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Un año después de las protestas, la miseria es la única que marcha por las calles de Venezuela

Foto: RONALDO SCHEMIDT | AFP

El sonido de las sirenas de ambulancias y coches de policía se hace persistente. Desde la calle, el hiriente olor a gas lacrimógeno se cuela al interior del ambulatorio de Chacao (un municipio al este de Caracas). El corazón palpita con fuerza. Piensas que en algún momento los soldados de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) van a arremeter en contra del centro de salud en donde los reporteros estamos tratando de verificar el número de heridos ingresados en este día 35 de las manifestaciones en Venezuela contra Nicolás Maduro.

Es 3 de mayo de 2017. Hace más de un mes (el 30 de marzo) que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) —formado en su mayoría por militantes del partido chavista y acusado por la oposición de ser un brazo judicial de Maduro— dictó una sentencia definitiva que “derramó el vaso” del descontento popular en Venezuela.

Fue la decisión 156, mediante la cual se atribuye a sí mismo las funciones de la Asamblea Nacional (el Parlamento, único poder público de mayoría opositora) y extiende las funciones absolutas otorgadas a Maduro para gobernar por decreto en medio de “un estado de conmoción”.

Aquel 30 de marzo se habían iniciado las que serían las manifestaciones masivas más constantes registradas en América: duraron 134 días y dejaron al menos 150 muertos, la mayoría jóvenes universitarios entre 17 y 30 años asesinados en las calles a balazos, a la cabeza o al torso.

Chacao era el epicentro de las protestas en el este de Caracas. Este 3 de mayo, a tan solo dos kilómetros del centro municipal de salud ocurre una de las escenas emblemáticas en la espiral de violencia. El reportero Ronaldo Schemidt logra captar en una fotografía que hoy compite por el premio de mejor imagen del año del Press Photo de 2018: un manifestante de la oposición, que sería identificado como José Víctor Salazar Balza, de 28 años, está envuelto en llamas.

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José Víctor Salazar Balza, de 28 años, envuelto en llamas en Venezuela. | Ronaldo Schemidt / AFP

 

“Este día lo recuerdo como uno de los más intensos, violentos y sorpresivos de todas las jornadas de protestas que hubo durante esos meses en Venezuela. Recuerdo que pasaban las horas y la manifestación seguía muy fuerte, precisamente en Altamira (urbanización de Chacao). Estaba con Juan Barreto, mi compañero y amigo fotógrafo de la AFP en Caracas, cada uno trabajando en una calle y nos manteníamos en comunicación por radio para saber cómo estábamos”, comienza Schemidt su relato.

Poco después, decide ir hacia donde está Barreto y ambos perciben cómo aumentan los gritos y la tensión.

Confusión y fuego

“Había una moto y una tanqueta de la guardia ante mí. También había muchos manifestantes gritando y golpeándolas. Le lanzaban bombas molotov. Había otra moto con dos guardias que eran atacados con piedras. Entonces una tanqueta embiste a algunos manifestantes, les pasa por encima y arrastra una de las motos de la GNB”, dice Schemidt.

Poco después, la moto queda en el suelo abandonada. Los manifestantes la toman como una especie de trofeo en el enfrentamiento.

“Algunos gritan, brincan. Entonces uno lanza otra bomba molotov, que no genera más que unas llamas sin que pase gran cosa. Yo decido acercarme pensando que en algún momento la GNB buscaría su moto y eso generaría otro conflicto. Pero de inmediato, al ver la escena de la moto en el piso, y el fuego de la molotov, pensé que podía ser peligroso y comencé a retirarme. Pero a pocos metros de haberme alejado, uno de los jóvenes manifestantes golpea el tanque de la motocicleta con un tubo y lo rompe, generando una gran llamarada y una explosión, que envuelve a José Salazar y casi me quema a mí por estar tan cerca. Comienzo a disparar [la cámara] sin darme cuenta de que allí había una persona en llamas. Eso duró apenas unos 14 segundos. Entendí lo que sucedía cuando José cae al piso y sus compañeros lo comienzan a ayudar y a apagar, todo era caótico y muy rápido”, continúa Schemidt.

