Los medios intensifican sus demandas para que la IA pague por los contenidos periodísticos
La industria cree que la inteligencia artificial usa su propiedad intelectual sin autorización ni remuneración adecuada

Oficinas de Google en Londres. | Stephen Chung / Zuma Press / Europa Press
Las grandes compañías de medios de comunicación están intensificando sus demandas para que las empresas de inteligencia artificial (IA) y los grandes buscadores paguen por el uso de sus contenidos periodísticos, tanto para el entrenamiento de modelos de IA como para la generación de resúmenes en los motores de búsqueda.
La industria periodística considera que la IA generativa utiliza su propiedad intelectual sin autorización ni remuneración adecuada, lo que impacta negativamente en sus ingresos publicitarios y tráfico web. En España, esto ha llevado al cierre de medios digitales que apostaron su fuente de ingresos a ese tráfico web, que se ha desplomado con la instauración de los buscadores impulsados por la inteligencia artificial.
El Interactive Advertising Bureau (IAB), la principal asociación del sector publicitario digital en Estados Unidos, presentó hace unas semanas un borrador para la denominada Ley de responsabilidad de los editores en materia de IA con el fin de impedir esta práctica. La ley pretende poner fin a lo que consideran un enriquecimiento injusto de los desarrolladores de IA al establecer una responsabilidad legal por el uso de contenidos sin autorización. En esta misma vía, otros proyectos de ley con la misma finalidad llevan meses avanzando en el Congreso estadounidense.
En Europa, de forma paralela, el Consejo Europeo de Editores de Medios formalizó una demanda ante la Comisión Europea denunciando que las nuevas funcionalidades de inteligencia artificial de Google alteran las condiciones de competencia en el mercado digital de los medios de comunicación, poniendo en riesgo el ejercicio del periodismo profesional. El mecanismo del buscador, como ya explicamos en THE OBJECTIVE, hace que el usuario acceda a información periodística publicada en medios de comunicación sin necesidad de visitar la fuente.
Una inquietud que comparten los medios en España. A finales de esta semana, bajo el lema La inteligencia del idioma. IA, innovación y medios en la era del español digital, se ha celebrado en Logroño la vigésima edición del Congreso de Editores Clabe con la intención de analizar el impacto que la inteligencia artificial está teniendo en la cadena de valor de prensa, revista y publicaciones periódicas, así como el estudio de las acciones a tomar para frenar esta deriva.
Varios expertos en derecho digital consultados por este periódico consideran que el camino tomado por las presentes iniciativas, especialmente la europea, tiene visos de prosperar. «Puede resultar asequible demostrar que existe un enriquecimiento injusto», señalan, afirmando que «es evidente que una empresa —Google en este caso— está obteniendo un beneficio como consecuencia del trabajo de otra —los medios de comunicación digitales— sin abonar una contraprestación a cambio».
En cuanto a las redacciones periodísticas, durante el Congreso de Editores Clabe se ha comparado la irrupción de la IA con la que tuvo internet a finales del siglo pasado y se ha insistido en la necesidad de adaptación para sobrevivir al cambio. Desde la asociación consideran que hay que darle «una oportunidad» a la IA sin minusvalorar el trabajo del periodista. «Nunca la inteligencia artificial va a superar la inteligencia humana. Tenemos una creatividad y un talento incopiables», asegura la asociación de editores.
ChatGPT, en el punto de mira
Más allá de las acciones lanzadas por los editores y empresas de medios de comunicación, existen en paralelo otras iniciativas para supervisar el poder que la IA está adquiriendo sobre la información que se consume. En este sentido, la Comisión Europea ha intensificado su escrutinio a uno de los iconos de la IA, ChatGPT. El Ejecutivo comunitario investiga si el popular modelo de inteligencia artificial generativa desarrollado por OpenAI debería ser clasificado como un motor de búsqueda en línea de gran tamaño (VLOSE, «very large online search engine», lit.: «motor de búsqueda online muy grande»). Según define la propia Comisión Europea, encajan en este concepto las plataformas de búsqueda con más de 45 millones de usuarios activos al mes en la UE, como Google y Bing.
Según los datos ofrecidos por la propia OpenAI, ChatGPT Search registró una media de 120,4 millones de destinatarios activos mensuales en tan solo un trimestre de 2025, casi triplicando el umbral de la Unión Europea para acotar este tipo de motores. De calificar ChatGPT como un gran motor de búsqueda, la herramienta pasaría a estar fiscalizada por la Ley de Servicios Digitales de la UE (DSA, por sus siglas en inglés), con acciones que van desde la apertura de algoritmos al regulador hasta estándares de transparencia y gestión de riesgos en materias como desinformación, protección de menores y procesos electorales.
