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Sabina, sobre su familia: «Mi padre era un policía y un hombre estupendo; nunca detuvo a nadie»

El cantante vivió muy unido, durante sus primeros años de vida, a Úbeda y a sus padres, especialmente a su progenitor

Sabina, sobre su familia: «Mi padre era un policía y un hombre estupendo; nunca detuvo a nadie»

Sabina, en una imagen de archivo. | Gtres

Joaquín Sabina no siempre estuvo unido a su familia. Su salida de Úbeda fue un punto de inflexión en su vida y lo hizo para huir de todo lo que estaba viviendo en ese momento y, también, para reinventarse. Su marcha fue, también, una salvación, ya que comenzó una nueva etapa en la universidad en Granada y, luego, huyó hasta Londres. En todo ese tiempo, Sabina quiso mantenerse junto a sus padres pero, también, supo que su camino estaba lejos de casa. «Mi padre era un hombre estupendo, un policía que escribía versos y que nunca detuvo a nadie, salvo a algún borracho para que no se cayera», contó en una ocasión.

Es más, él mismo ha admitido que uno de una «familia de clase media de provincias, donde lo más importante era que yo estudiara. Mi padre quería que fuera notario o algo así, y terminó siendo mi fan número uno». A pesar de que regresó a nuestro país hace mucho tiempo y emprendió una aventura sentimental junto a una mujer con quien tuvo dos hijas, no se confesó como un padre presente. «Mis hijas son las únicas mujeres que no me han abandonado nunca. Son mucho más sensatas que yo, más inteligentes y, por suerte, no se parecen nada a su padre», ha relatado.

Sabina y la buenísima conexión con su familia

Joaquín Sabina, en una imagen de archivo. | Gtres

Es más, él mismo admitió que había sido «un padre ausente». «Pero cuando estaba, estaba de verdad. Ahora las veo y me asombra su falta de vanidad; no van por ahí diciendo de quién son hijas», confesó. Quien le ha dado un giro a su vida de 180 grados ha sido su mujer, Jimena Coronado, la razón por la que sigue vivo y escribiendo. «Jimena me ha salvado la vida en todos los sentidos posibles. Es mi cómplice, mi mejor amiga y la persona que pone orden en el caos de esta casa», ha relatado. Antes de ella, su casa era «un ‘after hour’ permanente. Ella le dio sentido a la palabra hogar sin quitarle la libertad a mi poesía».

Sobre su familia, él mismo ha confesado que «es ese lugar al que uno vuelve cuando el ruido de los estadios se apaga y te das cuenta de que lo único que importa es quién te va a dar la mano cuando te duela algo». Así, su padre fue una figura fundamental en su vida, quien marcó un antes y un después en su edad temprana. Jerónimo Sabina fue un hombre fundamental en la vida de Joaquín. Era comisario de policía en Úbeda (Jaén), pero tenía un alma que nada tenía que ver con la represión de la época. Jerónimo no solo era policía; era un apasionado de las letras. Escribía poemas y obras de teatro para grupos de aficionados locales. Joaquín suele decir que la métrica y el amor por la palabra le vienen de ver a su padre escribir en casa.

«Fui un padre ausente; pero cuando estaba, estaba de verdad»

Jubilación Joaquín Sabina
Joaquín Sabina tuvo un padre que fue policía. | Gtres

Es famosa la historia de cuando Joaquín, en su etapa de rebeldía política en Granada, lanzó un cóctel molotov contra una sucursal del Banco de Bilbao. Su propio padre tuvo que participar en las investigaciones. Joaquín recuerda textualmente: «Mi padre era un hombre tan bueno que me avisó para que me fuera. Me dijo: ‘Vete, que mañana vienen a por ti’». A pesar de las ideologías opuestas —el padre servía al régimen y el hijo era un antifranquista exiliado—, siempre hubo un respeto profundo. Cuando Joaquín alcanzó el éxito, Jerónimo se convirtió en su mayor seguidor, asistiendo a sus conciertos con un orgullo infinito. Si Jerónimo era la letra, Adelfa era la música de la casa.

Era una mujer dedicada al hogar, pero con un sentido del humor y una alegría que Joaquín siempre ha destacado. Sabina la recordaba como el eje emocional de la familia, la que mediaba entre el padre y el hijo y la que mantenía la unión en los momentos difíciles, especialmente durante los años en los que Joaquín vivió en Londres como exiliado. Joaquín no es hijo único; creció en un ambiente familiar compartido. Su hermano mayor, Jerónimo, siguió una carrera más convencional pero siempre ha mantenido una relación estrecha con el cantante. Su hermana ha sido la más discreta del clan, viviendo alejada del foco mediático que rodea a la estrella.

La familia de Sabina aparece constantemente en sus canciones, a veces de forma directa y otras velada. De purismo y oro fue un homenaje a esa España de la posguerra que vivieron sus padres. Por su parte, Dieguitos y Mafaldas habla del paso de la Úbeda gris de su padre a la explosión de libertad que él buscó. «Vengo de una familia donde no sobraba el dinero pero nunca faltaron los libros. Mi padre me enseñó que se podía ser policía y ser una persona decente, y que se podía ser poeta y tener los pies en el suelo», ha contado Sabina.

Su familia actual

Hoy en día, su familia la forman sus hijas y su mujer, Jimena. Jimena es la mujer que, según el propio Sabina, le cambió el destino. Fotógrafa peruana, se conocieron en 1994 en Lima cuando ella fue a hacerle una sesión de fotos. Es su compañera, su gestora, su apoyo emocional y la persona que pone orden en el caos. Joaquín se casó con ella por lo civil en 2020, tras más de 20 años de convivencia, en una ceremonia secreta y discreta. Fruto de su relación con Isabel Oliart —hija del exministro Alberto Oliart—, sus dos hijas son el gran orgullo del cantante. Ambas han crecido alejadas de los focos, manteniendo una discreción absoluta sobre su apellido.

Jimena Coronado junto a Joaquín Sabina. | Gtres

Carmela es la mayor. Ha heredado la vena artística pero detrás de las cámaras. Se dedica a la producción de cine y televisión y ha trabajado en la productora de Fernando León de Aranoa —gran amigo de Sabina—. Ha colaborado en proyectos relacionados con su padre, pero siempre desde el lado técnico. Por su parte, Rocío es la hija menor. Es más bohemia y aventurera; le apasiona la escritura y el yoga. Al igual que su hermana, huye de la prensa del corazón y mantiene una vida muy normal en Madrid. En su casa de Madrid, la familia se completa con sus mascotas y una biblioteca de más de 20.000 ejemplares. Sus hijas y Jimena son quienes comparten con él ese silencio de lector que tanto valora ahora.

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