Mientras tanto, en el ambulatorio permanecemos muchos periodistas. Se comenzaba a correr el rumor de que había un nuevo joven muerto. Ya iban 33 asesinados durante las semanas de protestas. Ese día aumentan a 34 los fallecidos. Un músico de 17 años llamado Armando Cañizales muere por el disparo de una canica, que presuntamente un efectivo de las fuerzas de seguridad efectuó en una de las «líneas de fuego» que seguía activa a tan solo pocas cuadras de donde José Víctor Salazar se había quemado ese día.

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Un manifestante en una de las protestas para exigir elecciones generales y anticipar la salida del poder de Nicolás Maduro. | Carlos García Rawlins / Reuters

 

Los gritos de desesperación llegan al Salud Chacao. “¡Quítense del medio”, reclaman los enfermeros y médicos a los reporteros que se atraviesan con sus cámaras. Traen en moto a Salazar. Pocos logramos mantener la mirada puesta en su espalda que estaba en carne viva. Recuerdo que pensé que seguramente alguien lo habría arrastrado por el suelo, como Aquiles a Héctor.

The horror…the horror’

Ricardo González, conocido en Venezuela por dirigir Zurda Konducta, un programa de televisión afín al gobierno, fue uno de los principales reporteros del medio estatal Venezolana de Televisión que cubrió las protestas. Él tampoco olvida aquel 3 de mayo:

“Yo estaba una cuadra más abajo [de la escena de fuego]. Recuerdo cómo le sustrajeron la moto al comandante Casanova, que es con quien pelea el muchacho. Casanova tenía dos semanas de haberse enterado de que iba a tener un bebé. ¿Qué habría pasado si [estos chicos] lo retienen en ese momento? Creo que lo habrían linchado o quemado. Ellos le sustraen la moto, la tiran en el piso y comienzan a descargar todo el odio contra la moto. El muchacho clava la cabilla (mango de metal) al tanque de gasolina y sale el chorro del combustible como un lanzallamas. No hay más palabras para describir esa imagen que: ira, ira e ira. Insisto en la falta de liderazgo político para darle coherencia a la rabia de la gente. La rabia puede organizarse en votos o en debates, pero esa imagen demostró que un movimiento acéfalo lleno de rabia y cargado de odio lo único que va a hacer es autodestruirse, que fue lo que ocurrió al final de todo”.

Omar Lugo, director de El Estímulo, uno de los medios digitales con más lecturas en el país, al ver la foto hecha por Schemidt expresa: “Esa imagen, así como a muchos de esos días todavía los evoco con un par de  palabras del coronel Kurtz (personaje de la película ‘Apocalypse Now’ de Francis Ford Coppola): ‘The horror…the horror’. Y con el convencimiento de estar montado en un país que marchaba -marcha- rumbo a una especie de «somalización», de guerra de baja intensidad, de anarquía, de tribus de poder, de impunidad y de más violencia, o en todo caso de más ‘pax’ impuesta por las armas”.

Un violento 2017

Al analizar el rol del periodismo en Venezuela, González considera que los medios tradicionales no hacen un buen trabajo porque tiene posiciones muy sesgadas y dice que eso se incrementó el año pasado. “Nuestra postura por ejemplo (en el programa Zurda Konducta) es decir que no somos comunicadores sociales, sino militantes, antes de ser periodistas. Ejercemos el periodismo en cierto modo, pero tenemos un programa de opinión. Al menos sinceramos la propuesta”. Añade que las redes sociales y el periodismo independiente están haciendo un mejor trabajo que revolucionará a la prensa en el país.

