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Sabina: «Este pueblo de Cádiz es el único sitio donde no me siento extranjero; es mi puerto de llegada»

El cantante suele visitar esta localidad andaluza, de la que es hijo predilecto desde 2017, y donde se siente como en casa

Sabina: «Este pueblo de Cádiz es el único sitio donde no me siento extranjero; es mi puerto de llegada»

Sabina, en una imagen de archivo. | Gtres

Joaquín Sabina, a pesar de su retirada de los escenarios, está de moda. El cantante ha sabido cultivar una larga carrera profesional y no ha tenido problema en involucrarse en otros proyectos que le han acercado al mundo de la cultura. Es por eso que no ha tenido problema, en su carrera musical, en hacer ciertos guiños a diversas personalidades del mundo del cine como Pedro Aldomóvar, quien, hace unos días, confesó que no estaba del todo contento con que Sabina le hubiera mencionado en una de sus canciones. Además, confesó que casi no se conocían. Una opinión compartida, también, por Alaska quien ha confesado que está segura que a Sabina y a su generación la suya no caía bien.

A todas estas declaraciones, el cantante ha hecho caso omiso. Y es que, como ya hemos comentado, lleva ya unos meses disfrutando de su ansiada jubilación. Esta se divide entre Madrid pero, también, con visitas a la ciudad de Rota, un lugar que él considera como su verdadera refugio. «Rota es el único sitio del mundo donde no me siento un extranjero. En Madrid soy el Loco de la colina, en Buenos Aires un mito, pero en Rota soy el que va a comprar el pan y el que se toma una copa en El Alambique sin que nadie le pida un autógrafo», ha contado, poniendo en valor que le cautivó por su autenticidad.

El pueblo de Cádiz que enamora a Sabina

Joaquín Sabina veranea en una bonita localidad de Cádiz. | Gtres

Rota para él es «la risa de mis amigos». «Es ese balcón donde nos sentamos a arreglar el mundo y terminamos estropeando nuestra salud, pero salvando el alma. Sin Rota, mis canciones de los últimos veinte años serían mucho más tristes», contó. Y es que de esta pequeña localidad le ha conquistado hasta «el viento de levante». «Porque obliga a la gente a quedarse en casa bebiendo y hablando, que es lo que mejor sabemos hacer los de mi especie. La luz de Rota tiene una transparencia que te obliga a ser honesto contigo mismo», apostilló.

Y es que Madrid el ruido es «una agresión», mientras que en Rota, el ruido es «el de las olas o el de una charla en una taberna. Es el único lugar donde consigo que el reloj se pare un rato». Cuando fue nombrado Hijo Adoptivo de Rota, dejó claro que su amor por la villa no era de boquilla. «Acepto este honor no por méritos, sino por amor. He vivido en muchos sitios, pero he elegido Rota para envejecer. Es mi puerto de llegada», aclaró. Sabina no llegó a Rota buscando playa o sol, sino buscando a sus amigos.

Todo empezó por su estrecha amistad con el poeta granadino Luis García Montero y su mujer, la escritora Almudena Grandes. Ellos fueron los primeros en descubrir las bondades de Rota como refugio creativo. A mediados de los 90, este grupo de intelectuales buscaba un lugar donde huir del ruido de Madrid para escribir. Sabina se unió a ellos y descubrió que en Rota, gracias a la presencia histórica de la Base Naval, la gente estaba acostumbrada a ver a forasteros y nadie le atosigaba. La unión de Sabina con Rota se consolidó al formarse lo que los medios llamaron la aristocracia intelectual del verano roteño.

Rota, mucho más allá que su refugio

Joaquín, Luis García Montero, Benjamín Prado, Felipe Benítez Reyes —que es natural de allí— y, hasta su fallecimiento, Almudena Grandes. Su unión viene de las largas sobremesas. Han pasado décadas compartiendo cenas en el patio de la casa de Joaquín o en restaurantes locales como El Tragaluz o Badulaque, donde las servilletas de papel terminaban llenas de versos que luego se convertían en canciones. Sabina acabó comprando una casa en la urbanización Virgen del Mar, una zona tranquila y sin pretensiones. Su casa es famosa por su impresionante biblioteca. Joaquín ha confesado que en Rota lee más que en Madrid.

Joaquín Sabina junto a Jimena Coronado. | Gtres

Su unión con el pueblo es tan orgánica que se le puede ver —o se le veía más asiduamente antes de sus problemas de salud— comprando prensa en los quioscos locales o tomando una copa de manzanilla en las tabernas del centro histórico. En 2017, el Ayuntamiento le nombró Hijo Adoptivo de la Villa. En su discurso, visiblemente emocionado, dijo que Rota era su «patria de repuesto». Lo que une a Sabina con Rota es la discreción. Sabina ha llegado a decir que, de no ser por Rota, seguramente no habría sobrevivido a la vorágine de sus giras de los años 2000. Desde 1953, Rota alberga una de las bases navales más importantes de la OTAN. Esto ha marcado el ADN del pueblo.

«Rota es el único sitio del mundo donde no me siento un extranjero»

Fue el primer lugar de España donde se bebió Coca-Cola, se comieron hamburguesas de verdad o se escuchó rock and roll y jazz en las radios. A diferencia de otros pueblos blancos, Rota lleva décadas acostumbrada a ver gente de todo el mundo, lo que ha generado una población abierta, bilingüe en muchos casos y muy tolerante. Rota tiene algunas de las playas más cuidadas y extensas de la provincia, muchas de ellas con Bandera Azul constante. Perderse por Rota es un placer visual. El Castillo de Luna es una fortaleza del siglo XIII que hoy es la sede del Ayuntamiento. Sus patios son preciosos.

Joaquín Sabina, en una imagen de archivo. | Gtres

Al igual que en Córdoba, en Rota hay una gran tradición de patios llenos de flores que los vecinos cuidan con mimo. Rota se ha convertido en el refugio de verano de la élite cultural española. Escritores como Felipe Benítez Reyes —que es roteño—, Luis García Montero o la recordada Almudena Grandes han hecho de Rota un escenario literario. No es un turismo de postureo, sino de lectura, charlas en terrazas y paseos por el pinar.

Actualmente, el pueblo ha sabido modernizar su oferta turística sin perder su esencia. Se ha convertido en un referente de turismo sostenible en Cádiz, potenciando sus rutas por los pinares, sus carriles bici y una oferta gastronómica que va desde la taberna de toda la vida hasta restaurantes de vanguardia que fusionan la cocina local con influencias internacionales —herencia de la Base—.

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