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'¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?', la gran novela a la sombra de 'Blade Runner'

Foto: Warner Bros

“El ambiente matinal gris plomizo, salpicado de motas radioactivas y capaz de ocultar el sol, se desparramaba a su alrededor, irritándole la nariz; aspiró involuntariamente el olor de la muerte. Tal vez era una descripción algo exagerada, pensó mientras se acercaba al trozo de césped que le pertenecía junto al apartamento excesivamente espacioso de abajo. El legado de la Guerra Mundial Terminus había perdido intensidad: quienes no sobrevivieron al polvo habían muerto años atrás, y éste, ahora más ligero, tan sólo transtornaba las mentes y los genes de los supervivientes más fuertes”.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick

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Es conocido el hecho de que la película Blade Runner –nombre extraído de una obra de William Burroughs– está inspirada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del autor Philip K. Dick (1928-1982), quien puso de manifiesto su vocación filosófica con un título que es una pregunta. Dick es un novelista de culto, uno de los escritores más revolucionarios de la ciencia ficción, y la fama internacional no le alcanzó en vida. Vivió con muy poco dinero, prácticamente en la miseria, a pesar de ser un autor respetado en el círculo de la ciencia ficción: un círculo demasiado estrecho, en cualquier caso. Sus obras se publicaban en editoriales humildes que pagaban poco, y Dick volcaba todos sus esfuerzos en publicar sin descanso, a menudo con altas dosis de anfetaminas durante el día y altas dosis de somníferos durante las noches.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la gran novela a la sombra de Blade Runner

Harrison Ford, en un fotograma de ‘Blade Runner’ (Ridley Scott, 1982). | Fuente: Warner Bros

Dick era un hombre de principios: cuando escribió ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, le ofrecieron 400.000 dólares por hacerlo en forma de guion cinematográfico y no como novela. Él respondió que no. Dick sufría delirios y tenía visiones de Jesucristo y legiones romanas, especialmente en sus etapas de soledad, pero en cierto modo fue un hombre lúcido. La película Blade Runner, que guarda numerosas diferencias con su novela –empezando por el personaje de Rick, interpretado por Harrison Ford, quien fue presionado por su representante para aceptar el proyecto–, dio a conocer su nombre en el mundo. Dick murió meses antes del estreno, en 1982. Sin embargo, pudo ver algunas escenas en las últimas fases de posproducción, y le asombraron.

Han pasado 35 años desde aquel estreno, y el 6 de octubre llega la continuación, ambientada en 2049 –la primera transcurre en 2022–. En esta ocasión, dirigida por el talentoso director Denis Villeneuve y con un reparto que incluye a un entusiasta Harrison Ford –ahora convencido–, Ryan Gosling, Ana de Armas y Jared Leto. La editorial Minotauro ha aprovechado la percha para publicar una edición especial de la novela de Dick. La edición es de lo más exclusiva: solo hay 2.000 ejemplares numerados en circulación y el prólogo lo ha escrito el cineasta cántabro Nacho Vigalondo, que se quita el sombrero ante el autor de Chicago.

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Ryan Gosling, en un fotograma de ‘Blade Runner: 2049’ (Denis Villeneuve, 2017). | Fuente: Warner Bros

El director español escribe sobre su admiración por el libro –y por la película, aun excusándose por relacionarlas sin remedio–, y confiesa una fascinación particular por el regulador de ánimo, una máquina que es absolutamente ignorada en la película de Ridley Scott. “Quizás la idea más poderosa, la que podría demandar su propia novela, es el órgano de ánimos Penfield”, escribe Vigalondo. “Se trata de un sistema de estimulación cerebral que permite, a través de una consola, modificar los estados de ánimo propios, incluso programar su orden e intensidad durante todo un día. Un concepto que K. Dick no tarda en llevar a sus extremos, cuando Iran ofrece una explicación, sorprendentemente diáfana, de los beneficios de programarse dos depresiones de seis horas al mes”.

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—En mi programa del día figura un episodio depresivo de autorreproches de seis horas de duración —anunció Iran.

 —¿Cómo? Pero ¿por qué has programado algo así? —Eso atentaba contra el espíritu del climatizador del ánimo—. Yo ni siquiera sabía que pudiera programarse algo semejante —dijo, desanimado.

—Estaba aquí sentada una tarde, y como de costumbre había sintonizado el programa del Amigable Buster y sus amigos amigables. Estaba anunciando una noticia importante, cuando pusieron ese horrible anuncio, ese que odio tanto; ya sabes, el de las braguetas de plomo Mountibank. Durante un minuto, más o menos, apagué el sonido. Y entonces oí al edificio, a este edificio; oí… —Hizo un gesto. 

—Los apartamentos vacíos —dijo Rick. A veces también él los oía de noche, cuando se suponía que debía estar durmiendo. Era sorprendente que se clasificara en la parte alta de la horquilla de densidad de población un bloque de pisos medio vacío como aquél, situado en lo que antes de la guerra eran los suburbios, donde podían encontrarse edificios prácticamente deshabitados… o eso había oído. Había pasado por alto aquella información; como mucha gente no quería experimentarlo de primera mano.

—En ese momento —continuó Iran—, cuando tuve apagado el volumen del televisor, estaba en un estado de ánimo 382; acababa de marcarlo. Así que aunque escuché físicamente el vacío, no lo sentí. Mi primera reacción consistió en agradecer que pudiéramos permitirnos un climatizador del ánimo Penfield. Pero entonces caí en la cuenta de lo poco sano que era ser consciente de la ausencia de vida, no sólo en este edificio, sino en todas partes, y no ser capaz de reaccionar. ¿Lo entiendes?

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La novela y la película, pues, funcionan de manera autónoma. Las diferencias en Rick, el protagonista, son abismales. Quizá en la novela tenga un tono más sincero: más entregado al mundo, a su mujer, a lo que significa –al parecer– ser un humano. En la película es más solitario y taciturno. Es una novela de una profundidad inusual para su brevedad; es el libro que pudo hacerle millonario.

'¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?', la gran novela a la sombra de 'Blade Runner'

Edición exclusiva de la editorial Minotauro. | Fuente: Minotauro

Durante 53 años, Dick tuvo presente la muerte de su hermana melliza, Jane, que murió cuando apenas tenían seis semanas. Sus padres añadieron entonces el nombre de Philip en la lápida.

Cinco días antes de fallecer, Dick llamó a su psiquiatra para decirle que se encontraba mal y estaba perdiendo visión repentinamente. El terapeuta le aconsejó ir de inmediato al hospital, pero Dick nunca fue. Le encontraron al día siguiente inconsciente en su casa: sufrió un infarto. Lo llevaron con vida hasta el hospital, pero sufrió otro ataque y su actividad cerebral cesó: solo una máquina le mantenía con vida, y su familia decidió desconectarlo. Cuando murió, llevaron el cuerpo de Philip al crematorio y enterraron sus cenizas junto al cuerpo de su hermana. Luego marcaron la fecha de muerte de Philip sobre el mármol.

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