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Juan Carlos I repite en D'Berto, su marisquería favorita de Pontevedra: «Su bogavante frito es, sencillamente, el mejor»

El Emérito llegó, a primera hora de la mañana de este miércoles, a Sangenjo para disfrutar de las regatas

Juan Carlos I repite en D’Berto, su marisquería favorita de Pontevedra: «Su bogavante frito es, sencillamente, el mejor»

Juan Carlos I saliendo de D'Berto, a última hora de este miércoles. | Gtres

El rey Juan Carlos está en Galicia. El Emérito llegó este miércoles, a primera hora de la mañana, desde Vitoria, donde hizo una parada técnica para tratarse sus problemas de movilidad. El fin de semana lo pasó en París, donde recibió un especial y caluroso reconocimiento a raíz de la publicación de su libro, Reconciliación. Así, Juan Carlos I aprovechó su viaje desde Abu Dabi para recalar en la ciudad francesa, así como en la capital vasca para tratar su salud. Aunque eso sí, su destino final ha sido Sangenjo, la localidad gallega en la que se celebran las regatas que el Emérito no suele perderse. Allí pasa tiempo junto a sus amigos, especialmente Pedro Campos, el empresario con quien se queda durante sus días en Galicia y con quien salió, la pasada noche, a cenar a D’Berto, su marisquería favorita de Pontevedra.

Se trata de un restaurante de lo mejor valorado en El Grove. Es más, no solo es un local en el que se degusta una buenísima gastronomía sino que, también, es un lugar de culto donde el tamaño y la calidad de las piezas desafían la lógica. Fundado por Berto Domínguez y su hermana Marisol —quien lidera la cocina—, este establecimiento ha ganado la fama de ser la mejor marisquería de España.

D’Berto, la marisquería que enamora al rey Juan Carlos

La obsesión de Berto es encontrar lo excepcional. Mientras otros buscan el marisco estándar, él rastrea las lonjas gallegas en busca de piezas XL. Así, ofrecen bogavantes de más de cinco kilos o cigalas de gran tamaño. Los rodaballos salvajes parecen sacados de una leyenda marina. Para ellos, una pieza más grande no solo es más impresionante, sino que, si se sabe tratar, contiene una concentración de jugos y texturas que el marisco joven no posee. En D’Berto la técnica está al servicio del producto. No hay espumas ni disfraces; hay fuego, tiempo y manos expertas.

Su plato más icónico, sin lugar a dudas, es el bogavante frito. Se trocea vivo y se fríe con un aceite de oliva impecable y láminas de ajo. La fritura sella los jugos y la carne queda tersa y extremadamente sabrosa. Las cigalas a la plancha también son su punto fuerte; servidas abiertas a la mitad. Lo impresionante es el tamaño y la untuosidad de la cabeza, que es casi un plato en sí mismo. Como decíamos, también son famosos por su rodaballo, pasado revemente por la brasa o la plancha, resaltando el colágeno y la grasa natural del animal. Como no podía ser de otra manera, en D’Berto ofrecen una buenísima empanada de maíz con xoubas —lo que conocemos como sardinas—. Un bocado tradicional elevado a la excelencia, con una masa crujiente y un sofrito que sabe a la Galicia de antes.

Un espectacular bogavante frito y cigalas XL

El rey Juan Carlos I y Pedro Campos en Sangenjo. | Gtres

D’Berto no descuida el maridaje. Poseen una de las mejores bodegas de blancos de España. Tienen añadas antiguas de las Rías Bajas que demuestran que el vino blanco gallego envejece con una elegancia asombrosa. Poseen, también, una carta extensa de pequeños vignerons y grandes marcas, ya que las burbujas son el contrapunto ideal para la grasa del marisco frito o a la brasa. El local ha sido renovado para ofrecer un ambiente elegante y luminoso, pero mantiene el alma de la zona. Nada más entrar, te recibe una vitrina que parece un museo de biología marina. Es habitual pararse a hacer fotos a los ejemplares antes de sentarse. Sobre el servicio, es de la vieja escuela; rápido, conocedor del producto y capaz de limpiar un pescado a la brasa frente al cliente con una destreza quirúrgica.

Es el restaurante favorito de los grandes chefs de España. Ferran Adrià, los hermanos Roca o Dabiz Muñoz han pasado por sus mesas para disfrutar de lo que ellos llaman «la verdad del producto». Ambos han confesado que es «posiblemente, el lugar del mundo donde se puede encontrar el mejor producto marino». «Venir a D’Berto es una lección de humildad para cualquier cocinero. Aquí entiendes que, ante una materia prima de este nivel, la mejor intervención es la mínima», comentó Adrià. El propio Dabiz Muñoz admitió que es «el mejor bogavante que he comido en mi vida. La textura y el sabor son de otro planeta».

Ferrán Adrià y Dabiz Muñoz han caído rendidos ante este restaurante de El Grove

También es refugio de empresarios y personalidades que buscan comer lo mejor del mundo en un ambiente de absoluta discreción. Aunque eso sí, antes de degustar sus platos hay que saber que es un restaurante de ticket alto, por el que se pagan unos 120-150 euros por persona. Como decíamos, desde hace muchos años, se ha convertido en el lugar-fetiche del rey Juan Carlos. Aunque se aloja en Sangenjo —en casa de su amigo Pedro Campos—, el trayecto de 15 minutos hasta D’Berto es un ritual fijo. Suele ocupar una mesa discreta, pero no escondida, ya que disfruta del ambiente del local, aunque siempre rodeado de su círculo íntimo de amigos regatistas.

Se sabe que Juan Carlos es un gran gourmet y que prefiere los sabores tradicionales y potentes. En D’Berto ha encontrado su paraíso particular. Al igual que Dabiz Muñoz, el Rey siente debilidad por el bogavante frito, aunque también es un gran consumidor de las cigalas gigantes y de los pescados salvajes a la espalda. La relación con Berto Domínguez es de mutuo respeto y cordialidad. Berto lo trata con la deferencia debida a un monarca, pero con la cercanía de quien conoce los gustos de un cliente de toda la vida. Para el restaurante, recibir al Rey es el sello definitivo de calidad; si el hombre que ha comido en los mejores palacios del mundo elige D’Berto para su almuerzo privado, es que el producto es, efectivamente, imbatible.

D’Berto ofrece al Rey algo que valora mucho en esta etapa de su vida: normalidad dentro de la excepcionalidad. El personal del restaurante está acostumbrado a gestionar la seguridad que acompaña al monarca y a asegurar que pueda disfrutar de su comida sin interrupciones constantes, permitiéndole largas sobremesas con sus amigos de la náutica.

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