El 2017 fue uno de los más agitados años en la cobertura periodística en Venezuela. Esto lo corrobora Lugo, quien ya suma más de tres décadas experiencia en medios locales e internacionales. Siente que la cobertura de entonces fortaleció al periodismo digital venezolano. La mayoría de las personas se informan a través de las redes sociales y los medios digitales, en un país marcado por la censura a la prensa tradicional.

 

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Un manifestante ante una explosión en una de las protestas en Caracas, Venezuela. | Christian Veron / Reuters

 

“Tuvimos una cobertura más completa, más amplia, más imparcial y precisa de lo que estaba ocurriendo en todo el país. Eso nos ayudó definitivamente a consolidarnos como una nueva referencia mediática, mientras que los medios tradicionales sucumbieron, sometidos a la censura, a la autocensura y a la escasez de recursos, de papel y de personal, a las fallas de gerencia. Las audiencias les pasan todavía la factura (especialmente a medios impresos y a los de señal abierta de radio y TV) por haber ignorado o cubierto malamente lo que estaba ocurriendo en el país con unas protestas que, por cierto, eran convocadas y organizadas a través de redes sociales”, dice Lugo.

El trabajo en la redacción fue a ritmo frenético para intentar cubrir con la mayor precisión, profundidad, inmediatez y responsabilidad una serie de eventos que formaron “un torbellino”. “Eran meses de incertidumbre, de expectativas, de mucho dolor. Fue como cubrir una guerra de baja intensidad”, rememora.

 

¿Qué queda después de un año?

El director de El Estímulo cuenta que en 2017 se pasó de la cúspide de la agitación y de la movilización masiva en contra del chavismo, de un levantamiento popular espontáneo, movido por el hambre, la rabia, el colapso de los servicios públicos, el rechazo a la violencia criminal; a una situación en la que predomina el estancamiento, la resignación, el miedo, el terror y la espera pasiva. Es decir, una angustiosa calma.

Un año después, las causas que originaron estas protestas no solo siguen vivas sino que la situación es mucho más grave, pero los venezolanos no han vuelto a las calles como en el pasado pues su atención está centrada en “sobrevivir”. En el país el salario mínimo de un trabajador apenas alcanza para compara una hogaza de pan: 1 millón 300 mil bolívares se traducen en 6 dólares al mes en el mercado paralelo, que es el único al que pueden acceder unos pocos. La capital es la ciudad más violenta del mundo con 89 muertes de este tipo por cada 100.000 habitantes, según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). La hiperinflación rondará al menos 4.000% este año, estiman los economistas, aunque diputados de oposición sostienen que ya se ubica en 6.000%. La miseria y el hambre se expanden por las calles. La desnutrición podría cobrarse la vida de 280.000 niños este año, según la organización Cáritas de Venezuela que en un estudio reciente mostró una cifra alarmante: en cada semana de 2017 murieron entre cinco y seis niños desnutridos.

Pese a todo, Nicolás Maduro mantiene un férreo control político y militar que lo lleva rumbo a la reelección en apenas mes y medio, y esto lo logra no por la popularidad: tiene el porcentaje más bajo de su mandato (17%), según una encuesta de febrero del Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD), sino porque la ausencia de un estado de Derecho ha pervertido a las instituciones y funcionan a favor del régimen. Tal es el caso del Consejo Nacional Electoral, encargado de organizar los comicios del 20 de mayo.

Lugo dice desde Caracas que a diferencia del año pasado en el ambiente no se respira ninguna expectativa de cambio ni de rebelión.

“Hoy no hay movilización de masas, tampoco de partidos políticos. Los dirigentes y sus propias organizaciones fueron arrasados por la ola de las protestas y por la posterior campaña de represión y persecución lanzada por el gobierno de Maduro en contra de quienes fueron identificados como agitadores, organizadores, promotores de lo que al Gobierno le dio por despachar como ‘violencia fascista’. Hoy esa dirigencia política es rechazada casi tanto como a la de los chavistas. Está desacreditada. Nunca han sido capaces de responder de forma contundente, de salirse del libreto, de acertar, de interpretar e impulsar el descontento de un país sin libre albedrío. Hoy esos líderes no son capaces de convocar ni de reunir un grupo para una excursión a un parque”.

