Eduardo, el hijo de Norman Foster que no estudió Arquitectura: «Mi madre me transmitió la pasión por el arte y el respeto a las raíces»
El joven estudió en Londres y, recientemente, ha viajado a Lanzarote donde se ha dejado fascinar por César Manrique

Eduardo Foster junto a su padre, Norman. | Redes sociales
Norman Foster es uno de los eruditos de la arquitectura más importante del mundo. El hombre, aunque nació a varios miles de kilómetros de nuestro país, siempre ha mantenido una conexión muy especial con España, sobre todo desde que comenzara su relación con Elena Ochoa. Esto le ha mantenido pasando temporadas en la capital y conociendo, de primera mano, los proyectos que se desarrollan en su fundación, que se ubica en una de las calles centrales de Madrid. Además de su carrera profesional, Foster ha puesto todos sus esfuerzos en su familia, quienes son su mayor tesoro y a quienes ha educado en los valores del esfuerzo, la solidaridad y, sobre todo, en el arte.
Su hijo, Eduardo, es uno de los pilares fundamentales de su vida y es él quien se deshace en halagos hacia su progenitor en su perfil de Instagram. Es más, hablar de Eduardo Foster es hablar de uno de los miembros más discretos, pero también más creativos, de la familia que el prestigioso arquitecto Norman Foster formó con la psicóloga y editora española Elena Ochoa. Eduardo es el hijo menor del matrimonio —tiene una hermana mayor, Paola— y representa una mezcla perfecta entre la herencia británica de su padre y las raíces españolas de su madre.
Eduardo, el hijo de Norman Foster
A diferencia de su padre, que construye hacia arriba, Eduardo ha decidido construir hacia adentro, a través de las historias. Se ha formado en el mundo del Real State, aunque también le interesa el cine y la fotografía, demostrando que el ojo artístico de los Foster se puede aplicar también al séptimo arte. En todos estos años, Eduardo ha estudiado en distintas instituciones internacionales de prestigio, siguiendo la estela cosmopolita de su familia. Se le considera un joven con una sensibilidad estética muy alta, algo inevitable habiendo crecido rodeado de las estructuras de su padre y la colección de arte de su madre.
Eduardo tiene una conexión muy fuerte con España. Pasa largas temporadas en Madrid, donde su madre tiene la sede de su editorial Ivorypress, y también en la casa que la familia posee en Saint-Moritz (Suiza) o sus residencias en el Reino Unido. Esta educación internacional ha hecho que se desenvuelva, a la perfección, en inglés y español. Además, se mueve con total naturalidad en los círculos sociales y culturales de la capital, aunque siempre intentando pasar desapercibido. Si algo define a los hijos de Norman y Elena es su alergia a los focos. A diferencia de otros ‘hijos de’, Eduardo no frecuenta la prensa del corazón ni busca el protagonismo en redes sociales. Es más, las pocas imágenes que tenemos de él, además de lo que se puede ver en las redes sociales, son de un evento al que acudió junto a sus padres.
De esta manera, sus apariciones públicas suelen estar limitadas a eventos de la Fundación Norman Foster o a inauguraciones de arte vinculadas al trabajo de sus padres. Mantiene un perfil bajo, centrado en su formación y en sus proyectos personales en el ámbito inmobiliario. Quienes lo conocen destacan que ha heredado la elegancia minimalista de su padre y la pasión intelectual de su madre. Es habitual verle acompañando a su padre en viajes de trabajo, donde aprovecha para documentar gráficamente los proyectos de arquitectura, uniendo así los dos mundos familiares. Para entender su vida, sin duda alguna hay que conocer su realidad familiar. Norman es su padre y es considerado uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX y XXI —en todo este tiempo, se le ha otorgado un Pritzker y el premio Príncipe de Asturias—.
Su viaje a Lanzarote en el que se ha dejado fascinar por César Manrique
Elena Ochoa, su madre, es una mujer pionera que pasó de ser la sexóloga más famosa de España a una de las editoras de libros de arte más respetadas del mundo. En los últimos tiempos, Eduardo ha sido noticia después de quedarse fascinado con la vida y obra de César Manrique. Fue hace unas semanas cuando el joven se trasladó de vacaciones hasta Lanzarote, donde ha podido conocer de primera mano la mayor parte de la carrera de Manrique. Lo cierto es que, como decíamos, Eduardo no se decantó por el camino de la arquitectura —como sí lo hizo su hermana Paola, quien se graduó en Harvard hace cuatro años—.
Eduardo aprovechó su visita a la isla canaria para trasladarse hasta la Fundación César Manrique, que se ubica en la Casa del Volcán de Tahíche. También, ha recorrido la casa que perteneció a al escultor canario, visitando las diferentes estancias así como el jardín. Además, Eduardo ha querido conocer el Museo Lagomar, que es conocido por su arquitectura orgánica que está integrada en una antigua cantera volcánica, y que fue concebido por César Manrique y diseñado por Jesús Soto. Destaca, como recogen en la revista Vanity Fair, por sus cuevas, túneles y jardines exóticos.
Trabaja en el mundo del Real State
Además de los lugares culturales de interés, Eduardo tuvo tiempo para disfrutar de las playas de la isla y deleitarse con el Mirador del Risco de Famara, en el Parque El Bosquecillo. También, se dejó ver por la Playa del Janubio, conocida por su arena negra volcánica y que se ubica en el bello municipio de Yaiza. Tampoco quiso perderse las Playas del Papagayo, así como la gastronomía del Hotel Palacio Ico. Además, se alojó en uno de los rincones más especiales de Lanzarote; el Hotel César, un alojamiento de cinco estrellas que esta rodeado de ese paisaje volcánico que caracteriza la isla.
Sobre su vida, Eduardo estudió Bienes Raíces y Urbanismo en el University College London. En todo este tiempo, se ha desempeñado como jefe de visitas de obra para el Stern Real Estate Group y como director de la Real Estate Society del UCL. Hoy en día, trabaja en Generali Real Estate como gerente de proyectos, trabajando, por ejemplo, en el desarrollo de CityLife Milán; un edificio de 140 metros cuadrados con estructuras de techos colgantes, como mencionan en la revista.
