Carrera contrarreloj para encontrar gente viva bajo los escombros de Venezuela
Las primeras brigadas de rescatistas han comenzado a llegar a cuentagotas en la madrugada de este viernes

Vecinos ayudan a sacar a una persona de entre los escombros. | Gaby Oraa (Reuters)
Rostros felices, momentos de alegría en familia, poses en lugares bonitos, cándidas sonrisas de niños, rodeados de madres y padres orgullosos. Las imágenes se repiten este sábado como una letanía en las pantallas de canales de televisión y aparecen en los carruseles de las redes sociales. Son algunos de los cientos de desaparecidos tras los dos potentes terremotos que les cambiaron la vida a millones de personas en Venezuela.
Cuando ya habían pasado casi 48 horas desde los dos terremotos consecutivos que sacudieron las principales ciudades del norte del país en la tarde del día de San Juan, todavía familiares y amigos no se resignaban a perder a los suyos. Todos luchaban contra las evidencias y contra la negación.
Tras la lenta respuesta de organismos de seguridad del Gobierno de Delcy Rodríguez y de las primeras horas de desespero en las que los propios vecinos y familiares escarbaban entre bloques de concreto, la llegada de ayuda internacional este viernes ha traído un rayito de esperanza.
Las primeras brigadas de rescatistas, algunas con perros entrenados para detectar señales de vida bajo los escombros, junto con equipos, maquinaria pesada, suministros de agua y alimentos, han comenzado a llegar a cuentagotas en la madrugada de este viernes.
España, El Salvador, Perú, Panamá, México, Estados Unidos y República Dominicana fueron los primeros países en desplegar sus equipos de rescatistas sobre el terreno. Otras naciones han prometido o enviado alimentos, agua, medicinas y equipos para enfrentar esta emergencia que ha conmovido a los amigos del país más allá de las diferencias con el Gobierno interino de Rodríguez.
Los aviones aterrizaron en una base aérea de Maracay, ciudad a unos 120 kilómetros de Caracas, y desde allí se dirigieron al estado La Guaira (antes llamado Vargas), que es la zona cero de esta tragedia que, según la ONU, afecta de algún modo a 6,7 millones de personas.
Entre los españoles afectados, según el Ministerio de Exteriores, se han confirmado cinco fallecidos y 119 desaparecidos, 14 de ellos bajo los escombros.
El aeropuerto de Maiquetía, que sirve a Caracas, permanece cerrado porque sus pistas tienen el asfalto levantado o rajado. Los dos terremotos, de 7,2 y 7,5, que hirieron a Venezuela con una diferencia de 39 segundos, se ensañaron con el estado costero de La Guaira, una estrecha franja apretada entre la cordillera y el mar Caribe donde el sol es abrasador y la temperatura durante todo el año está por encima de los 30 grados.
Allí, entre los escombros de 320 estructuras colapsadas, los familiares todavía creen que los suyos pueden escapar de la muerte.
«Fallecieron porque nunca los buscaron, porque mientras se está recibiendo una ayuda humanitaria, se tardan mucho más con el protocolo de la foto, de la difusión, de la hipocresía política, cuando realmente siguen estando bajo los escombros la cantidad de personas que todavía siguen sin aparecer», denuncia entre llantos en un vídeo el periodista José Pineda.
Se refiere a la muerte del joven futbolista Yimbert Berroterán, de la selección nacional sub-17, y su novia. Según versiones de periodistas, fueron hallados con vida, pero los rescatistas nunca llegaron.
«¿Hasta cuándo vamos a seguir metiendo la política en todo? ¡Ya basta!», se queja Pineda al denunciar cómo, por ejemplo, el Gobierno prohíbe que partidos y grupos de oposición recojan y lleven suministros a los miles de damnificados que claman por ayuda.
Agentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) pretenden que todo el apoyo sea concentrado en la estatal Protección Civil, pero los donantes temen que la ayuda nunca llegue, perdida entre la corrupción y la ineficiencia del chavismo, algo ya probado en otras tragedias.
Delcy recibe ahora nuevas críticas porque acaba de designar al general chavista Juan Sulbarán Quintero como máxima autoridad para el manejo de la tragedia, las operaciones de rescate y la distribución de ayuda. Además, ordenó militarizar todo el Estado, con un despliegue de soldados, guardias nacionales y policías.
Sulbarán es el mismo general de la Guardia Nacional que tuvo a cargo en 2022 el manejo de la tragedia, mucho más pequeña, de Las Tejerías, en el estado Aragua, donde unos deslaves dejaron 54 muertos. Allí cerró las carreteras y avenidas con alcabalas militares, prohibió el acceso de periodistas, confiscó la ayuda que llegaba y prohibió el trabajo de voluntarios.
Hasta la tarde de este viernes ya habían contabilizado 920 muertos y 3.360 heridos, sacados de los escombros. Algunos fueron rescatados con vida y llevados a hospitales o clínicas, donde no aguantaron. Uno de ellos era el joven William Vera, quien estaba durante el terremoto en el desplomado edificio Tanamar, en Tanaguarenas, en el oeste del estado La Guaira.
En uno de los carteles que circulaban en redes sociales buscándolos, William aparecía junto con Eleysa Cartaya y Darianna Pérez, su novia y la madre de ella. Las dos mujeres murieron en el lugar.
«Él fue el que sobrevivió. Lo hallaron ayer por la tarde [jueves], lo llevaron al hospital y no sobrevivió. Quedé impresionada, él tenía mi edad y mucho por delante», dice Sofía, de 23 años, que estudió con William en primaria.
El carrusel de carteles pidiendo información sobre los desaparecidos aumenta con las horas, al tiempo que ya la tragedia se acerca a la ventana crítica de las 72 horas desde que ocurrió. Según rescatistas, ese es el plazo promedio dentro del cual todavía hay esperanzas de encontrar supervivientes en espacios colapsados. «La Guaira está destruida», resume Carlos Rodríguez, un corresponsal de televisión de regreso del lugar.
Hasta ahora hay 172 personas atrapadas bajo los escombros, según el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, quien comparte el poder con su hermana Delcy. También ordenó que las personas no bajen a La Guaira, con el argumento de que se entorpecen las operaciones de rescate.
También informó de solo 3.007 personas damnificadas. El jueves había dicho que al menos 250 edificios residenciales colapsaron. Hasta ahora, las maquinarias pesadas no habían llegado para comenzar a levantar las enormes placas de concreto de edificios pulverizados como galletas de soda. La Guaira tenía una población de 300.000 habitantes.
