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La infanta Cristina no dará más paseos por el lago Lemán: deja Ginebra y ya vive en la casa que ha reformado en Barcelona 

La hija mediana de los reyes eméritos ha dejado atrás su etapa en Suiza y, también, su trabajo en la Fundación Aga Khan

La infanta Cristina no dará más paseos por el lago Lemán: deja Ginebra y ya vive en la casa que ha reformado en Barcelona 

La infanta Cristina junto a su hermana y su padre. | EP

La infanta Cristina ya no vive en Ginebra. Después de hacer las maletas hace un par de meses y poner su vida dentro de unas cajas, la hija mediana de los Reyes ya se ha instalado en Barcelona. Lo ha hecho en la casa que se compró hace años y que ha reformado en los últimos tiempos. Es ahí donde, también, vive su hijo Pablo, con quien ha vuelto a compartir techo. Lo cierto es que la infanta llegó a Ginebra hace algo más de una década y lo hizo, además, en un momento especialmente delicado; su marido estaba a punto de entrar en prisión. Ahora, ya soltera, Cristina comienza una nueva etapa a varios miles de kilómetros de lo que ha sido su casa, pero más cerca que nunca de su familia.

Como decíamos, la vida de la infanta Cristina en Ginebra (Suiza), ciudad en la que se instaló en 2013 en pleno estallido del caso Nóos,estuvo marcada por la búsqueda de discreción, blindaje mediático y una rutina muy asentada en la alta burguesía suiza. A diferencia de España, donde su imagen pública estaba muy desgastada, en Ginebra la infanta mantuvo un perfil profesional de alto nivel y muy respetado. Su actividad se dividió principalmente en dos instituciones. Su empleo principal ha sido la Fundación Ana Khan, que se ubica en la Avenue de la Paix. Como coordinadora de programas de cooperación internacional, su labor consistía en gestionar proyectos de desarrollo en Asia y África.

La infanta Cristina ya ha cerrado su etapa en Ginebra

La infanta Cristina ya se ha instalado en Barcelona. | Gtres

Durante mucho tiempo, además, trabajó en la Fundación La Caixa, la entidad para la que trabajó durante tres décadas gestionando los vínculos con agencias de la ONU, aunque de forma progresiva pasó al teletrabajo, lo que le dio flexibilidad para viajar. Su estancia en Ginebra se dividió en dos viviendas de alquiler. Al principio, junto a Iñaki y sus hijos, Cristina se instalo en la zona de la Règion Vieille-Ville; un piso señorial en el centro histórico de la ciudad. Era habitual verla salir por un gran portón de madera, una imagen muy codiciada por los paparazzi españoles. En su segunda etapa se marchó hasta el Barrio de Champel.

Buscando mayor privacidad tras la marcha de sus hijos, se mudó a un departamento en una zona residencial de clase alta cerca del Hospital Universitario de Ginebra y del parque Bertrand. Un área rodeada de avenidas arboladas y villas del siglo XVIII, con alquileres que la prensa estima entre los 4.000 y más de 8.000 euros mensuales. Ginebra le ofreció algo que en España era imposible: ¡ anonimato. Su rutina diaria era la de cualquier ejecutiva de la ciudad. Era muy común verla desplazarse en el tranvía local, hacer la compra en los supermercados de la zona o pasear y hacer deporte por el parque de los Bastiones o el río Ródano.

Dice ‘adiós’ al lago Lemán

Sus cuatro hijos —Juan, Pablo, Miguel e Irene— se criaron allí y estudiaron en la prestigiosa École Internationale de Genève (Lancy), un centro elitista frecuentado por familias de diplomáticos. En su día a día, al igual que en cualquier otra persona que reside en Ginebra, el lago Lemán tiene un papel fundamental. Su importancia es tan profunda que define el estilo de vida, la movilidad e incluso la salud mental de los ginebrinos. Ginebra tiene fama de ser una ciudad un tanto fría, corporativa y extremadamente cara. El lago es el espacio que rompe con todo eso. Sus orillas (les quais) son públicas. Allí se mezclan banqueros privados, estudiantes, diplomáticos de la ONU y familias de inmigrantes.

El lago no separa la ciudad, la conecta. El transporte público incluye las Mouettes Genevoises, unos pequeños barcos de color amarillo y rojo que cruzan de una orilla a otra —la Rive Gauche y la Rive Droite—. Para un residente, integrar el barco en su abono mensual de transporte para ir a trabajar en lugar de encerrarse en el autobús o el coche transforma por completo la rutina diaria, reduciendo el estrés. El estilo de vida ginebrino está obsesionado con la naturaleza y el equilibrio entre trabajo y vida personal. El Leman es el gimnasio y el spa urbano de los locales. En verano, la ciudad se transforma en un balneario costero. La gente sale de las oficinas a las cinco de la tarde directamente a nadar en zonas como Plage des Eaux-Vives, a hacer paddle surf o a navegar.

La infanta Cristina junto a su hijo Pablo. | Gtres

A partir de ahora, la infanta tendrá que cambiar el Lemán por la Barceloneta. La nueva residencia de la infanta Cristina en Barcelona supone una vuelta total a sus raíces, pero con un enfoque mucho más práctico y adaptado a su vida actual de soltera. Tras culminar un largo proceso de compra y una reforma integral, la infanta ha establecido de forma oficial su hogar en la ciudad condal. La vivienda está situada en Pedralbes —en el distrito de Les Corts—, la zona residencial más exclusiva y cotizada de la alta sociedad barcelonesa. Curiosamente, la elección tiene una enorme carga nostálgica. No se trata de un palacete como el que poseía en su día en la calle Elisenda de Pinós, sino de un piso ubicado en el mismo edificio de la avenida de Pedralbes donde vivió con Iñaki Urdangarin al comienzo de su matrimonio, en los años noventa.

Comienza una nueva etapa en Barcelona

Es una vivienda señorial que cuenta con algo más de 300 metros cuadrados de superficie útil. La propiedad fue adquirida por un valor cercano a los 1,8 o 2 millones de euros. Para financiarla, la infanta firmó una hipoteca a 15 años. La reforma arquitectónica, que duró bastantes meses y estuvo supervisada directamente por ella y un equipo de decoradoras, transformó por completo el espacio para adaptarlo a su día a día actual. La joya de la corona y el corazón de la vivienda es un inmenso salón con cocina abierta integrada que mide unos 100 metros cuadrados. Está pensado para hacer vida en familia y cocinar cómodamente en un ambiente diáfano, lejos del esquema clásico de estancias cerradas.

La infanta junto al rey Juan Carlos. | Gtres

El piso está configurado en torno a tres suites principales —con baño integrado—. La distribución se diseñó así para dar privacidad a sus hijos cuando la visiten y, en especial, para su hijo Pablo Urdangarin, jugador de balonmano del Granollers, que reside con ella en la vivienda. El entorno es luminoso y busca la calma. Predominan los tonos claros y neutros, junto con la madera cruda. Además, la infanta ha traído parte del mobiliario —como cortinas y sofás— de su piso de Ginebra, combinándolo con elementos decorativos que rinden un sutil homenaje estético a su antiguo palacete.

La vivienda se sitúa en un edificio señorial construido a mediados de la década de 1960. Aunque en este complejo residencial es habitual ver piscinas, este bloque en particular no cuenta con zona de baño exterior, pero sí dispone de un amplio jardín comunitario muy cuidado al que el piso tiene vistas directas.

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