THE OBJECTIVE
Pilar Marcos

Fango será, mas fango enamorado

«Sánchez podrá hacer muchas cosas, pero ninguna borrará el bochorno de estos días. Porque de la convicción de que las aguas monclovitas apestan a corrupción no se vuelve»

Opinión
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Fango será, mas fango enamorado

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Ilustración: Alejandra Svriz

Con enorme pesar debemos informar, e informamos, de que la operación ‘Cinco días de vértigo’ que inopinadamente puso en marcha el miércoles 24 de abril nuestro líder, presidente, secretario general y jefe indiscutido ha fracasado en su principal (y más difícil) objetivo: convertir a Pedro en un hombre querido. Ya es un hombre temido, muy temido por todos los que tienen un poco de sentido común. También es un hombre odiado; es visible cómo le aborrece esa infecciosa fachosfera que estúpidamente minusvalora su acreditada capacidad de venganza. Pero no es querido.

El miedo y el odio acompañan al poder desde siempre, pero todo líder necesita también ser comprendido y amado. ¿Qué mejor forma de conseguirlo que una carta de amor? Una carta desnuda, de su puño y letra. Una carta incalificable.

No pudo ser, la carta no pudo tanto. Quizá porque esos folios no mostraron «el amor, pálido y solo» de un hombre ‘profundamente enamorado’, sino las toneladas de fango que el Presidentísimo es capaz de generar y esparcir. «Rojo es el odio, y nutrido. El amor, pálido y solo».

«La operación ‘Cinco días de vértigo’ que inopinadamente puso en marcha Sánchez el miércoles ha fracasado en su principal (y más difícil) objetivo: convertir a Pedro en un hombre querido»

El dramático fracaso de la carta no se verá hoy, sea cual sea el anuncio que finalmente nos regale nuestro Drama King (en precisa definición del semanario The Economist). El fiasco lo televisaron el sábado por la mañana, con el inesperado pinchazo de la concentración de adoradores y adoratrices pedrísimas ante la sede socialista. Lo vieron sus socios, que se apresuraron a anunciar más, muchas más, manifestaciones. Y lo resumió con ministerial precisión Ángel Víctor Torres, titular de Memoria Democrática, ante las cámaras de televisión: «Los millones y las millonas de españoles y españolas»… que la dirigencia del PSOE esperaba en histórica concentración para inundar todo Madrid quedaron en unos cuantos militantes con paraguas a las puertas de Ferraz. Había amanecido un día desapacible con algún chubasco, y así no hay quien manifieste su amor al Pedrísimo. «Los millones» no supieron cómo coger el autobús y «las millonas» del ministro Torres no han sido aún localizadas.

Cierto, hoy, día de San Pedro el Mártir, en algún momento de la jornada, el Presidentísimo nos notificará si merecemos o no que siga sacrificándose por nosotros. Como resumió la agencia de noticias financieras Bloomberg, finaliza el plazo de cinco días que el presidente nos dio para pensar cómo será la vida sin él. Pierdan toda esperanza: no nos vamos a desembarazar de ÉL. Otra cosa es que la operación «¡vuELve!», calcada de un fiasco previo de Pablo Iglesias, hoy reconvertido en barman, haya tenido un impacto reducidísimo en la preocupación ciudadana.

El Presidentísimo podrá seguir siendo jefe del Gobierno: no hay suma alternativa para que triunfe una moción de censura. Podrá contarnos que el amor de los suyos le ha convencido y que seguirá sacrificándose por nosotros. También podrá decidir cualquier otra cosa. Podrá encargar a su chico para todo, Félix Bolaños, que limpie de fachas la judicatura y los medios de comunicación mientras él se toma un merecidísimo descanso de unos meses, que empezarán esta misma semana en Las Marismillas. Podrá incluso anunciar una muy improbable dimisión, hoy mismo, o (algo más probable) en diferido. Podrá decirnos que se someterá, o no, a una futura moción de confianza. Podrá contarnos que habrá un próximo traspaso de poder (mejor sin fecha) y una nueva investidura de otro socialista, para que sea él (o ella) quien concluya la legislatura. Podrá designar, o no, a María Jesús Montero o a José Luis Rodríguez Zapatero como eventuales sucesores… a ambos se les nota muchísimo cuánto lo desean: ella con sus aspavientos ante los escasos manifestantes en Ferraz y él cubriéndose de la vergonzosa operación del sábado con la excusa de hacer campaña desde Cataluña. Podrá demorar su salida unas semanas, unos meses o hasta unos años. Podrá incluso señalar con su dedo mágico a Óscar Puente, como premio por llamarle «el puto amo»

Podrá muchas cosas, pero ninguna incluye borrar el bochorno de estos días. Porque del ridículo, con balcones a la calle, no se vuelve. Y de la convicción internacional de que las aguas monclovitas apestan a corrupción, tampoco. Y menos aún de la desafección que exhibieron el sábado los suyos: «Los millones y las millonas» que olvidaron ir a Ferraz.

Con su carta, Pedro Sánchez ha informado a todos, dentro y fuera de España, que nuestro Presidentísimo es fango, sí. Será ceniza, mas (no) tendrá sentido. Fango será, mas fango enamorado. Enlodado en su fango, «después del amor», podrá leer en soledad aquellos versos premonitorios:

«Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos»

Prepárense. Llega el tiempo del tigre.

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