The Objective
César Antonio Molina

Con burkas y a lo loco

«Nuestras heroicas feministas, muchas de ellas en los gobiernos de Sánchez, han mantenido un silencio culpable sobre el maltrato y asesinato de mujeres en Irán»

Opinión
Con burkas y a lo loco

Ilustración generada mediante IA.

Feminismo, anticolonialismo, antiimperialismo, antirracismo, ecologismo fundamentalista, multiplicación de géneros y otros ismos son algunos de los asuntos que enfrentan a las sociedades occidentales consigo mismas. El feminismo, en nuestro país, ha sido indiferente y directamente cruel con el maltrato e incluso asesinato de mujeres en Afganistán e Irán. También, desgraciadamente, se podrían citar otros lugares en apariencia menos extremos como la Siria actual, igualmente regida por un gobierno islámico.

Encerradas en sus casas, sin educación, tapadas por completo por un burka en sus escasas salidas públicas, estas mujeres desarrollan una absoluta sumisión al hombre, quedando reducidas a amas de casa y reproductoras, por no decir esclavas sexuales de sus maridos. Hay otras muchas jóvenes que arriesgan sus vidas por cambiar estas estructuras medievales: estudiantes universitarias, obreras, trabajadoras y profesionales de todo tipo. Una vez descubiertas, sufren agresiones, detenciones, torturas e incluso la muerte. Muchos de sus nombres los conocemos por la prensa. Comparten la horca con los homosexuales.

Y ante todos estos desmanes, nuestras heroicas feministas, muchas de ellas en los gobiernos de Sánchez y en puestos parlamentarios y senatoriales de responsabilidad, han mantenido un silencio culpable, un silencio sepulcral. Se está contra la guerra, ¿quién no en su santo juicio?, pero ni una palabra pronunciada por parte de nuestra extrema izquierda, ya ahora representada por el mismo Partido Socialista, sobre este asunto de una gravedad suma.

Lo que están desarrollando con la persecución a la mujer en países como Irán es un proyecto ginocida. Un concepto, el de ginocidio, acuñado por la militante feminista Antoinette Fouque. Aunque, además de las atrocidades antes mencionadas, podrían incluirse el aborto selectivo de los fetos femeninos en India y en China, así como el infanticidio. Pero tanto el sanchismo como su feminismo-estandarte (como en la época de Franco lo era la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera) hoy en día están con China, o sea, en «el lado bueno de la historia».

En el África Subsahariana se practica la ablación y la infibulación. Muchos inmigrantes de estas zonas lo han llegado a practicar en nuestro país y en otros de Europa. El ginecólogo y Premio Nobel de la Paz, Denis Mukwege, ha denunciado que, en la región africana de los Grandes Lagos, se llevan a cabo violaciones en masa. Apenas hay la más mínima información sobre todo esto. Y las feministas tendrían que denunciarlo. El feminismo no debe ser algo local sino universal. Sabemos de sobra que las mujeres han padecido durante siglos un relegamiento de la vida social: sin derechos ciudadanos o económicos, ni siquiera a su propio cuerpo.

«Que las bombas que los iraníes disparan contra los israelíes lleven el nombre de Sánchez es una deshonra para nuestro país»

Afortunadamente, en los últimos tiempos eso ya no es así, al menos en las democracias occidentales a las cuales pertenecemos. Pero, por un extraño desvío, Pascal Bruckner en su magnífico ensayo Sufro, luego existo, toda una gran parte del movimiento feminista actual prefiere lanzar una «acusación global contra los hombres», cebándose en un dócil y permisivo Occidente, en lugar de incriminar a tal o cual cultura, estado o religión por miedo a ser tachadas de racismo y colonialismo.

