El refugio de Chenoa, a una hora de su casa de Majadahonda, que querrás visitar: 132 vecinos y una «casita que fue un gallinero»
La cantante y presentadora se compró una segunda residencia en un pequeño pueblo de Segovia, donde desconecta

Chenoa, en una imagen de archivo. | Gtres
Chenoa se instaló, hace muchos años, en Madrid. Lo hizo después de una larga etapa en Mallorca, a donde su madre llegó desde Argentina. En un primer momento, María Laura —su nombre original— se instaló en una casa más pequeña hasta que, finalmente, se acabó comprando una bonita vivienda en la localidad de Majadahonda, a las afueras de la ciudad. Hace unos años, además, la cantante y presentadora se hizo con una segunda residencia en la provincia de Segovia, concretamente en la localidad de Sotosalbos. Una localidad donde ha reformado una bonita casa que, sin duda, servirá como desahogo para su rutina en Madrid.
Sotosalbos es un bellísimo y pequeño municipio español de la provincia de Segovia (Castilla y León), situado a poco más de 20 kilómetros de la capital segoviana y a los pies de la imponente Sierra de Guadarrama. Y a una hora de su casa de Majadahonda. Con poco más de 130 habitantes, es uno de los destinos rurales más codiciados por quienes buscan desconectar de la gran ciudad debido a su impecable arquitectura de piedra, su historia y su gastronomía.
El refugio de Chenoa en un pueblo de Segovia

El mayor reclamo monumental de Sotosalbos es su iglesia parroquial, considerada una de las muestras del románico más bellas e importantes de toda la provincia de Segovia (siglo XII). La galería porticada es su elemento más famoso. Cuenta con una serie de arcos apoyados sobre columnas dobles cuyos capiteles están exquisitamente tallados. En ellos se pueden apreciar relieves detallados de figuras humanas, animales mitológicos —como centauros y grifos— y escenas bíblicas como la Epifanía. En su interior destaca una imponente pila bautismal también románica y la imagen de la Virgen de la Sierra.
Pasear por Sotosalbos es como hacer un viaje en el tiempo. Sus calles están cuidadas al detalle, manteniendo la arquitectura tradicional serrana basada en robustos muros de piedra, vigas de madera vista y tejas árabes. Durante el recorrido destacan la Plaza Mayor, el Potro de Herrar y la Fragua, así como Las fuentes de arriba y de abajo. La primera de ellas, se trata de un espacio rústico y acogedor que arropa a la iglesia de San Miguel. También, hay elementos restaurados que recuerdan el pasado agrícola y ganadero del pueblo, donde antiguamente se trabajaba el metal y se calzaba a las caballerías, así como manantiales tradicionales integrados con arcos de piedra que servían de punto de encuentro para los vecinos.
Qué no te puedes perder en Sotosalbos

Sotosalbos ocupa un lugar de honor en la literatura medieval española. Juan Ruiz, el arcipreste de Hita, inmortalizó este entorno en su célebre Libro de buen amor (siglo XIV). En el libro relata poéticamente su encuentro en el cercano Puerto de Malangosto con una «serrana» —una mujer ruda de la sierra— llamada la Chata de Malangosto. «Cerca de Sotos Albos, en el ribazo del espino, encontréme con la chata, que guardaba su camino…», escribió. En recuerdo a este pasaje, el pueblo cuenta con varias referencias a la obra y se celebra anualmente una popular marcha senderista al Puerto de Malangosto.
Al estar situado en La Vera de la Sierra, su entorno natural está repleto de rutas de senderismo y ciclismo que conectan con el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y parajes cercanos de gran biodiversidad como las Pozas del lino. Como buen pueblo segoviano, la oferta gastronómica es de primer nivel. En sus mesones tradicionales —como El Portón o la Taberna del Arcipreste— se rinde culto al horno de leña, sirviendo espectaculares asados de cordero lechal y cochinillo, acompañados de judiones de La Granja y setas de temporada recolectadas en los bosques colindantes.
«Me gusta mucho vivir en un pueblo porque me lo tomo todo con más calma»
Chenoa ha hablado de su casa en Sotosalbos con muchísimo humor, naturalidad y un toque de ironía, especialmente durante sus apariciones en programas de televisión como El hormiguero, donde confesó que su intención inicial era que la compra no se filtrase a la prensa: «Mi idea es que no se supiera, pero bueno, ya está». A la cantante le hace mucha gracia la historia de la edificación —la cual adquirió para tirar abajo y rehabilitarla por completo, adaptándola a su gusto con un diseño cómodo y moderno—. «Tengo una casita que fue un gallinero. Me lo contaron mis vecinas», ha relatado.
Lejos del glamur de la televisión, Chenoa ha bromeado sobre lo que espera añadir a la propiedad y la fauna con la que ya convive. «Por ahora no tengo gallinas, pero quiero, y también un huerto. Me hace ilusión. Quiero gallinas, quiero vacas y quiero un huerto (…) No tengo conejos, pero podríamos tener. Liebres sí tengo», confesó. Aunque eso sí, admitió que, por el momento, tenía «muchas moscas, pero irte al campo y pretender que no haya moscas u hormigas y tal… es imposible». Para ella, Sotosalbos representa el «botón de pausa» que necesitaba tras más de dos décadas viviendo bajo el foco mediático de las grandes ciudades.

«Me gusta mucho vivir en un pueblo porque me lo tomo todo con más calma. La línea del tiempo en el campo varía, no es lo mismo que en la ciudad. Eso lo tenemos claro todos, porque todos en algún momento tiramos al campo para relajarnos», relató cuando los medios de comunicación conocieron la noticia de su compra. Chenoa ha hecho muy buenas migas con sus nuevas vecinas —mencionando con cariño a Fuencisla, Angelines y Pilar— y, aunque mantiene su residencia habitual en Madrid por motivos de trabajo, Sotosalbos se ha convertido en su rincón favorito de desconexión.
Como decíamos, Sotosalbos servirá para que Chenoa pueda relajarse de su rutina en la capital. La vida de Chenoa en Madrid es el perfecto reflejo de su personalidad; es decir, una combinación entre una agenda profesional frenética bajo los focos de la televisión y una vida cotidiana sumamente discreta, ordenada y hogareña a las afueras de la capital. Aunque lleva más de 20 años afincada en Madrid, su día a día actual está muy definido por su rutina y su refugio personal. Chenoa no vive en el bullicioso centro de Madrid, sino en Majadahonda, una de las zonas residenciales más exclusivas y tranquilas del noroeste de la capital. Adquirió este piso en 2018 y se ha convertido en su cuartel general.
Es una vivienda muy luminosa de unos 135 m2 que ella misma ha decorado combinando el estilo nórdico con toques rústicos e industriales. Son muy famosas en sus redes las columnas y paredes de ladrillo visto, su gran sofá Chester de color rojo y una cocina abierta con isla donde le encanta prepararse el café por las mañanas. Madrid es el centro de operaciones desde donde gestiona su polifacética carrera. Su vida en la ciudad está marcada por jornadas intensas de madrugones y grabaciones. Madrid es también la base de su faceta como empresaria. A través de su sociedad, Chenoa ha sabido invertir los frutos de su carrera en el sector inmobiliario de la capital. Además de su piso residencial, posee otras propiedades y plazas de garaje en Madrid que gestiona en régimen de alquiler, lo que demuestra su visión práctica y asentada en la ciudad.
