The Objective
Daniel Capó

¿Un ecologismo de derechas?

«La confianza en la ciencia y en la eficacia de los mercados impulsa el crecimiento económico y favorece la adopción de tecnologías cada vez más limpias»

Opinión
¿Un ecologismo de derechas?

Ilustración generad mediante IA.

Toni Timoner junto a Luis Quiroga acaban de publicar en Deusto un ensayo de título contraintuitivo: El ecologista de derechas. Los dos autores llevan años viviendo en Londres y observando desde la distancia el debate climático. Ambos pusieron en marcha —también hace algún tiempo— OIKOS, el primer think tank —hasta donde yo sé— de nuestro centroderecha orientado al medio ambiente. Su libro pretende responder a la cuestión de compatibilizar el crecimiento económico con la protección de la naturaleza. Su respuesta, nítidamente promercado, es afirmativa: ha sido la innovación tecnológica la que ha logrado reducir las emisiones de CO2. Al menos en el primer mundo.

Sin embargo, resulta obvio que la derecha perdió hace años el debate del ecologismo, como ha perdido el del feminismo y tantas otras batallas culturales. La ironía radica en que la derrota de la derecha no se mide tanto por el afán capitalista como por haber dejado de ser genuinamente conservadora.

Pensemos en lo que significa la palabra conservar. Edmund Burke describía la sociedad como un contrato entre los muertos, los vivos y los que aún no han nacido. En esta definición se contiene la gramática moral del ecologismo: recibir una herencia, custodiarla y transmitirla mejorada a nuestros hijos. Un filósofo más reciente como Roger Scruton prefería hablar de oikophilia, es decir, del amor al lugar donde hemos nacido, a lo que es nuestro y nos precede. El amor siempre encomienda. No podemos volvernos en contra de aquello que amamos.

La tesis central de Toni Timoner y de Luis Quiroga me parece indiscutible cuando bajamos a los datos contables. La confianza en la ciencia y en la eficacia de los mercados impulsa el crecimiento económico y favorece la adopción de tecnologías cada vez más limpias. El problema es el tiempo. O su maduración, si se prefiere. El tiempo extendido de la naturaleza no coincide con los ciclos de la democracia que, por su misma presión demoscópica, muestra un evidente sesgo estructural hacia el presente. En España, contamos con buenos ejemplos de ello.

«La izquierda convierte la causa climática en una pseudorreligión, con su cuota de pecado y de redención»

Al problema de la maduración de las políticas, la izquierda ofrece la respuesta de la moralización. Convierte de este modo la causa climática en una pseudorreligión, con su cuota de pecado y de redención, con sus ayunos y sus indulgencias en forma de puntos para los viajes en avión. La moralización no es sólo efectiva como arma de combate ideológico, sino que además introduce en el debate una intuición importante, a saber: sin algún tipo de compromiso que trascienda el cálculo de coste-beneficio, las generaciones presentes seguirán descontando el futuro de las generaciones por llegar.

Ahora bien, ¿hasta qué punto el mercado puede sustituir a la virtud? ¿Ofrecen los incentivos impositivos o legales concretos la misma efectividad que antes demostraba la cultura del honor? Se trata de un debate que va más allá del ecologismo y que apunta hacia la antigua confrontación entre liberales y conservadores. La fisura entre ambas corrientes ideológicas es mayor de lo que intuye cierta caricatura mediática.

En todo caso, El ecologista de derechas supone el primer intento responsable de reformular desde el centroderecha español el gran tema de la ética del cuidado. Al ensanchar el campo de juego, se enriquece el debate intelectual. Y nos permite descubrir que la tradición medioambiental del conservadurismo es, al menos, tan rica como la tradición progresista.

Publicidad