Sara Carbonero, sobre el pueblo de su ex familia política en la Sierra de Gredos: «Los veranos allí nos llenaban de vida; a mis hijos les gusta»
La presentadora y empresaria pasó largas temporadas y veranos en esta pequeña localidad a unas dos horas de Madrid

Sara Carbonero, en una imagen de archivo. | EP
Durante mucho tiempo, Sara Carbonero pasó gran parte de sus veranos en Navalacruz, el pueblo de Iker Casillas en la provincia de Ávila. En esta pequeña localidad, que cuenta con apenas una centena de habitantes, la periodista y empresaria construyó sus propias vivencias junto a la que era su pareja y sus dos hijos, Martín y Lucas. «A mis hijos les gusta mucho. Lejos de renegar de ello, lo reivindico», confesó, en su momento, en una entrevista con El País. Además, también, fueron varias las ocasiones en las que la propia Sara dejó testimonio de cómo era su temporada estival en esta localidad. «Veranos que llenan de vida», escribió en un post en sus redes sociales.
Ella misma contó, además, que el padre de sus hijos era «de otro pueblo, de 100 habitantes, una aldea, directamente». Navalacruz es un pequeño y pintoresco municipio de la provincia de Ávila, en Castilla y León, que cuenta con poco más de 200 habitantes. Está situado en plena Sierra de Gredos, a unos 1.200 metros de altitud, lo que le otorga un paisaje montañoso, un clima fresco en verano y un invierno puramente castellano. A pesar de su tamaño, el pueblo es muy conocido en toda España por ser el refugio y el lugar de origen de la familia del exfutbolista Iker Casillas, quien pasa allí gran parte de sus vacaciones y ha ejercido siempre como el mejor embajador del municipio.
El pueblo de Iker Casillas donde Sara Carbonero pasaba sus veranos

Pasear por Navalacruz es hacer un viaje al pasado rural de la provincia de Ávila. El pueblo conserva de forma excelente su arquitectura típica de montaña. Las viviendas están construidas con gruesos muros de piedra oscura y tejados de teja árabe para soportar las nevadas del invierno. Además, mantiene ese trazado laberíntico de los pueblos ganaderos tradicionales, con fachadas salpicadas de flores en primavera y verano. Ubicado en la vertiente norte de la Sierra de Gredos, el término municipal está rodeado de gargantas naturales, prados donde pasta el ganado y formaciones rocosas de granito.
Es un destino muy codiciado por los amantes del senderismo y las rutas de montaña. Durante los meses de verano, los vecinos y visitantes suelen refrescarse en las pozas naturales que se forman en las inmediaciones del río Alberche, que pasa cerca de la localidad. El pueblo multiplica su población durante los meses estivales y, de forma muy especial, a principios de septiembre, cuando se celebran las fiestas patronales en honor a la Virgen de las Lagunas. Son celebraciones típicamente castellanas con orquestas en la plaza, competiciones deportivas y calderetas populares donde todo el pueblo se reúne. Para los amantes de la crónica social y el deporte, Navalacruz es sinónimo de Iker Casillas. El portero se crió en Móstoles, pero sus padres son originarios de este pueblo y él ha pasado allí todos los veranos de su infancia.
«A mis hijos les gusta mucho. Lejos de renegar de ello, lo reivindico»
Incluso en la cima de su carrera, Casillas nunca dejó de ir: construyó una casa allí y es completamente habitual verle jugar a las cartas en el bar de la plaza, organizar torneos de fútbol para los niños del pueblo o participar en las cañas con sus amigos de toda la vida. Gracias a él, el pueblo ha recibido la visita de numerosas celebridades del fútbol y la televisión que buscaban, precisamente, el anonimato y la paz que ofrece la sierra abulense. La vida de Sara Carbonero en Navalacruz se caracterizaba por buscar de forma consciente la sencillez, el anonimato y la reconexión con el entorno rural, alejada por completo del ritmo frenético y glamuroso de la televisión o la vida en Madrid y Oporto.
El principal objetivo de Sara en el pueblo era parar el tiempo. Era muy habitual verla dando largos paseos por los caminos de tierra que rodean el municipio, disfrutando del paisaje granítico de la Sierra de Gredos. Pasaba las tardes sentada en los muros de piedra o en las calles del pueblo leyendo, tomando fotografías de los detalles rurales y disfrutando del silencio. Para la periodista, ver crecer a sus hijos en el pueblo de su padre era uno de los aspectos más gratificantes del verano. Le entusiasmaba que experimentaran una infancia idéntica a la que tuvieron ellos: correr descalzos, jugar en la calle con total libertad y con los hijos de sus amigos de siempre, o bañarse en las famosas pozas y piscinas naturales de agua fría que se forman en las inmediaciones de Navalacruz.
A pesar de su enorme repercusión mediática, en Navalacruz se la trataba simplemente como a un miembro más de la gran familia del pueblo. Acompañaba a Iker a animar en las competiciones locales —como la popular carrera Cantobolero—, acudía a las comidas familiares al aire libre y disfrutaba del ambiente cercano de las verbenas o las cañas con los amigos de la infancia del futbolista. La última vez que Sara visitó Navalacruz antes de su divorcio fue en septiembre de 2020. Aunque tras la separación de mutuo acuerdo en 2021 dejó de acudir al pueblo a nivel personal, ha seguido apoyando de manera incondicional las raíces de sus hijos. Recientemente ha destacado lo mucho que adoran Martín y Lucas regresar a «esa aldea de apenas 100 habitantes» y lo importante que es para ella seguir transmitiéndoles esa educación conectada con la tranquilidad, la hospitalidad y la sencillez rural que ella tanto valora.
La casa de Iker Casillas en Navalacruz es el resultado de un proyecto muy personal que el exfutbolista puso en marcha en 2023 para sustituir la antigua vivienda familiar y construir un auténtico búnker de desconexión. La vivienda se levantó utilizando un sistema de construcción modular/prefabricada de alta gama. Esto permitió que se construyera en un tiempo récord y bajo estrictos criterios de eficiencia energética, un detalle muy importante dado el duro clima invernal de la sierra abulense. A pesar de ser una edificación de diseño contemporáneo, la casa respeta escrupulosamente la normativa estética y la tradición de Navalacruz. La casa no está en el centro del laberinto de callejuelas del pueblo, sino situada a las afueras, en una parcela amplia rodeada de naturaleza. Esto le otorga a Iker y a sus hijos una total privacidad frente a curiosos o fotógrafos, permitiéndoles disfrutar del jardín y el aire libre sin estar expuestos.
Por dentro, la distribución está pensada para la vida familiar y las reuniones con sus amigos de la infancia. Cuenta con estancias diáfanas, un salón amplio con chimenea que se convierte en el corazón de la casa durante el invierno, y habitaciones diseñadas específicamente para sus hijos, Martín y Lucas, quienes pasan allí largas temporadas de vacaciones en verano y Semana Santa.