 

Los que se quedaron y todavía creen

Por su parte, Ricardo González sigue creyendo en la llamada Revolución Bolivariana. Garantiza que el  Gobierno “no ha tomado medidas en contra del pueblo”, a pesar de las condiciones en las que se encuentra el país.

“Nuestro análisis arroja que hay diversos factores que empeoran la crisis económica. Uno de ellos es el bloqueo o el embargo que tiene Estados Unidos sobre Venezuela con las diferentes sanciones. Lo segundo, los niveles de corrupción en diversos sectores, tanto del Estado como del empresariado. Hay sectores vinculados a la oposición y que desde hace años la están financiado”, dice.

El año pasado Washington adoptó medidas más drásticas contra la cúpula del chavismo —Maduro incluido— a quienes les acusa de delitos que van desde violación a los derechos humanos, atentados contra la democracia, hasta corrupción, lavado de dinero y narcotráfico.

 

 

Las sanciones alcanzaron a la petrolera estatal Pdvsa y a la República, que no pueden emitir en el mercado de Estados Unidos (principal socio comercial del país) deuda con un vencimiento mayor a 90 días.

González afirma que ante la situación del país, cualquier Gobierno “de derecha o tradicional” habría vendido parte de la nación al Fondo Monetario Internacional o al Banco Mundial. “Hubiese aprobado despidos masivos en instituciones del Estado o venido empresas del Estado”.

“Maduro ha tomado buenas decisiones políticas y económicas, por ejemplo las bolsas de los CLAP (los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, del Partido Socialista que se encargan de racionar los alimentos entre 6 millones de las familias más pobres) que aunque no son una solución estructural, le han permitido a la gente protegerse de los precios especulativos. Me molesta de los periodistas que jueguen un papel político acusando a un solo sector del conflicto cuando es un problema multidimensional que no se va a solucionar con un cambio de gobierno. Y suponiendo que esto pudiese pasar, creo que ninguna de las propuestas que hay de cambio presentan un proyecto claro”, agrega.

 

Los que se fueron

Dentro de ese éxodo venezolano se cuenta la autora de esta crónica. Extraoficialmente, tres millones de personas han dejado su hogar. Formo parte de 1,6 millones de venezolanos que se han instalado legalmente en el extranjero desde 2015, según cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Salí el 12 de agosto de 2017 tras un incidente en la cobertura de una de esas protestas que Schemidt retrató. Un grupo de civiles armados adeptos al Gobierno nos atacó a balazos e intentaron secuestrarnos a mi compañera fotógrafa de El Estímulo y a mí. Por fortuna salimos ilesas. Mi ex compañera también salió el país y estudia un postgrado en cine en Argentina.

Entre tanto, Ronaldo Schemidt vive en México desde hace muchos años y regresa siempre que le mandan a trabajar a Caracas. Dice que lo que más le impresionó de su cobertura fue “ver a Caracas, donde crecí, convertida en un campo de batalla”.

Es 3 de mayo de 2017 todavía no sé que quedan 100 días de manifestaciones violentas en Venezuela, que serán asesinadas otras 100 personas personas, que veré familiares llorar, furgonetas de la morgue llevarse los cuerpos de adolescentes que se enfrentarán a las armas de una dictadura disfrazada de votos. Es 3 de mayo y no puedo saber que la imagen del cuerpo en llamas de José Víctor Salazar será ya siempre un eco en la memoria. Es 3 de mayo y no sé que en tres meses y 7 días estaré volando a Madrid a crear una nueva vida, lejos de las balas.

 

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La periodista Anna Carolina Maier cubriendo la guerra de Venezuela. | Crédito: Pedro Agrinitis / El Estímulo

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