Y al frente de esta cobardía están muchas de nuestras demagogas feministas, supuestamente progresistas. Término que Sánchez ha pisoteado y arrastrado por los suelos. La filósofa Judith Butler había exhortado a las mujeres afganas a que no se quitaran el velo después de la caída de los talibanes para no colaborar con el imperialismo y el capitalismo norteamericano. Nuestro presidente ha hecho algo por el estilo. Denunciar a Trump por iniciar una guerra fuera de las leyes internacionales, sin criticar al Estado islámico de Irán.

De ahí las felicitaciones entusiastas recibidas por los ayatolás y los grupos terroristas islámicos de toda esa región, como es el caso de Hamás y Hezbolá. Igualmente, da vergüenza que los talibanes muestren admiración por Sánchez. Trump, como sabemos, es una persona desequilibrada, pero los EEUU son un país democrático, cosa que Irán no lo es. En los EE UU, las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, pero en Irán no. En Irán son tratadas como animales. Que las bombas que los iraníes disparan contra los israelíes lleven el nombre del presidente es una deshonra para nuestro país.

Gran parte del feminismo es antihombre. Odia al hombre, fundamentalmente, blanco y heterosexual. «El entusiasmo por el velo oculta mal la inversión orwelliana: presentar la servidumbre como una liberación, la pañoleta como un instrumento de emancipación», escribe el filósofo Pascal Bruckner. La senadora ecologista francesa Esther Benbassa llegó a escribir en un artículo que publicó el periódico francés Libération (2016) que «el velo no es más alienante que la minifalda». Es decir, que la manera de actuar contra la mujer en estos Estados islámicos es para estas feministas de Occidente un amanecer de libertad en vez de de terror.

«Las sanchistas, entre el burka y la minifalda, eligen lo primero para Irán”

Y, a partir de esto, la destrucción del hombre pasa por destruir sus obras y su genio. Según esto, es legítimo acusar a Picasso de machista y tratar de cerrar sus museos (Barcelona); o prohibir y censurar los libros de Kundera, acusándole de crear personajes femeninos débiles o ridículos. Un grupo de feministas reclamó la retirada del cuento infantil La bella durmiente porque el príncipe la besaba sin su permiso. Por lo visto, estas señoras preferían que la muchacha siguiera muerta antes de ser resucitada por aquel apuesto joven.

Un cierto neofeminismo, incluido el sanchista, no quiere tanto liberar a las mujeres como imponer reglas inflexibles y demenciales, y hacer que se avergüencen de frecuentar todavía a los hombres. O lo que es lo mismo: a sus padres, hermanos, tíos, sobrinos y demás. Para ellas, el bien lo representan las mujeres, el mal los hombres. Pero las mujeres, como se demostró en los campos de concentración nazis, también tuvieron un papel aciago, en ese y en otros momentos de la historia. El odio publicitado contra el hombre por parte de muchos grupos feministas del sanchismo no se entiende cuando se han legislado y perseguido las violaciones, el incesto, la violencia de todo tipo, la pedofilia, las diferentes formas de acoso y tantas y tantas otras variantes.

Para Sánchez, Irán, al ser atacado, está como él mismo, en el lado bueno de la historia. Al presidente le sucede lo que le aconteció a Sartre. El filósofo francés firmó un artículo en Les Temps Modernes, junto al también filósofo Merleau-Ponty. En este texto reconocían la existencia de los campos de concentración soviéticos (con más millones de muertos que los campos nazis), pero aun así sostenían que la URSS se situaba en el lado bueno de la historia.

La lucha contra la violencia sobre la mujer pasa por combatir a los encubridores de la misma. Y Sánchez lo está haciendo con Irán. Este país es una dictadura feroz como Rusia, China o Corea del Norte. Reírles las gracias conduce a reconocerles derechos sobre sus víctimas. «¡Seamos inflexibles. No en nuestro nombre!» repetía Solzhenitsyn. Las sanchistas, entre el burka y la minifalda, eligen lo primero para Irán. Cualquier día veremos a Begoña, solidaria también con esa República Islámica, declarando de tal guisa en los tribunales.

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