The Objective
Hugo Pérez Ayán

Quédese, señor Sánchez

«Cada día que resiste en el poder supone un aumento de nuestras posibilidades de barrer a su partido en las urnas y de construir una España próspera»

Opinión
Quédese, señor Sánchez

Ilustración generada mediante IA.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha entrado hace tiempo en una fase de descomposición permanente. A las ya normalizadas derrotas parlamentarias y a unos presupuestos que ni están ni se esperan se suman cada poco nuevas debacles electorales en feudos históricos del PSOE. La corrupción política y económica que rodea a su entorno más cercano y que cada mes se desvela más profunda y más grave convierte en obligación moral devolverle al pueblo la palabra que tanto teme escuchar. Y, sin embargo, conviene reconocer que el presidente acertó el otro día en una sola cosa, quizá la única de toda la legislatura, cuando dijo que el mandato debía prolongarse hasta 2027 en pos del interés general. Porque la realidad es que cada día que Sánchez se aferra al poder es un clavo más en el ataúd del PSOE, y nada es de mayor interés general hoy para España que apartar por un largo tiempo a los socialistas de cualquier resorte de poder.

La derecha española vive desde hace años en una constante impaciencia existencial frente a un adversario cuya principal virtud política consiste, precisamente, en sobrevivir a aquello que debería haberlo hundido. Ha esperado el desplome de esta legislatura desde el mismo día en que echó a andar, y cada amago de final se ha resuelto con una nueva resistencia que no ha hecho sino alimentar la frustración de los suyos. No obstante, esta legislatura que nació muerta para el Gobierno le ha venido de perlas a una oposición que llegó al 23 de julio de 2023 desorientada, dividida y sin un relato propio que ofrecer.

Mientras el PSOE y sus socios no han hecho más que desgastarse y enfrentarse a las consecuencias de sus malas políticas en áreas como la vivienda o la inmigración, el PP y Vox han atravesado un largo desierto en el que las urnas les han obligado a aprender a convivir y han entendido que lo que su electorado les reclama es que encarnen un proyecto alternativo para España.

Por su parte, Sánchez ni siquiera ha logrado aprovechar estos tres años para avanzar en su agenda de demolición institucional: la amnistía, pese a haberse consumado en el Boletín Oficial, ha quedado en gran medida en papel mojado gracias a una Justicia que se ha negado a tragar con ella, y su suerte última dependerá del veredicto del TJUE. El asalto al Poder Judicial y a la Fiscalía, que era con diferencia el mayor riesgo democrático de cuantos se incubaron en estos años, logró frenarse antes de consumarse.

Es cierto que sería ingenuo negar que el daño existe y que algunas decisiones, como la regularización masiva o la ley de nacionalización de nietos de exiliados españoles, resultan sencillamente irreversibles y proyectarán sus efectos sobre toda una generación. Aun así, el daño más gravoso es el tiempo perdido, estos años de parálisis durante los cuales el país se ha ido cayendo a cachos mientras los problemas de fondo se enquistaban. Y, sin embargo, el realineamiento político que se ha producido lo compensa con creces.

«La oposición tampoco estaba preparada en 2023 para afrontar los grandes retos que España tiene por delante»

Porque, seamos sinceros, la oposición tampoco estaba preparada en 2023 para afrontar los grandes retos que España tiene por delante. Lo más probable es que se hubieran topado con la crisis de la vivienda, la avalancha migratoria y la decadencia de las infraestructuras sin una idea clara de cómo abordar tales cuestiones, dando lugar a una rápida vuelta a la movilización por parte de la izquierda.

Ahora, en cambio, existe una oportunidad que la derecha no puede dejar escapar. Que el PSOE quede arrasado no significa solamente apuntarse una victoria coyuntural sobre la izquierda, sino abrir la posibilidad de desplazar durante toda una generación la hegemonía política de un campo al otro, y de convertir al que durante décadas presumió de ser el partido más parecido a España en una fuerza incapaz de regresar por sí sola a Moncloa.

Todo el daño acumulado en estos años habrá merecido la pena si sirve para que el centro-derecha gobierne al fin sin complejos y con una ambición reformista capaz de afrontar tanto la regeneración política y democrática como los grandes problemas sociales y económicos: el drama de la vivienda, el desafío migratorio y el deterioro de unas infraestructuras que se nos vienen abajo, así como una fiscalidad y una financiación autonómica que claman reforma, la sostenibilidad de unas pensiones cada día más comprometidas y el estado lamentable de la educación, la sanidad y la seguridad.

Una derecha capaz de avanzar de nuevo hacia una España pensada, en definitiva, para las familias españolas, en la que el PP y Vox asuman la responsabilidad de gobernar en Moncloa, en hasta 14 de las 17 autonomías y en casi todas las capitales, mientras el socialismo queda relegado a administrar una Cataluña ingobernable por el ascenso de Aliança Catalana.

«La derecha debería invertir en crecer allí donde lleva años dándose por vencida, como en Cataluña y en el País Vasco»

Pero ninguna oportunidad se concretará por sí sola. Se exige para ello una preparación que la derecha no puede postergar. En el plano nacional, nada resulta tan urgente como una coordinación seria entre el PP, Vox y UPN orientada sobre todo a obtener una mayoría de tres quintos en el Senado, pues sin ella será imposible limpiar un Tribunal Constitucional hoy desfigurado y devolverle una mínima parte de toda la credibilidad que ha perdido. Esa misma ambición debería empujar a la derecha a invertir en crecer allí donde lleva años dándose por vencida, muy especialmente en Cataluña y, en menor medida, en el País Vasco.

En lo autonómico, el reto pasa por conquistar al fin los feudos socialistas de Asturias y Castilla-La Mancha, tratar de recuperar Navarra y vigilar con particular cuidado la Comunidad Valenciana, donde el desgaste de la actual Generalitat post-Mazón podría dilapidar en un instante todo lo que tanto ha costado ganar. Coordinación, ambición y generosidad son las tres condiciones para que el próximo Gobierno no sea nuevamente un mero paréntesis entre dos gobiernos izquierdistas.

Por eso, en suma, y aunque a más de uno pudiera sonarle a herejía, me atrevo a escribirlo sin que me tiemble el pulso: quédese, señor Sánchez. Cada día que resiste en el poder supone, para quienes aspiramos a relevarle en las urnas, un aumento de nuestras posibilidades de barrer a su partido y construir una España alternativa en la que los españoles podamos volver a ser prósperos. Tan solo hace falta que enfrente haya una derecha capaz de gestionar con responsabilidad el gran poder que usted le va a otorgar.

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