Sánchez. Si es cesada por mala praxis o nula vigilancia, ya será imposible eludir el mismo argumento para Sánchez. Si el fantasma de la corrupción generalizada aparece en medio del descrédito por la cuestión de la amnistía, habrá muchos socialistas que consideren conveniente concluir el episodio de Sánchez y que inicie su fuga.

«Al frente de la agencia de contratación que es un partido no puede estar alguien que hunda el negocio»

No olvidemos que un partido es una empresa de contratación con la que subsisten muchas familias. Son muchos cargos en municipios y autonomías. Al frente de dicha agencia no puede estar alguien que hunda el negocio. En el momento decisivo, cuando la empresa peligre, habrá un rebelión en el consejo de administración y le indicarán el camino de salida. Su marcha se disfrazará de altruismo porque el ego de Sánchez necesita un Antonov para viajar, pero será pura supervivencia.

Es así, con trampas, como el PSOE se repuso a la corrupción de la época felipista, cuando era un escándalo tras otro, incluido los GAL. Cortó por lo menos infectado, creó un relato de patriotismo de partido y de servicio público, y tiró hacia delante. Luego llegó el sonriente Zapatero, que nos llevó a la ruina económica, alimentó el independentismo catalán, pactó con los etarras, y provocó el 15-M contra la democracia constitucional. Echaron a ZP al olvido durante una temporada y el PSOE sobrevivió. 

Lo mismo ocurrió con el socialismo andaluz. Jamás se ha visto una corrupción más arraigada con una red clientelar tan adherida a la mentalidad de un pueblo. Y ahí están. No bajan del 25% del voto a pesar de que tienen un líder sin gancho, plano y sin proyecto, que jamás ganará al PP de Moreno Bonilla.  

Es la saga del PSOE que de forma tan eficiente ha seguido Pedro Sánchez. No ha inventado nada. Solo ha girado la llave inglesa un poco más para apretar la tuerca. Dejará el país hecho trizas, sin confianza, con los independentistas envalentonados, con una deuda pública inmensa y un desgaste moral profundo. Luego se producirá su fuga, y pasados los años reaparecerá para ser usado como un héroe histórico del progresismo. El PSOE es así. 

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